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viernes, 11 de mayo de 2007

OSCAR WILDE // EL FANTASMA DE CANTERVILLE

Oscar Wilde
EL FANTASMA DE CANTERVILLE



CAPÍTULO I


Cuando míster Hiram B. Otis, ministro de los Estados Unidos de América, compró Canterville Chase, todo
el mundo le dijo que cometía una gran locura, porque la finca estaba embrujada.
Hasta el mismo lord Canterville, como hombre de la más escrupulosa honradez, se creyó en el deber de
participárselo a míster Otis, cuando llegaron a discutir las condiciones.
-Nosotros mismos -dijo lord Canterville- nos hemos resistido en absoluto a vivir en ese sitio desde la
época en que mi tía abuela, la duquesa de Bolton, tuvo un ataque de nervios, del que nunca se repuso por
completo, motivado por el espanto que experimentó al sentir que las manos de un esqueleto se posaban
sobre sus hombros, estando vistiéndose para cenar. Me creo en el deber de decirle, míster Otis, que el fantasma
ha sido visto por varios miembros de mi familia, que viven actualmente; así como por el rector de la
parroquia, el reverendo Augusto Dampier, agregado del King's College de Oxford. Después del trágico
accidente ocurrido a la duquesa, ninguna de las doncellas quiso quedarse en casa, y lady Canterville no
pudo ya conciliar el sueño a causa de los ruidos misteriosos que llegaban del corredor y de la biblioteca.
-Milord -respondió el ministro-, también me quedaré con los muebles y el fantasma bajo inventario. Llego
de un país moderno, en el que podemos tener todo cuanto el dinero es capaz de proporcionar, y esos
mozos nuestros, jóvenes y turbulentos, que recorren el Viejo Continente escandalizándolo, que se llevan los
mejores actores de ustedes, y sus mejores prima donnas, estoy seguro de que si queda todavía un verdadero
fantasma en Europa, vendrán a buscarlo en seguida para colocarle en uno de nuestros museos públicos o
para pasearle por los caminos como un fenómeno.
-El fantasma existe; me lo temo -dijo lord Canterville, sonriendo-, aunque quizá se resista a las ofertas de
sus intrépidos empresarios. Hace más de tres siglos que se le conoce. Data, con precisión, de 1574, y nunca
deja de mostrarse cuando está a punto de ocurrir alguna defunción en la familia.
-¡Bah! Los médicos de cabecera hacen lo mismo, lord Canterville. Amigo mío, un fantasma no puede
existir y no creo que las leyes de la Naturaleza admitan excepciones en favor de la aristocracia inglesa.
-Realmente -dijo lord Canterville, que no acababa de comprender la última observación de míster Otis-,
ustedes son muy sencillos en América. Ahora bien, si le gusta a usted tener un fantasma en casa, mejor que
mejor. Acuérdese únicamente que yo le previne.
Algunas semanas después se cerró el trato, y a fines de la estación el ministro y su familia emprendieron
el viaje hacia Canterville Chase.
La señora Otis, que con el nombre de miss Lucrecía R. Táppan, de la calle West 53, había sido una célebre
beldad de Nueva York, era todavía una mujer muy bella, de edad regular, con unos ojos hermosos y un
perfil magnífico.
Muchas damas americanas, cuando abandonan su país natal, adoptan aires de persona atacada de una enfermedad
crónica y se figuran que eso es uno de los sellos de distinción europea; pero la señora Otis no
cayó nunca en ese error.
Tenía una naturaleza espléndida y una abundancia extraordinaria de vitalidad.
A decir verdad, era completamente inglesa en muchos aspectos y era un ejemplo excelente para sostener
la tesis de que lo tenemos todo en común con América hoy día excepto la lengua, como es de suponer. Su
hijo mayor, bautizado con el nombre de Washington por sus padres, en un momento de patriotismo que él
no cesaba de lamentar, era un muchacho rubio, de bastante buena figura, que había logrado que se le considerase
candidato a la diplomacia, dirigiendo al grupo alemán en los festivales del casino de Newport durante
tres temporadas seguidas, y aun en Londres pasaba por ser un bailarín excepcional.
Sus únicas debilidades eran las gardenias y la nobleza; aparte de eso, era perfectamente sensato.
Miss Virgina E. Otis era una muchachita de quince años, esbelta y graciosa como un cervatillo, con mirada
francamente encantadora en sus grandes ojos azules. Amazona maravillosa, sobre su poney derrotó
una vez en carreras al viejo lord Bilton, dando dos veces la vuelta al parque, ganándole por caballo y me
dio, precisamente frente a la estatua de Aquiles, lo cual provocó un entusiasmo tan grande en el joven duque
de Cheshire, que le propuso matrimonjo allí mismo, y sus tutores tuvieron que mandarle aquella misma
noche a Eton, bañado en lágrimas. Después de Virginia venían dos gemelos, a quienes llamaban Estrellas y
Rayas porque se les encontraba siempre juntos. Eran unos niños encantadores y, con el ministro, los únicos
verdaderos republicanos de la familia.
Como Canterville Chase está a siete millas de Ascot, la estación más próxima, míster Otis telegrafió que
fueran a buscarle en coche descubierto, y emprendieron la marcha en medio de la mayor alegría. Era una
noche encantadora de julio, y el aire estaba impregnado por el aroma de los pinos. De vez en cuando se oía
una paloma arrullándose dulcemente, o se vislumbraba entre los helechos, la pechuga de oro bruñido de
algún faisán. Ligeras ardillas les espiaban desde lo alto de las hayas a su paso; unos conejos corrían como
exhalaciones a través de los matorrales o sobre los collados cubiertos de musgo, levantando su rabo blanco.
Sin embargo, no bien. entraron en la avenida de Canterville Chase, el cielo se cubrió repentinamente de
nubes. Un extraño silencio pareció invadir toda la atmósfera, una gran bandada de cornejas cruzó calladamente
por encima de sus cabezas, y antes de que llegasen a la casa ya habían caído algunas gotas de lluvia.
En los escalones se hallaba para recibirles una anciana, pulcramente vestida de seda negra, con cofia y
delantal blancos. Era la señora Umney, el ama de gobierno que la señora Otis, por vehementes requerimientos
de lady Canterville, accedió a conservar en su puesto.
Hizo una profunda reverencia a cada uno de la familia cuando echaron pie a tierra y dijo, con la singular
cortesía de los buenos tiempos antiguos:
-Les doy la bienvenida a Canterville Chase.
La siguieron, atravesando un hermoso hall, de estilo Tudor, hasta la biblioteca, largo salón espacioso con
las paredes cubiertas por madera de roble oscuro que terminaba en un ancho ventanal de cristales. Estaba
preparado el té.
Luego, una vez que se quitaron los abrigos, ya sentados se pusieron a curiosear en torno suyo, mientras la
señora Umney iba de un lado para otro.
De pronto, la mirada de la señora Otis cayó sobre una mancha de un rojo oscuro que había sobre el pavimento,
precisamente al lado de la chimenea, y, sin darse cuenta de sus palabras, dijo a la señora Umney:
-Creo que han vertido,algo en ese sitio.
-Sí, señora -contestó la señora Umney en voz baja-. En ese lugar se ha vertido sangre.
-¡Qué horror! -exclamó la señora Otis-. No quiero manchas de sangre en un salón. Es preciso quitar eso
inmediatamente.
La vieja sonrió y con voz misteriosa repuso:
-Es sangre de lady Leonor de Canterville, que fue muerta en ese mismo sitio por su propio marido, sin
Simón de Canterville, en 1565. Sir Simón la sobrevivió nueve años, desapareciendo de repente en circunstancias
misteriosísimas. Su cuerpo no se encontró nunca, pero su alma culpable sigue embrujando la
casa. La mancha de sangre ha sido muy admirada por los turistas y otras personas y no puede quitarse.
-Todo eso son tonterías --exclamó Washington Otis-. El producto quitamanchas, el limpiador incomparable
Campeón, marca Pinkerton, y el detergente Paragon harán desaparecer eso en un instante.
Y sin dar tiempo a que el ama de gobierno, aterrada, pudiese intervenir, ya se había arrodillado y frotaba
rápidamente el entarimado con una barrita de una sustancia parecida al cosmético negro. A los pocos instantes
la mancha había desaparecido sin dejar rastro.
-Ya sabía yo que el Pinkerton la borraría -exclamó en tono triunfal, paseando la mirada sobre su familia
llena de admiración.
Pero apenas había pronunciado aquellas palabras cuando un relámpago iluminó la estancia sombría y el
retumbar del trueno levantó a todos, menos a la señora Umney, que se desmayó.
-¡Qué clima más atroz! -dijo tranquilamente el ministro, encendiendo un largo veguero-. Creo que el país
de los abuelos está tan lleno de gente, que no hay buen tiempo bastante para todos. Siempre opiné que lo
mejor que pueden hacer los ingleses es emigrar.
-Querido Hiram -replicó la señora Otis-, ¿qué podemos hacer con una mujer que se desmaya?
-Descontaremos eso de su salario. Así no se volverá a desmayar. En efecto, la señora Umney no tardó en
volver en sí. Sin embargo, veíase que estaba conmovida hondamente, y con voz solemne advirtió a la señora
Otis que algún contratiempo iba a ocurrir en la casa.
-Señores, he visto con mis propios ojos unas cosas... que pondríanoos pelos de punta a un cristiano. Y durante
noches y noches no he podido pegar los ojos a causa de las cosas terribles que pasaban aquí.
A pesar de lo cual, míster Otis y su esposa aseguraron a la buena mujer que no tenían miedo ninguno de
los fantasmas.
La vieja ama de llaves, después de haber impetrado la bendición de la Providencia sobre sus nuevos
amos y de discutir la posibilidad de un aumento de salario, se retiró a su habitación renqueando.


CAPITULO II


La tempestad se desencadenó durante toda la noche, pero no produjo nada extraordinario.
Al día siguiente, por la mañana, cuando bajaron a almorzar, encontraron de nuevo la terrible mancha sobre
el entarimado.
-No creo -dijo Washington-, que tenga la culpa el limpiador Paragon; lo he ensayado sobre toda clase de
manchas. Debe ser cosa del fantasma.
En consecuencia, borró la mancha, después de frotar un poco, pero al otro día, por la mañana, había reaparecido.
A la tercera mañana volvió a estar allí, y, sin embargo, la biblioteca permaneció cerrada la noche
anterior, llevándose arriba la llave la señora Otis.
Desde entonces la familia empezó a interesarse por aquello. Míster Otis se hallaba a punto de creer que
había estado demasiado dogmático negando la existencia de los fantasmas.
La señora Otis expresó su intención de afiliarse a la Sociedad Psíquica, y Washington preparó una larga
carta a Myers y Podmore basado en la persistencia de las manchas de sangre cuando provienen de un crimen.
Aquella noche disipó todas las dudas sobre la existencia objetiva de los fantasmas.
La familia había aprovechado la frescura de la tarde para dar un paseo en coche. Regresaron a las nueve,
tomando una ligera cena. La conversación no recayó ni un momento sobre los fantasmas, de manera que
faltaban hasta las condiciones más elementales de espera y de receptibilidad que preceden tan a menudo a
los fenómenos psíquicos.
Los asuntos que discutieron, por lo que luego he sabido por la señora Otis, fueron simplemente los habituales
en la conversación de los americanos cultos que pertenecen a las clases elevadas, como, por ejemplo,
la inmensa superioridad de miss Fanny Davenport sobre Sarah Bernhardt, como actriz; la dificultad para
encontrar maíz verde, galletas de trigo sarraceno y el hominy aun en las mejores casas, inglesas, la importancia
de Boston en el desenvolvimiento del alma universal; las ventajas del sistema que consiste en
anotar los equipajes de los viajeros y la dulzura del acento neoyorquino, comparado con el dejo de Londres.
No se trató para nada de lo sobrenatural, no se hizo ni la menor alusión indirecta a sir Simón de Canterville.
A las once la familia se retiró, y a las once y media estaban apagadas todas las luces.
Poco después, míster Otis se despertó con un ruido singular en el corredor, fuera de su habitación. Parecía
un 'ruido de hierros viejos, y se acercaba cada vez más.
Se levantó en el acto, encendió una luz y miró la hora. Era la una en punto. Míster Otis estaba perfectamente
'tranquilo. Se tomó el pulso y no lo encontró nada alterado.
El ruido extraño continuaba, al mismo tiempo que se oía claramente el sonar dé unos pasos. Míster Otis
se puso las zapatillas, cogió una aceitera alargada de su tocador y abrió la puerta, y vio frente a él, en el
pálido claro de luna, a un viejo de aspecto terrible.
Sus ojos parecían carbones encendidos. Una larga cabellera gris caía en mechones revueltos sobre sus
hombros. Sus ropas, de corte anticuado, estaban manchadas y en jirones. De sus muñecas y de sus tobillos
colgaban unas pesadas cadenas y unos grilletes herrumbrosos.
-Mi distinguido señor -dijo míster Otis-, permítame que le ruegue vivamente que engrase esas cadenas.
Le he traído para ello el engrasador Tammany Sol Naciente. Dicen que es eficacísimo, y que basta una sola
aplicación. En la etiqueta hay varios certificados de nuestros adivinos más ilustres que dan fe de ello. Voy a
dejársela aquí, al lado de las velas, y tendré un verdadero placer en proporcionarle más, si así lo desea.
Dicho lo cual, el ministro de los Estados Unidos dejó la aceitera sobre una mesa de mármol, cerró la
puerta y se volvió a meter en la cama.
El fantasma de Canterville permaneció algunos minutos inmóvil de indignación.
Después tiró, lleno de rabia, la aceitera contra el suelo encerado y huyó por el corredor, lanzando gruñidos
cavernosos y despidiendo una extraña luz verde.
Sin embargo, cuando llegaba a la gran escalera de roble, se abrió de repente una puerta. Aparecieron dos
siluetas infantiles, vestidas de blanco, y una voluminosa almohada le rozó la cabeza. Evidentemente, no
había tiempo que perder, así es que, utilizando como-medio de fuga la cuarta dimensión del espacio, se
desvaneció a través del estuco, y la casa, de nuevo, recobró su tranquilidad.
Llegado a un cuartito secreto del ala izquierda, se adosó a un rayo de luna para tomar aliento y se puso a
reflexionar para darse cuenta de su situación. Jamás en toda su brillante carrera, que duraba ya trescientos
años, fue injuriado tan groseramente.
Se acordó de la duquesa viuda, en quien provocó una crisis de terror, cuando estaba mirándose en el espejo,
cubierta de brillantes y de encales; de las cuatro doncellas a quie nes había enloquecido, produciéndoles
convulsiones histéricas sólo con hacerles visajes entre las cortinas de una de las habitaciones destinadas
a invitados; del rector de la parroquia, cuya vela apagó de un soplo cuando volvía el buen señor de la biblioteca
a una hora avanzada, y que desde entonces tuvo que estar bajo el cuidado de sir William
GuW_convertido en mártir de toda clase de alteraciones nerviosas; de la vieja señora de Tremouillac, que,
al despertarse al amanecer y descubrir un esqueleto sentado en un sillón, al lado de la lumbre, entretenido
en leer su diario, tuvo que guardar cama durante seis meses, víctima de un ataque cerebral. Una vez curada
se reconcilió con la Iglesia y rompió sus relaciones con el señalado escéptico Voltaire. Recordó también la
noche terrible en que el bribón de lord Canterville fue hallado ahogándose en su vestidor, con una sota de
espadas hundida en la garganta, viéndose obligado a confesar antes de morir que por medio de aquella carta
había timado la suma de cincuenta mil libras a Jaime Fox, en casa de Grookford. Y juró que aquella carta
se la hizo tragar el fantasma.
Todas sus grandes hazañas le volvían a la memoria.
Vio desfilar al mayordomo que se levantó la tapa de los sesos por haber visto una mano verde tamborilear
sobre los cristales; y a la bella lady Steelfield, condenada a llevar alrededor del cuello un collar de
terciopelo negro para tapar la señal de cinco dedos, impresos como con un hierro candente sobre su blanca
piel, y que terminó por ahogarse en el vivero que había al extremo de la Avenida Real.
Y, lleno del entusiasmo ególatra del verdadero artista, pasó revista a sus creaciones más célebres. Se dedicó
una amarga sonrisa al evocar su última aparición en el papel de «Rubén el Rojo, o el niño estrangulado
», su debut como «Gibeón el Flaco, o el vampiro del páramo de Bexley» y el furor que causó una noche
solitaria de junio jugando a los bolos con sus propios huesos sobre el campo de tenis.
¡Y después de todo para que unos miserables americanos le ofreciesen el engrasador marca Sol Naciente
y le tirasen almohadas a la cabeza! Era realmente intolerable. Además, la historia nos enseña que jamás fue
tratado ningún fantasma de manera semejante. Llegó a la conclusión de que era preciso tomarse la revancha
y permaneció hasta el amanecer en actitud de profunda meditación.


CAPITULO III


Cuando a la mañana siguiente la familia Otis se reunió para el desayuno, la conversación sobre el fantasma
fue extensa.
El ministro de los Estados Unidos estaba, como era natural, un poco ofendido al ver que su ofrecimiento
no había sido aceptado.
-No quisiera en modo alguno injuriar personalmente al fantasma -dijo-, y reconozco que, dada la larga
duración de su estancia en la casa, era correcto tirarle una almohada a la cabeza...
Siento tener que decir que esta observación tan justa provocó-una explosión de risa en los gemelos.
-Pero, por otro lado -prosiguió míster Otis-, si se empeña, sin más ni más, en no hacer uso del engrasador
marca Sol Naciente, nos veremos precisados a quitarle las cadenas. No podremos dormir con todo ese ruido
a la puerta de las alcobas.
Pero, sin embargo, en el resto de la semana no fueron molestados. Lo único que les llamó la atención fue
la reaparición continua de la mancha de sangre sobre el piso de la biblioteca. Era realmente muy extraño,
ya que la señora Otis cerraba la puerta con llave por la noche, y las ventanas permanecían con las rejas cerradas.
Los cambios de color que sufría la mancha, comparables a los de un camaleón, produjeron también
frecuentes comentarios en la familia. Una mañana era de un rojo índigo oscuro, otras veces era bermellón,
luego de un púrpura intenso y un día, cuando bajaron a rezar, según los ritos sencillos de la libre Iglesia
episcopal reformada de América, la encontraron de un hermoso verde esmeralda. Como es natural, estos
cambios caleidoscópicos divirtieron grandemente a la reunión y hacíanse apuestas todas las noches con
entera tranquilidad.
La única persona que no tomó parte en la broma fue la joven Virginia. Por razones ignoradas, sentíase
siempre impresionada ante la mancha de sangre y estuvo a punto de llorar la mañana que apareció verde
esmeralda.
La segunda aparición del fantasma fue un domingo por la noche. Al poco tiempo de estar todos acostados,
les alarmó un enorme estrépito que se oyó en el hall. Bajaron, apresuradamente y se encontraron con
que una armadura completa se había desprendido de su soporte, cayendo sobre las losas, mientras, sentado
en un sillón de alto respaldo, el fantasma de Canterville se restregaba las rodillas, con una expresión de
agudo dolor sobre su rostro.
Los gemelos, que se habían provisto de sus cerbatanas, le lanzaron inmediatamente dos proyectiles, con
esa seguridad de puntería que sólo se adquiere a fuerza de una larga y cuidadosa práctica sobre un profesor
de caligrafía. Mientras tanto, el ministro de los Estados Unidos mantenía al fantasma bajo la amenaza de su
revólver y, conforme a la etiqueta californiana, le intimaba a levantar los brazos.
El fantasma se alzó bruscamente, lanzando un grito de furor salvaje, y pasó en medio de ellos, como una
nube, apagando de paso la vela de Washington Otis y dejándoles a todos en la mayor oscuridad.
Cuando llegó a lo alto de la escalera, una vez dueño de sí, se decidió a lanzar su célebre repique de carcajadas
satánicas.
Contaba la gente que aquello hizo encanecer en una sola noche el peluquín de lord Raker. Y que tres sucesivas
amas de llaves, francesas, dejaron su empleo antes de terminar el primer mes. Por consiguiente, lanzó
su carcajada más horrible, despertando paulatinamente los ecos en las antiguas bóvedas, pero al extinguirse,
se abrió una puerta y apareció, vestida de azul claro, la señora Otis.
-Me temo -dijo la dama- que esté usted indispuesto y aquí le traigo un frasco de la tintura del doctor Dobell.
Si se trata de una indigestión, podrá comprobar que éste es un remedio excelente.
El fantasma la miró con ojos llameantes de furor y se creyó en el deber de metamorfosearse en un gran
perro negro.
Era un truco que le había dado una reputación merecidísima, y al cual atribuía el médico de la familia la
idiotez incurable del tío de lord Canterville, el honorable Tomás Horton. Pero un ruido de pasos que se
acercaba le hizo vacilar en su cruel determinación y se contentó con volverse un poco fosforescente. En
seguida se desvaneció, después de lanzar un gemido sepulcral, porque los gemelos iban a darle alcance.
Una vez en su habitación sintióse destrozado, presa de la agitación más violenta.
La ordinariez de los gemelos, el grosero materialismo de la señora Otis, todo aquello resultaba realmente
vejatorio; pero lo que más le humillaba era no tener ya fuerzas para llevar una armadura. Contaba con hacer
impresión aun en unos americanos modernos, hacerles estremecer a la vista de un espectro acorazado, si no
ya, por motivos razonables al menos por deferencia hacia su poeta nacional Longfellow,2 cuyas poesías,
delicadas y atrayentes, le habían ayudado con frecuencia a matar el tiempo mientras los Canterville estaban
en Londres. Además, era su propia armadura. La llevó con éxito en el torneo de Kenilworth, siendo felicitado
calurosamente por la Reina Virgen en persona. Pero cuando quiso ponérsela quedó aplastado por completo
con el peso de la enorme coraza y del yelmo de acero. Y se desplomó pesadamente sobre las losas de
piedra, despellejándose las rodillas y contusionándose la muñeca derecha.
Título que se da a los miembros de la Cámara de los Comunes, y a aquellas personas que poseen títulos
nobiliarios.
Durante varios días estuvo malísimo y no pudo salir de su morada más que lo necesario para mantener en
buen estado la mancha de sangre.
No obstante, a fuerza de cuidados acabó por restablecerse y decidió hacer una tercera tentativa para aterrorizar
al ministro de los Estados Unidos y a su familia.
Eligió para su reaparición en escena el viernes 17 de agosto, consagrando gran parte del día a pasar revista
a sus trajes.
Su elección recayó al fin en un sombrero de ala levantada por un lado y caída del otro, con una pluma
roja; en un sudario deshilachado en las mangas y el cuello y, por último, en un puñal mohoso.
Al atardecer estalló una gran tormenta. El viento era tan fuerte que sacudía y cerraba violentamente las
puertas y ventanas de la vetusta casa. Realmente aquél era el tiempo que le convenía. He aquí lo que pensaba hacer: iría sigilosamente a la habitación de Washington Otis, le musitaría unas frases ininteligibles, quedándose
al pie de la cama, y le hundiría tres veces seguidas el puñal en la garganta, a los sones de una música
apagada.
Odiaba sobre todo a Washington, porque sabía perfectamente que era él quien acostumbraba quitar la famosa
mancha de sangre de Canterville, empleando el detergente Paragon de Pinkerton. Después de reducir
al temerario y despreocupado joven a una condición de terror abyecto, entraría en la habitación que ocupaban
el ministro de los Estados Unidos y su mujer. Una vez allí, colocaría una mano viscosa sobre la frente
de la señora Otis y al mismo tiempo murmuraría, con voz sorda, al oído del ministro tembloroso, los secretos
terribles del osario.
En cuanto a la pequeña Virginia aún no tenía decidido nada. No le había insultado nunca. Era bonita y
cariñosa. Unos cuantos gruñidos sordos, que saliesen del armario, le parecían más que suficientes, y si no
bastaban para despertarla, llegaría hasta tirarle de la puntita de la nariz con sus dedos rígidos por la parálisis.
A los gemelos estaba resuelto a darles una lección: lo primero que haría sería sentarse sobre sus pechos,
con objeto de producirles la sensación de la pesadilla. Luego, aprovechando que sus camas estaban muy
juntas, se alzaría en el espacio libre entre ellas, con el aspecto de un cadáver verde y frío como el hielo,
hasta que se quedasen paralizados de terror. En seguida, tirando bruscamente su sudario, daría la vuelta al
dormitorio en cuatro patas, como un esqueleto blanqueado por el tiempo, moviendo el globo de un solo ojo
en su órbita, como el personaje de «Daniel el mudo, o el esqueleto del suicida», papel en el cual hizo un
gran efecto en varias ocasiones. Creía estar tan bien en éste, como en su otro papel de «Martín el demente,
o el misterio enmascarado».
A las diez y media oyó subir a la familia a acostarse.
Durante algunos instantes le inquietaron las estrepitosas carcajadas de los gemelos, que se divertían indudablemente,
con su loca alegría de colegiales, antes de meterse en la cama.
Pero a las once y cuarto todo quedó nuevamente en silencio, y cuando sonaron las doce se puso en camino.
La lechuza chocaba contra los cristales de la ventana. El cuervo graznaba en el hueco de un tejo centenario
y el viento gemía vagando alrededor de la casa, como un alma en pena; pero la famila Otis dormía,
sin sospechar la suerte que le esperaba. Oía con toda claridad los ronquidos regulares del ministro de los
Estados Unidos, que dominaban el ruido de la lluvia y de la tormenta.
Se deslizó furtivamente a través del estuco. Una sonrisa perversa se dibujaba sobre su boca cruel y arrugada,
y la luna escondió su rostro tras una nube cuando pasó delante de la gran ventana ojival, sobre la que
estaban representadas, en azul y oro, sus propias armas y las de su esposa asesinada.
Seguía andando siempre, deslizándose como una sombra funesta, que hacía que hasta las tinieblas le maldijesen
a su paso.
Hubo un momento en que le pareció oír que alguien le llamaba; se detuvo, pero era tan sólo un perro, que
ladraba en la Granja Roja. Prosiguió su marcha, mascullando extraños juramentos del siglo xvl, y blandiendo
de vez en cuando el puñal enmohecido en el aire de medianoche. Por fin llegó a la esquina del pasillo
que conducía a la habitación del infortunado Washington.
Allí hizo una breve parada.
El viento agitaba en torno de su cabeza sus largos mechones grises y ceñía en pliegues grotescos y fantásticos
el horror indecible del fúnebre sudario. Sonó entonces el cuarto en el reloj. Comprendió que había
llegado el momento.
Con una risa maligna dio la vuelta al ángulo del corredor. Pero apenas lo hizo, retrocedió lanzando un
gemido lastimero de terror y escondiendo su cara lívida entre sus largas manos huesudas.
Frente a él había un horrible espectro, inmóvil como una estatua, monstruoso como la pesadilla de un
demente. Tenía la cabeza pelada y reluciente; faz redonda, carnosa y blanca; una risa horrorosa parecía
retorcer sus rasgos en una mueca eterna; por los ojos brotaba a oleadas una luz escarlata; la boca semejaba
un ancho pozo de fuego, y una vestidura horrible, como la de él, como la del mismo Simón, envolvía con
su nieve silenciosa aquella forma gigantesca.
Sobre el pecho llevaba colgado un cartel con una inscripción en extraños caracteres antiguos. Quizá era
un rótulo infamante, donde estaban escritos delitos espantosos, una terrible lista de crímenes. Tenía, por
último, en su mano derecha una cimitarra de acero resplandeciente.
Como no había visto nunca fantasmas hasta aquel día, sintió un pánico terrible, y después de lanzar rápidamente
una segunda mirada sobre el espantoso fantasma, regresó a su habitación, enredándose los pies en
el sudario que le envolvía. Cruzó la galería corriendo y acabó por dejar caer el puñal enmohecido en las
botas de montar del ministro, donde lo encontró el mayordomo al día siguiente.
Una vez refugiado en su retiro, se desplomó sobre un reducido catre de tijera, tapándose la cabeza con las
sábanas. Pero al cabo de un momento el valor indomable de los antiguos Canterville se despertó en él y
tomó la resolución de hablar al otro fantasma en cuanto amaneciese. Por consiguiente, no bien el alba plateó
las colinas con su luz, volvió al sitio en que había visto por primera vez al horroroso fantasma. Pensaba
que, después de todo, dos fantasmas valían más que uno solo y que con ayuda de su nuevo amigo podría
contender victoriosamente con los gemelos. Pero cuando llegó al sitio fue para encontrarse en presencia de
un espectáculo terrible.
Algo le sucedía indudablemente al espectro, porque la luz había desaparecido por completo de sus órbitas.
La cimitarra centelleante deslizándose de su mano, estaba recostada sobre la pared en una actitud
forzada e incómoda.
Simón se precipitó hacia adelante y le cogió en sus brazos; pero cuál no sería su terror viendo desprenderse
la cabeza y rodar por el suelo, mientras el cuerpo tomaba la posición supina, y notó que abrazaba una
cortina blanca de algodón grueso y que yacían a sus pies una escoba, un machete de cocina y una calabaza
vacía. Sin poder comprender aquella curiosa transformación, cogió con mano febril el cartel, leyendo a la
claridad grisácea de la mañana estas palabras terribles:

HE AQUÍ EL FANTASMA OTIS
EL ÚNICO ESPÍRITU AUTÉNTICO
Y VERDADERO
¡CUIDADO CON LAS IMITACIONES!
TODOS LOS DEMÁS ESTÁN
FALSIFICADOS


Y la entera verdad se le apareció como un relámpago. ¡Había sido burlado, chasqueado, engañado!
La expresión característica de los Canterville reapareció en sus ojos, apretó las encías desdentadas y, levantando
por encima de su cabeza sus manos amarillas, juró, según la fraseología pintoresca de la antigua
escuela «que cuando el gallo tocase por dos veces el cuerno de su alegre llamada se perpetrarían crímenes
sangrientos y que el asesinato, de callado paso, saldría entonces de su retiro».
No había terminado de formular este juramento terrible criando de una alquería lejana, de tejado de ladrillo
rojo, salió el canto de un gallo. Lanzó una larga risotada, lenta y amarga, y esperó. Esperó una hora y
después otra; pero por alguna razón misteriosa no volvió a cantar el gallo.
Por fin, a eso de las siete y media, la llegada de las criadas le obligó a abandonar su terrible guardia y regresó
a su morada, con altivo paso, pensando en su vana esperanza y proyecto fracasado.
Una vez allí consultó varios libros de caballería, cuya lectura le interesaba extraordinariamente, y pudo
comprobar que el gallo cantó siempre dos veces en cuantas ocasiones se tuvo que recurrir a aquel juramento.
-¡Que el diablo se lleve a ese infame volátil! -murmuró-. En otro tiempo hubiese caído sobre él con mi
gran lanza, atravesándole el gañote y obligándole a cantar otra vez para . mi aunque reventara.
Y dicho esto se retiró a su confortable ataúd de plomo y allí permaneció hasta la noche.


CAPITULO IV


Al día siguiente el fantasma se sintió muy débil y cansado. Las terribles emociones de las cuatro últimas
semanas empezaban a producir su efecto. Tenía el sistema nervioso completamente alterado y temblaba al
más ligero ruido.
No salió de su habitación en cinco días y concluyó por hacer una concesión en lo relativo a la mancha de
sangre del salón de la biblioteca. Puesto que la familia Otis no quería verla, era indudablemente que no la
merecía. Aquella gente estaba colocada a ojos vistas en un plano inferior de vida material y era incapaz de
apreciar el valor simbólico de los fenómenos sensibles.
La cuestión de las apariciones de fantasmas y el desenvolvimiento de los cuerpos astrales eran realmente
para él una cosa muy distinta e indiscutiblemente fuera de su gobierno. Pero, por lo menos, constituía para
él un deber ineludible mostrarse en el corredor una vez a la semana y farfullar por la gran ventana ojival el
primero y el tercer miércoles de cada mes. No veía ningún medio digno de sustraerse a aquella obligación.
Verdad es que su vida estuvo llena de crímenes, pero quitado eso era hombre muy concienzudo en todo
cuanto se relacionaba con lo sobrenatural.
Así, pues, los tres sábados siguientes atravesó, como de costumbre, el corredor entre doce de la noche y
tres de la madrugada, tomando todas las precauciones posibles para no ser visto ni oído. Se quitaba las botas,
pisaba lo más ligeramente que podía sobre las viejas maderas carcomidas, envolvíase en una gran capa
de terciopelo negro y no dejaba de usar el engrasador Sol Naciente para, engrasar sus cadenas. Me veo precisado
a reconocer que sólo después de muchas vacilaciones se decidió a adoptar esta última forma de protegerse.
Pero, al fin, una noche, mientras cenaba la familia, se deslizó en el dormitorio del señor Otis y se
llevó el frasquito. Al principio se sintió un poco humillado, pero después fue suficientemente razonable
para comprender que aquel invento merecía grandes elogios y que cooperaba, en cierto modo, a la realización
de sus proyectos.
A pesar de todo, no se vio a cubierto de molestias.
No dejaban nunca de tenderle cuerdas de lado a lado del corredor para hacerle tropezar en la oscuridad, y
una vez que se había disfrazado para el papel de «Isaac el Negro, o el cazador del bosque de Hogsley»,
cayó de bruces al poner el pie sobre una plancha de maderas enjabonadas que habían colocado los gemelos
desde el umbral del salón de tapices hasta la parte alta de la escalera de roble.
Esta última afrenta le dio tal -rabia que decidió hacer un esfuerzo para imponer su dignidad y consolidar
su posición social, y formó el proyecto de visitar a la noche siguiente a los insolentes chicos de Eton, en su
célebre papel de «Ruperto el temerario, o el conde sin cabeza».
No se había mostrado con aquel disfraz desde hacía setenta años, es decir, desde que causó con él tal pavor
a la bella lady Bárbara Modish, que ésta retiró su consentimiento al abuelo del actual lord Canterville y
se fugó a Gretna Green con el arrogante Jack Castletown, jurando que por nada del mundo consentiría en
emparentar con una familia que toleraba los paseos de un fantasma tan horrible por la terraza al atardecer.
El pobre Jack fue al poco tiempo muerto en duelo con arma de fuego por lord Canterville en terrenos de
Wandsworth y lady Bárbara murió de pena en Tumbridge Wells antes de terminar el año; así es que fue un
gran éxito en todos sentidas.
Sin embargo, fue, permitiéndome emplear un término teatral para aplicarle a uno de los mayores misterios
del mundo sobrenatural o, en lenguaje más científico, del mundo superior a la Naturaleza, una creación
de las más difíciles y necesitó sus tres buenas horas para terminar los preparativos.
Por fin todo estuvo listo y él contentísimo de su disfraz. Las grandes,botas de montar, que hacían juego
con el traje, eran, eso sí, un poco holgadas para él, y no pudo encontrar más que una de las dos pistolas de
arzón; pero, en general, quedó satisfechísimo, y a la una y cuarto pasó a través del estuco y bajó al corredor.
Cuando estuvo cerca de la habitación ocupada por los gemelos, y a la que se llamaba el dormitorio azul
por el color de sus cortinajes, se encontró con la puerta entreabierta.
A fin de hacer una entrada efectista, la abrió de par en par con violencia, pero se le vino encima una jarra
de agua que le empapó hasta los huesos, no dándole en el hombro por unos milímetros. Al mismo tiempo
oyó unas risas sofocadas que partían de la doble cama con dosel.
Su sistema nervioso sufrió tal conmoción que regresó a sus habitaciones a toda prisa y al día siguiente
tuvo que permanecer en la cama con un fuerte catarro. El único consuelo que tuvo fue el de no haber llevado
su cabeza sobre los hombros, pues de lo contrario las consecuencias hubieran podido ser más graves.
Desde entonces renunció para siempre a espantar a aquella recia familia de americanos, y se contentó, por
regla general, con vagar por el corredor, en zapatillas de fieltro, envuelto el cuello en una gruesa bufanda,
por temor a las corrientes de aire, y provisto de un pequeño arcabuz, para el caso en que fuese atacado por
los gemelos.
Hacia el 19 de septiembre fue cuando recibió el golpe de gracia. Había bajado por la escalera hasta el espacioso
hall, seguro de que en aquel sitio por lo menos nadie le iba a molestar, y se entretenía en hacer observaciones
satíricas sobre las grandes fotografías del ministro de los Estados Unidos y de su mujer, hechas
en casa por Saroni y que ahora ocupaban el lugar de los retratos de la familia Canterville.
Iba vestido, sencilla pero decentemente, con un largo sudario salpicado de moho de cementerio. Se había
atado la quijada con una tira de tela amarilla y llevaba una linternita y un azadón de sepulturero. En una
palabra, iba disfrazado de «Jonás el desenterrador, o el ladrón de cadáveres de Chertsey Barn». Era una de
sus creaciones más notables y de la que guardaban recuerdo, con más motivo, los Canterville, ya que fue la
verdadera causa de su riña con lord Rufford, vecino suyo.
Serían próximamente las dos y cuarto de la madrugada, y a su juicio, no se movía nadie en la casa. Pero
cuando se dirigía tranquilamente hacia la biblioteca, para ver lo que quedaba de la mancha de sangre, se
abalanzaron hacia él, desde un rincón sombrío, dos siluetas, agitando locamente sus brazos sobre sus cabezas,
mientras gritaban a su oído:
-¡Uú! ¡Uú! ¡Uú!
Lleno de pánico, cosa muy natural en aquellas circunstancias, se precipitó hacia la escalera, pero entonces
se encontró frente a Washington Otis, que le esperaba armado con la gran regadera del jardín; de tal
modo, que cercado por sus enemigos, casi acorralado, tuvo que evaporarse en la gran estufa de hierro colado,
que felizmente para él, no estaba encendida, y abrirse paso hasta sus habitaciones por entre los cañones
de las chimeneas, llegando a su refugio en el,, lamentable estado en que lo pusieron la agitación, el hollín y
la desesperación.
Desde aquella noche no volvió a vérsele nunca en expediciones nocturnas. Los gemelos se quedaron muchas
veces en acecho para sorprenderle, sembrando de cáscaras de nuez los corredores todas las noches,
con gran enojo de sus padres y de los criados. Pero fue inútil. Su amor propio estaba profundamente herido
sin duda y no quería mostrarse.
En vista de ello, míster Otis reanudó de nuevo el trabajo en su gran obra sobre la historia del partido demócrata,
obra que había empezado tres años antes.
La señora Otis organizó un clambake extraordinario, que dejó muy impresionados a todos los de la comarca.
Los niños se dedicaron a jugar a la barra, al écarté, al póquer y a otros juegos típicos de América.
Virginia dio paseos a caballo por caminos y veredas, en compañía del duque de Cheshire, que se hallaba
en Canterville pasando su última semana de vacaciones.
Todo el mundo se figuraba que el fantasma había desaparecido, y en consecuencia, míster Otis escribió
una carta a lord Canterville para comunicárselo, y recibió en contestación otra carta en la que éste le testimoniaba
el placer que le producía la noticia y enviaba sus más sinceras felicitaciones a la digna esposa del
ministro.
Pero los Otis se equivocaban.
El fantasma seguía en la casa, y aunque se hallaba muy delicado, no estaba dispuesto a retirarse, sobre
todo después de saber que figuraba entre los invitados el duque de Cheshire, cuyo tío, lord Francis Stilton,
apostó una vez cien guineas con el coronel Carbury a que jugaría a los dados con el fantasma de Canterville.
A la mañana siguiente se encontraron a lord Stilton tendido sobre el suelo del salón de juego en un estado
de parálisis tal, que, a pesar de la edad avanzada que alcanzó, no pudo ya nunca pronunciar más palabra
que ésta:
-¡Seis dobles!
Esta historia era muy conocida en su tiempo, aunque, en atención a los sentimientos de las dos nobles
familias, se hiciera todo lo posible por ocultarla, y existe un relato detallado de todo lo referente a ella en el
tomo tercero de las Memorias de lord Tattle sobre el príncipe regente y sus amigos.
Desde entonces el fantasma deseaba vehementemente probar que no había perdido su influencia sobre los
Stilton, con los que además estaba emparentado, pues una prima hermana suya se casó en Secondesnoces
con el señor Bulkeley, del que descienden en línea directa, como todo el mundo sabe, los duques de
Cheshire.
Por consiguiente, hizo sus preparativos para mostrarse al joven enamorado de Virginia en su famoso papel
del «Fraile vampiro, o el benedictino sin sangre».
Era un espectáculo tan espantoso que cuando la vieja lady Startup se lo vio representar, es decir, la víspera
del Año Nuevo de 1764, empezó a lanzar chillidos agudos, que le provocaron un fuerte ataque de apoplejía y su fallecimiento al cabo de tres días, no sin que desheredara antes a los Canterville que eran sus
parientes más cercanos y legase todo su dinero a su farmacéutico de Londres.
Pero, a última hora, el terror que le inspiraban los gemelos le retuvo en su habitación y el joven duque
durmió tranquilo en el gran lecho con dosel coronado de plumas del dormitorio real, soñando con Virginia.


CAPITULO V


Unos días después, Virginia y su adorador de cabello rizado dieron un paseo a caballo por los prados de
Brockley, paseo en el que ella se desgarró su vestido de amazona al saltar un seto, y de vuelta a su casa,
entró por la escalera de detrás para que no la viesen.
Al pasar corriendo por delante de la puerta del salón de tapices, que estaba abierta de par en par, le pareció
ver a alguien dentro. Pensó que sería la doncella de su madre, que iba con frecuencia a trabajar a esa
habitación.
Asomó la cabeza para encargarle que le cosiese el vestido.
¡Pero con gran sorpresa suya quien estaba allí era el fantasma de Canterville en persona!
Estaba sentado junto a la ventana contemplando las hojas doradas, que danzaban en el aire, desprendidas
de los árboles amarillentos, y las hojas bermejas que bailaban locamente a lo largo de la gran avenida.
Tenía la cabeza apoyada en una mano y toda su actitud revelaba el desaliento más profundo.
Realmente presentaba un aspecto tan desamparado, tan abatido que la pequeña Virginia, en vez de ceder
a su primer impulso, que fue echar a correr y encerrarse en su cuarto, se sintió llena de compasión y se decidió
a ir a consolarle.
Tenía la muchacha un paso tan ligero y él una melancolía tan honda, que no se dio cuenta de su presencia
hasta que le habló.
-Lo he sentido mucho por usted -dijo-, pero mis hermanos regresan mañana a Eton y entonces, si se porta
usted bien, nadie le atormentará.
-Es absurdo pedirme que me porte bien -le respondió contemplando estupefacto a la jovencita que tenía
la audacia de dirigirle la palabra-. Perfectamente inconcebible. Me es necesario arrastrar mis cadenas, gruñir
a través de las cerraduras, y deambular en la noche. Si es a eso a lo que se refiere, le diré que todo ello
es la única razón de mi existencia.
-Ésa no es una razón para vivir molestando a la gente. En sus tiempos fue usted muy malo, ¿sabe? La señora
Umney nos contó el mismo día en que llegamos, que usted mató a su esposa.
-Sí, lo reconozco -respondió petulante el fantasma-. Pero fue un asunto de familia que a nadie le importa.
-Está muy mal eso de matar a alguien -replicó Virginia, que a veces adoptaba una dulce actitud puritana,
heredada posiblemente de alguno de sus antepasados de la vieja Nueva Inglaterra.
-¡Oh, detesto la ramplona severidad de la ética abstracta! Mi esposa era muy poco agraciada y simplona.
Nunca pudo almidonar bien mis puños, y no sabía nada de cocina. Vea usted, un día cacé un magnífico
cervatillo en los bosques de Hogley, un espléndido gamo, ¿y sabe usted cómo me lo sirvió en la mesa?
Bueno..., eso ahora no importa, ya pasó; pero sin embargo, no hallo nada bien que sus hermanos me dejasen
morir de hambre, aunque yo la hubiese matado.
-¡Le dejaron morir de hambre! ¡Ay, señor fantasma! ¡Quiero decir, don Simón! ¿Tiene usted hambre?
Tengo un sandwich en mi costurero, ¿no lo quiere?
-No, gracias, ahora ya no necesito comer; pero de todas maneras, es usted muy amable. Es usted mucho
más fina y atenta que el resto de su familia que es tan ordinaria, horrorosa, vulgar, y que se conducen como
bandoleros.
-¡Basta! -exclamó Virgina dando con el pie en el suelo-. El brutal, horrible y ordinario es usted. En
cuanto a lo de bandolero y ladrón, usted bien sabe que me ha robado las pinturas de mi caja para restaurar
esa ridícula mancha de sangre en la biblioteca. Primero me robó todos los rojos, incluyendo el bermellón, y
ya no pude seguir pintando las puestas de sol; después se llevó el verde esmeralda y el amarillo cromo; y
por último no me han quedado más que el azul añil y el blanco de China, de manera que sólo puedo pintar
escenas de claro de luna, que siempre son tristes y nada fáciles de pintar. Nunca lo acusé aunque ello me
hacía sentir furiosa, y todo resultaba grotesco, porque, ¿quién ha oído decir que exista la sangre de color
verde esmeralda?
-Bueno. en verdad -dijo el fantasma, con cierta dulzura-, ¿qué iba yo a hacer? Es dificilísimo en los tiempos
actuales agenciarse sangre de verdad, y ya que su hermano empezó todo esto con su detergente Paragon,
no veo por qué no iba yo a usar sus colores para defenderme. En cuanto al tono, es cuestión de gusto.
Así, por ejemplo, los Canterville tienen sangre azul, la sangre más azul que existe en Inglaterra... Aunque
ya sé que ustedes los americanos no hacen el menor caso de esas cosas.
-No sabe usted nada, y lo mejor que puede hacer es emigrar y así se desarrollará su mentalidad. Mi padre
tendrá un verdadero gusto en proporcionarle un pasaje gratuito, y aunque haya derechos arancelarios elevadísimos
sobre toda clase de cosas espirituosas a usted no le pondrán trabas en la aduana. Y una vez en
Nueva York puede usted contar con un gran éxito. Conozco infinidad de personas que darían cien mil dólares
por tener antepasados y que sacrificarían mayor cantidad aún por tener un fantasma en la familia.
-Creo que no me gustaría América.
-Quizá se deba a que allí no tenemos ni ruinas ni curiosidades -dijo burlonamente Virginia.
-¡Qué curiosidades ni qué ruinas! -contestó el fantasma-. Tienen ustedes su marina y sus modales.
-Buenas noches; voy a pedir a papá que conceda a los gemelos una semana más de vacaciones.
-¡No se vaya, miss Virginia, se lo suplico! -exclamó el fantasma-. Estoy tan solo y soy tan desgraciado
que no sé qué hacer. Quisiera irme a dormir y no puedo.
-Es inconcebible: no tiene usted más que meterse en la cama y apagar la vela. Algunas veces es dificilísimo
permanecer despierto, sobre todo en una iglesia, pero, en cambio, dormir es muy sencillo, hasta los
niños saben dormir admirablemente, y no son nada ilustrados.
-Hace trescientos años que no duermo -dijo el anciano tristemente, haciendo que Virginia abriese mucho
sus hermosos ojos azules llenos de asombro-. Hace ya trescientos años que no duermo, y me siento tan cansado...
Virginia adoptó un grave continente y sus finos labios temblaron como pétalos de rosa.
Se acercó y, arrodillándose al lado del fantasma, contempló su viejo rostro marchito.
-Pobre, pobre fantasma -murmuró-, ¿y no hay ningún lugar donde pueda usted dormir?
-Allá lejos, pasado el pinar -respondió él en voz baja y soñadora-, hay un jardincito. La hierba crece en él
alta y espesa; allí pueden verse las grandes estrellas blancas de la cicuta, allî el ruiseñor canta toda la noche.
Canta toda la noche, y la luna de cristal gélido deja caer su mirada y el tejo extiende sus brazos de gigante
sobre los durmientes.
Los ojos de Virginia se empañaron de lágrimas y ocultó la cara entre sus manos.
-Se refiere usted al jardín de la muerte -murmuró.
-Sí, de la muerte, ¡la muerte debe ser hermosa! ¡Descansar en la blanda tierra oscura, mientras las hierbas
se balancean encima de nuestra cabeza, y escuchar el silencio! No tener ni ayer ni mañana. Olvidarse del
tiempo y los males de la vida, quedar en paz. Usted puede ayudarme; usted puede abrirme el portal de la
morada de la muerte, porque el amor le acompaña a usted siempre, y el amor es más fuerte que la muerte.
Virginia tembló. Un estremecimiento helado recorrió todo su ser y durante unos instantes hubo un gran
silencio. Parecíale vivir en un sueño terrible.
Entonces el fantasma habló de nuevo con una voz que resonaba como los suspiros del viento:
-¿Ha leído usted alguna vez la antigua profecía que hay sobre las vidrieras de la biblioteca?
-¡Oh, muchas veces! -exclamó la muchacha levantando los ovos-. La conozco muy bien. Está pintada con
unas curiosas letras negras y se lee con dificultad. No tiene más que estos seis versos:
Cuando una joven rubia logre hacer brotar
una oración de los labios del pecador,
cuando el almendro estéril dé fruto
y un pequeño deje correr su llanto,
entonces, toda la casa quedará tranquila
y volverá la paz a Canterville.
Pero no sé lo que significan.
-Significan que tiene usted que llorar conmigo mis pecados, porque no tengo lágrimas, y que tiene usted
que rezar conmigo por mi alma, porque no tengo fe, y entonces, si ha sido usted siempre dulce, buena y
cariñosa, el ángel de la muerte se compadecerá de mí. Verá usted seres terribles en las tinieblas y voces
malignas susurrarán en sus oídos, pero no podrán hacerle ningún daño, porque contra la pureza de una niña
no pueden nada las potencias infernales.
Virginia no contestó y el fantasma retorcióse las manos en la violencia de su desesperación, sin dejar de
mirar la rubia cabeza inclinada.
De pronto se irguió la joven, muy pálida, con un fulgor extraño en los ojos.
-No tengo miedo -dijo con voz firme- y rogaré al ángel que se apiade de usted.
El fantasma, levantándose de su asiento y lanzando un débil grito de alegría, tomó su mano, e inclinándose
sobre ella con la gracia de los viejos tiempos, la besó.
Sus dedos estaban fríos como el hielo y sus labios abrasaban como el fuego, pero Virginia no flaqueó;
después la hizo atravesar la estancia sombría.
Sobre el tapiz de un verde apagado estaban bordados unos pequeños cazadores. Soplaban en sus cuernos
adornados con borlas y con sus lindas manos le hacían señas de que retrocediese.
-Vuelve sobre tus pasos, Virginia. No sigas. ¡Vete, vete! -gritaban.
Pero el fantasma le apretaba en aquel momento la mano con más fuerza, y ella cerró los ojos para no
verlos.
Horribles alimañas de colas de lagarto y de ojos saltones hacían guiños maliciosos en las esquinas de la
chimenea, mientras le decían en voz baja:
-Ten cuidado, Virginia, ten cuidado. Podríamos no volver a verte. Pero el fantasma apresuró entonces el
paso y Virginia no oyó nada.
Cuando llegaron al extremo de la estancia, el viejo se detuvo, murmurando unas palabras que ella no pudo
comprender. Volvió Virginia a abrir los ojos y vio disiparse el muro lentamente, como una neblina, y
abrirse una negra caverna.
Un áspero y helado viento les azotó, sintiendo la muchacha que alguien tiraba de su vestido.
-De prisa, de prisa -gritó el fantasma-, o será demasiado tarde. Y en el mismo momento el muro se cerró
de nuevo detrás de ellos y el salón de tapices quedó desierto.


CAPITULO VI


Diez minutos después sonó la campana para el té y Virginia no bajó. La señora Otis envió a uno de los
criados a buscarla.
No tardó en volver diciendo que no había podido encontrar a miss Virginia por ninguna parte.
Como la muchacha tenía la costumbre de ir todas las tardes al jardín a coger flores para la cena, la señora
Otis no se preocupó en lo más mínimo. Pero sonaron las seis y Virginia no aparecía. Entonces su madre se
sintió seriamente intranquila y envió a sus hijos en su busca, mientras ella y su marido recorrían todas las
habitaciones de la casa.
A las seis y media volvieron los muchachos diciendo que no habían encontrado huellas de su hermana
por parte alguna.
Entonces se inquietaron todos extraordinariamente y nadie sabía qué hacer cuando míster Otis recordó de
repente que pocos días antes había permitido acampar en el parque a una tribu de gitanos.
Así pues, salió inmediatamente para Blackfell-Hollow, acompañado de su hijo mayor y de dos criados de
la granja.
El joven duque de Cheshire, completamente loco de ansiedad, rogó con insistencia a míster Otis que le
dejase acompañarle, mas éste se negó temiendo que pudiese surgir algún conflicto. Pero cuando llegó al
sitio en cuestión vio que los gitanos se habían marchado, y era evidente que su partida había sido precipitada,
pues el fuego ardía aún y quedaban platos sobre la hierba.
Después de mandar a Washington y a los dos hombres a registrar los alrededores, se apresuraron a regresar
y envió telegramas a todos los inspectores de policía del condado, rogándoles buscasen a una joven
raptada por unos vagabundos o gitanos.
Luego hizo que le trajeran su'caballo, y después de insistir para que su mujer y sus tres hijos se senta ran
a la mesa, partió con un caballerango por el camino de Ascot.
Había recorrido dos millas, cuando oyó un galope a su espalda.
Se volvió, viendo al joven duque que llegaba en su poney, con la cara sofocada y la cabeza descubierta.
-Lo siento muchísimo -le dijo el joven con voz entrecortada-, pero me es imposible comer mien= tras
Virginia no aparezca. Se lo ruego, no se enfade conmigo. Si nos hubiera permitido casarnos el año pasado
no habría ocurrido esto nunca. ¿No me rechaza usted, verdad? ¡No puedo ni quiero irme!
El ministro no pudo menos de dirigir una sonrisa a aquel mozo guapo y atolondrado, conmovidísimo ante
la abnegación que mostraba por Virginia, e inclinándose sobre su caballo, le golpeó el hombro cariñosamente
y le dijo:
-Pues bien, Cecil, ya que insistes en venir, no me queda más remedio que admitirte en mi compañía; pero,
eso sí, tengo que comprarte un sombrero en Ascot.
-¡Al diablo los sombreros! ¡Lo que quiero es encontrar a Virginia! -exclamó el duque riendo.
Y acto seguido galoparon hasta la estación.
Una vez allí, míster Otis preguntó al jefe si no habían visto en el andén a una joven cuyas señas correspondiesen
con las de Virginia, pero no averiguó nada sobre ella. No obstante lo cual el jefe de la estación
expidió telegramas a las estaciones del trayecto, ascendentes y descendentes, y le prometió ejercer una
vigilancia minuciosa.
En seguida, después de comprar un sombrero para el duque en una tienda de novedades que se disponía a
cerrar, míster Otis cabalgó hasta Bexley, pueblo situado cuatro millas más allá, y que, según le dijeron, era
muy frecuentado por los gitanos, ya que cerca de allí había una numerosa comunidad rural.
Hicieron levantarse al guarda del lugar, pero no pudieron conseguir ningún dato de él.
Así es que, después, de atravesar y explorar los contornos, los dos jinetes tomaron otra vez el camino de
casa, llegando a Canterville a eso de las once, rendidos de cansancio y con el corazón desgarrado por la
inquietud. Se encontraron allí con Washington y los gemelos, esperándoles a la puerta con linternas, porque
la avenida estaba muy oscura.
No se había descubierto la menor señal de Virginia. Los gitanos fueron alcanzados en el prado de Brockley,
pero no estaba la joven entre ellos. Explicaron la prisa de su marcha diciendo que habían equivocado
el día que debía celebrarse la feria de Chorton y que el temor de llegar demasiado tarde les obligó a darse
prisa.
Además parecieron desconsolados por la desaparición de Virginia, pues estaban agradecidísimos a míster
Otis por haberles permitido acampar en su parque. Cuatro de ellos se quedaron detrás para tomar parte, en
las pesquisas.
Se hizo vaciar el estanque de las carpas. Registraron la finca en todos sentidos, pero no consiguieron nada.
Era evidente que Virginia estaba perdida, al menos por aquella noche, y fue con un aire de profundo
abat¡miento como entraron en casa míster Otis y los jóvenes seguidos del caballerango que llevaba de las
bridas los dos caballos y al poney.
En el vestíbulo se encontraron con el grupo de los criados llenos de terror.
La pobre señora Otis estaba acostada sobre un sofá de la biblioteca, casi loca de terror y de ansiedad, y is
vieja ama de gobierno le humedecía la frente con agua de colonia. En seguida míster Otis instó a su esposa
para que comiese algo, y dio órdenes para que se sirviese la cena. Fue una comida triste, pues casi nadie
hablaba, y hasta los gemelos se veían espantados y sumisos, pues querían entrañablemente a su hermana.
Cuando terminaron, míster Otis, a pesar de los ruegos del joven duque, mandó que todo el mundo se fuese
a la cama diciendo que ya no podía hacerse nada más aquella noche, y que al día siguiente telegrafiaría a
Scotland Yard para que pusieran inmediatamente varios detectives a su disposición.
Pero en el preciso momento en que salían del comedor sonaron las doce en el reloj de la torre.
Apenas acababan de extinguirse las vibraciones de la última campanada cuando oyóse un crujido acompañado
de un grito penetrante.
Un trueno estentóreo bamboleó la casa; una meiodía, ultraterrena, flotó en el aire. Un lienzo de pared se
desprendió bruscamente en lo alto de la escalera y sobre el rellano, muy pálida, casi blanca, apareció Virginia
llevando en la mano un cofrecillo.
Inmediatamente todos la rodearon.
La señora Otis la estrechó apasionadamente entre sus brazos.
El duque casi la ahogó con sus besos, apasionados, y los gemelos ejecutaron una danza de guerra salvaje
alrededor del grupo.
-¡Por Dios, hija! ¿Dónde estabas? -dijo míster Otis, bastante enfadado, creyendo que les había querido
dar una broma pesada-. Cecil y yo hemos recorrido toda la comarca en busca tuya, y tu madre ha estado a
punto de morirse de espanto. No vuelvas a dar bromas de ese género a nadie.
-¡Menos al fantasma, menos al fantasma! -gritaron los gemelos continuando sus brincos.
-Hija mía querida, gracias a Dios que te hemos encontrado; ya no nos volveremos a separar -murmuraba
la señora Otis besando a la muchacha, toda trémula y acariciando sus cabellos de oro, que se veían despeinados.
-Papá -dijo dulcemente Virginia-, estaba con el fantasma. Ha muerto ya. Es preciso que vayáis a verle.
Fue muy malo, pero se ha arrepentido sinceramente de todo lo que había hecho y antes de morir me ha dado
esta caja de joyas. Toda la familia la contempló muda y asombrada, pero ella tenía un aire muy circunspecto
y muy serio. En seguida, dando media vuelta, les precedió a través del hueco de la pared y bajaron
por un corredor secreto y angosto.
Washington les seguía llevando una vela encendida que cogió de la mesa. Por fin, llegaron a una gran
puerta de roble con clavos recios y oxidados.
Virginia la tocó, y entonces la puerta giró sobre sus goznes enormes y se hallaron en una habitación estrecha
y con bajo techo abovedado, y que tenía una ventanita enre'ada. Junto a una gran argolla de hierro
empotrada en el muro, a la cual estaba encadenado se veía un esqueleto, extendido cuan largo era sobre las
losas.
Parecía estirar sus dedos descarnados, como intentando llegar a un plato y a un cántaro, de forma antigua,
colocados de tal forma que no pudiese alcanzarlos. El cántaro había estado lleno de agua indudablemente,
pues tenía su interior tapizado de moho verde. Sobre el plato no quedaba más que polvo.
Virginia, arrodillada junto al esqueleto y, uniendo sus finas manos, comenzó a rezar en silencio, mientras
la familia contemplaba con asombro la horrible tragedia, cuyo secreto se les acababa de revelar.
-¡Oigan! -exclamó de pronto uno de los gemelos, que había ido a mirar por la ventanita, queriendo adivinar
hacia qué lado del edificio caía aquella habitación-. ¡Oigan! El antiguo almendro, que estaba seco, ha
florecido. Se ven admirablemente las flores a la luz de la luna.
-¡Dios le ha perdonado! -dijo gravemente Virginia, levantándose. Y un magnífico resplandor parecía
iluminar su rostro.
-¡Eres un ángel! -exclamó el joven duque rodeándole el cuello con el brazo y besándola.


CAPITULO VII


Cuatro días después de estos curiosos sucesos, a eso de las once de la noche, salía un fúnebre cortejo de
Canterville House.
La carroza iba arrastrada por ocho caballos negros, cada uno de los cuales llevaba adornada la cabeza con
un gran penacho de plumas de avestruz, que se inclinaban como saludando.
La caja de plomo iba cubierta con un rico paño púrpura, sobre el cual estaban bordadas en oro las armas
de los Canterville.
A cada lado del carro y de les coches marchaban los criados, llevando antorchas encendidas. Toda aquella
comitiva tenía un aspecto grandioso e imponente.
Lord Canterville presidía el duelo; había venido del País de Gales expresamente para asistir al entierro y
ocupaba el primer coche con la pequeña Virginia.
Después iban el ministro de los Estados Unidos y su esposa, y detrás Washington y los dos muchachos.
En el último coche iba la señora Umney. Todo el mundo convino en que después de haber sido atemorizada
por el fantasma por espacio de más de cincuenta años, tenía realmente derecho a verle desaparecer
para siempre.
Cavaron una profunda fosa en un rincón del cementerio, precisamente bajo el tejo centenario, y dijo las
últimas oraciones, del modo más solemne, el reverendo Augusto Dampier.
Una vez terminada la ceremonia, los criados, siguiendo una an*igua costumbre establecida en la familia
Canterville, apagaron sus antorchas.
Luego, al bajar la caja a la fosa, Virginia se adelantó, colocando encima de ella una gran cruz hecha con
flores de almendro, blancas y rosadas.
En aquel momento salió la luna de detrás de una nube e inundó el cementerio con sus rayos de silenciosa
plata, y de un bosquecillo cercano se elevó el canto de un ruiseñor.
Virginia recordó la descripción que le hizo el fantasma del jardín de la muerte; sus ojos se llenaron de lágrimas
y apenas pronunció una palabra durante el regreso a la casa.
A la mañana siguiente, antes que lord Canterville partiese para la ciudad, la señora Otis conferenció con
él respecto de las joyas entregadas por el fantasma a Virginia.
Eran magníficas. Había sobre todo un collar de rubíes, en una antigua montura veneciana, que era un espléndido
trabajo del siglo XVI, y el conjunto representaba tal cantidad que míster Otis sentía grandes escrúpulos
en permitir a su hija el aceptarlas.
-Milord -dijo el ministro-, sé que en este país el concepto de vanos muertas, se aplica lo mismo a los objetos
menudos que a las tierras, y es evidente, evidentísimo para mí, que estas joyas deben quedar en poder
de usted como legado de familia. Le ruego, por lo tanto, que consienta en llevárselas a Londres, considerándolas
simplemente como una parte de su herencia que le fuera restituida en circunstancias extraordinarias.
En cuanto a mi hija, no es más que una chiquilla, y hasta hoy, me complace decirlo, siente poco
interés por esas futilezas de lujo superfluo. He sabido igualmente por la señora Otis, cuya autoridad no es
despreciable en cosas de arte, dicho sea de paso, pues ha tenido la suerte de pasar varios inviernos en Boston
cuando era una jovencita, que esas piedras preciosas tienen un gran valor monetario y que'si se pusieran
en venta producirían una bonita suma. En estas circunstancias, lord Canterville, reconocerá usted, indudablemente, que no puedo permitir que queden en manos de ningún miembro de mi familia. Además de que
todas esas baratijas y chucherías y todos esos jugetes, por muy apropiados y necesarios que sean a la dignidad
de la aristocracia británica, estarían fuera de lugar entre personas educadas de acuerdo con los severos
principios, según los inmortales principios, pudiera decirse, de la sencillez republicana. Quizá me atrevería
a decir que Virginia tiene gran interés en que le deja usted la cajita que encierra esas joyas en recuerdo de
las locuras y de los infortunios de su antepasado. Y como esa caja ya es muy vieja y, por consiguiente, deterioradísima,
quizá encuentre usted razonable acoger favorablemente su deseo. En cuanto a mí, confieso
que me sorprende grandemente ver a uno de mis hijos demostrar interés por una cosa de la Edad Media, y
la única explicación que le encuentro es que Virginia nació en un barrio de Londres, a poco de regresar la
señera Otis de una excursión a Atenas.
Lord Canterville escuchó con gran atención y muy serio el discurso del digno ministro, atusándose de
vez. en cuando su bigote gris, para ocultar una sonrisa involuntaria.
Una vez que hubo terminado míster Otis, le estrechó cordialmente la mano y contestó:
-Mi querido amigo, su encantadora hija ha prestado un servicio importantísimo a mi desgraciado antecesor,
sir Simón. Mi familia y yo estamos llenos de gratitud hacia ella por su maravilloso valor y por la
sangre fría que ha demostrado. Las joyas le pertenecen, sin duda alguna, y creo que si tuviese yo la suficiente
insensibilidad para quitárselas, el viejo malvado saldría de su tumba al cabo de quince días para
hacerme la vida infernal. En cuanto a que sean joyas de familia, no podrían serlo sino después de estar especificadas
como tales en un testamento en forma legal, y la existencia de estas joyas permaneció siempre
ignorada. Le aseguro que son tan mías como de su mayordomo. Cuando miss Virginia sea mayor, creo que
le encantará tener cosas tan lindas para lucir. Además, míster Otis, olvida usted que adquirió el inmueble y
el fantasma bajo inventario. De modo que todo lo que pertenece al fantasma le pertenece a usted. A pesar
de las pruebas de actividad que ha dado sir Simón por el corredor, no por eso deja de estar menos muerto,
desde el punto de vista legal, y su compra le hace a usted dueño de lo que le pertenecía a él.
Míster Otis se quedó muy preocupado ante la negativa de lord Canterville, y le rogó que reflexionara
nuevamente su decisión; pero el excelente par se mantuvo firme y terminó por convencer -al ministro de
que aceptase el regalo del fantasma.
Cuando en la primavera de 1890 la duquesa de Cheshire fue presentada por primera vez en la recepción
de la reina, con motivo de su casamiento, sus joyas fueron tema de general comentario y admiración. Porque
Virginia fue agraciada con la diadema que se otorga como recompensa a todas las americanitas de buena
conducta, y se casó con su novio en cuanto éste llegó a la mayoría de edad.
Eran ambos tan simpáticos y agradables, y además se amaban de tal manera, que no hubo quien no estuviese
encantado con aquel matrimonio, menos la anciana marquesa de Dumbleton que había hecho todo lo
posible por “pescar” al joven duque casarle con alguna de sus siete hijas. Para conseguirlo no dio menos de
tres comidas costosísimas; y, cosa extraña de notarse, míster Otis en cierto modo la había ayudado. Míster
Otis sentía una viva sîmpatía personal por el duque, pero teóricamente era enemigo de los títulos nobiliarios
y, según sus propias palabras: “era de temer que, entre las influencias enervantes de una aristocracia ávida
de placeres, llegase a olvidar su hija los verdaderos principios de la sencillez republicana”.
Sus observaciones quedaron olvidadas cuando avanzó por la nave central de la iglesia de San Jorge, en
Hanover Square, llevando a su hija, apoyada en su brazo, hacia el altar. No había en esos momentos un
padre más orgulloso en todo el territorio de Inglaterra.
El duque y la duquesa, pasada ya la luna de miel, regresaron a Canterville Chase; y al día siguiente de su
llegada, por la tarde, fueron a dar una vuelta por el cementerio solitario del atrio de la iglesia próxima al
pinar.
Al principio, se había tenido una serie de dificultades acerca de la inscripción que debería figurar en la
lápida de sir Simón, pero al fin se decidió grabar sólo las iniciales del nombre de aquel caballero ylos versos
que estaban escritos sobre la ventana de la biblioteca. La duquesa trajo consigo un ramo de rosas precioso
y lo dejó sobre la tumba; y después de permanecer unos momentos de pie, caminaron dirigiéndose
hacia el claustro en ruinas de la vieja abadía; la duquesa se sentó sobre el caído pilar de una columna,
mientras que su esposo, descansando a sus pies, fumaba un cigarrillo contemplando a su esposa y mirando
sus bellos ojos. De pronto, tiró el cigarro, le tomó la mano y le dijo:
-Virginia, una buena esposa nunca debe tener secretos para su esposo.
-¡Querido Cecil! Yo no tengo secretos para ti.
-Sí que los tienes -contestó él sonriendo-. Nunca me has contado lo que te pasó mientras estuviste encerrada
con el fantasma.
-Nunca se lo he contado a nadie, Cecil -dijo Virginia con una actitud reposada y seria.
-Ya lo sé, pero a mí podrías decírmelo.
-Por favor no me preguntes, Cecil; no puedo decírtelo. ¡Pobre sir Simón! Le debo mucho. Sí, no te rías,
Cecil, de veras, mucho le debo. Me hizo ver lo que era la vida, y lo que significa la muerte; y por qué el
amor es más fuerte que ambas.
El duque se levantó inclinándose para besar amorosamente a su esposa.
-Puedes guardarte tu secreto mientras pueda ser yo el dueño de tu corazón -murmuró.
-Ese siempre ha sido tuyo, Cecil.
-Y algún día se lo contarás a nuestros hijos, ¿no es verdad? Virginia se sonrojó.


FIN DE
«EL FANTASMA DE CANTERVILLE»

POE // CUATRO BESTIAS EN UNA: EL HOMBRE CAMELEOPARDO

Edgar Allan Poe
Cuatro Bestias en Una: El Hombre Cameleopardo




"Xerxes" (Crebillón)

Antíoco Epífanes es generalmente visto como el Gog del profeta Ezequiel. Este honor
es, empero, más propiamente atribuido a Cambises, el hijo de Ciro. Y ciertamente el
caracter del monarca sirio no necesita ningún otro ornamento. Su acceso al trono, o
mejor dicho, su usurpación de la soberanía, unos ciento setenta años antes de Cristo;
su intento de saquear el templo de Diana en Efeso; su implacable hostilidad hacia los
Judíos; su profanación al Santo de los Santos; y su miserable muerte en Tebas, luego
de un tumultuoso reinado de once años, son circunstancias bastante relevantes, y
generalmente han sido mucho más reportadas por los historiadores de esta época, que
su impía, vil, cruel, tonta y antojadiza conjunción de hechos que hicieron el sumatoria
de su vida privada y reputación.
Vamos a suponer, amado lector, que estamos ahora en el año tres mil ochocientos
treinta, y vamos, por unos minutos, a imaginarnos a nosotros mismos dentro de una
de las más grotescas habitaciones humanas, la remarcable ciudad de Antioquía. Se
asegura que en Siria y otras naciones, hubo dieciséis ciudades con el mismo nombre,
aparte de la que estoy aludiendo particularmente. Pero la nuestra es aquella
denominada Antioquía Epidafne, por su vecindad con el pequeño pueblo de Dafne,
donde tenemos un templo dedicada a tal divinidad. Fue construído por (hay, sin
embargo, alguna disputa sobre esta materia) Seleuco Nicanor, el primer rey del país
después de la muerte de Alejandro Magno, en memoria de Antíoco, su padre, y se
convirtió inmediatamente en residencia de la monarquía siria. En los tiempos
florecientes del Imperio Romano, fue una usual estación del prefecto de las provincias
de Medio Oriente; y muchos de los emperadores pasaron aquí gran parte de sus
tiempos. Pero percibo que hemos llegado a la ciudad misma. Pero, ascendamos por su
almenaje, y lancemos nuestra vista sobre el pueblo y los vecinos.
¿Qué río ancho y rápido es que fuerza su camino, con innumerables saltos, a través de
las salvajes montañas, y finalmente a través de las salvajes construcciones?
Es el Orontes, y es la única traza de agua a la vista, con la excepción del Mediterráneo,
que se expande, como un ancho espejo, a través de doce millas hacia el sur. Todos
han visto el Mediterráneo, pero déjenme decirles, hay algunos que han dado miradas
furtivas sobre Antioquía. Estos, unos pocos, como usted y yo, han tenido, al mismo
tiempo, las ventajas de una moderna educación. Por consiguiente desisten de
reconocer el mar, y prestan completa atención a la masa de casas que permanecen
bajo nuestro. Ustedes recordarán que es el año del mundo tres mil ochocientos treinta.
Donde más tarde, por ejemplo, en el año de nuestro Señor mil ochocientos cuarenta y
cinco, no tendríamos tal extraordinario espectáculo. En el Siglo Diecinueve Antioquía
está -o mejor tendríamos que decir, estará- e un lamentable estado de decaimiento.
Ha estado, para esta época, totalmente destruída, en de tres diferentes períodos, por
tres terremotos sucesivos. Por consiguiente, al decir verdad, lo poco que pudo haber
quedado, será encontrado en un estado tan desolado y ruinoso que el patriarca debería
mudar su residencia a Damasco. Esto está bien. Veo que aprovecha mi consejo, y
dedica la mayoría de su tiempo a reconocer los lugares para
... Satisfacer vuestros ojos
Con las memorias y las cosas famosas
Que más honran a esta ciudad.
Le pido perdón; había olvidado que Shakespeare no florecería hasta dentro de
diecisiete siglos y medio. Pero ¿la apariencia de Epidaphne no me justifica en llamarla
grotesca?
"Está bien fortificada; y a este respecto, está tan en deuda con la naturaleza como con
el arte."
Muy cierto.
"Hay un gran número de palacios estatales."
Los hay.
"Y los numerosos templos, suntuosos y magníficos, pueder ser tranquilamente
comparados con los más laudados de la antigüedad."
Todo esto tengo que admitirlo. Aún tenemos una infinidad de chozas de barro, y
caramancheles abominables. No podemos sino percibir abundancia de suciedad en
cada esquina, y, no sería por el poderoso humo de idólatras inciensos, no tendría duda
que encontraríamos una intolerable pestilencia. ¿Alguna vez vio calles tan
insufriblemente estrechas, o casas tan milagrosamente altas? ¡Qué lóbrega se ven sus
sombras proyectadas sobre el piso! Es que si no fuera que las lámparas pendientes de
las interminables columnatas son mantenidas encendidas aún de día, tendríamos sin
duda la oscuridad del Egipto en el tiempo de la desolación.
"¡Ciertamente es un lugar extraño! ¿Cuál es el significado particular de todas estas
singulares construcciones? ¡Mire! Son torres encima de otras, y todas apuntan hacia lo
que yo tomo por el Palacio Real."
Este es el nuevo Templo del Sol, que es adorado en Siria bajo el título de Elah
Gabalah. Más adelante, un notorio Emperador Romano instituiría su culto en Roma, y
consecuentemente tomó del mismo su apodo: Heliogábalo. Me atrevo a decirle que
eche un vistazo a la divinidad dentro del templo. No necesitará mirar hacia arriba, al
cielo; su arca no está arriba, al menos no el arca adorada por los sirios. Esta deidad es
encontrada en el interior de aquella construcción. Es adorada bajo la figura de un gran
pilar que está en la punta de un cono o pirámide, donde se connota el fuego.
"¡Escucha! ¿Quién puede de aquellos ridículos seres, estar, medio desnudo, con su
rostro pintado, gritando y gesticulando al gentío?"
Algunos son charlatanes de feria. Otros pertenecen a la raza de los filósofos. La
mayoría, empero, aquellos especialmente que machacan al populacho con palos, son
los principales cortesanos del palacio, ejecutando como tarea pesada, alguna laudable
vis cómica del rey.
"¿Pero, qué tenemos aquí? ¡Cielos! ¡El pueblo es abarrotado junto a bestias salvajes!
¡Qué terrible espectáculo, de peligrosa extravagancia!"
Terrible, con su permiso; pero no tanto como para ser peligroso. Cada animal si usted
se toma la molestia de observar, está siguiendo, muy tranquilamente, a su amo.
Algunos pocos son guiados con sogas alrededor del cuello, pero estos son mayormente
los menos o solamente especies tímidas. El león, el tigre, y el leopardo están
enteramente sin ningún freno. Todos han sido entrenado sin dificultad para la presente
profesión, y siguen a sus respectivos dueños como si fueran una especie de valets-dechambre.
Es verdad, hay ocasiones en las que la Naturaleza se asegura sus dominios
violadosl pero por entonces si un hombre era devorado o si un toro consagrado era
sacrificado, eran circunstancias de muy poca monta para ser menos que inferiores en
Epimanes.
"¿Pero, qué extraordinario tumulto escucho? Seguramente este es un ruido alto para la
ciudad. Debe ser el principio de alguna conmoción de inusual interés."
Si, indudablemente. El rey ha ordenado algún espectáculo novel, algunas exhibiciones
de gladiadores en el hipódromo, o quizás la masacre de los prisioneros escitas, o la
incendio de su nuevo palacio, o la demolición de algún enorme templo, o tal vez la
muerte en la hoguera de algunos judíos. Los gritos se acrecientan. Los alaridos de
risas ascienden a los cielos. El aire se vuelve disonante con instrumentos de viento, y
horrible con el clamor de un millón de gargantas. Dejémoslo descender, por amor a la
diversión, y veamos que pasa. ¡Pero cuidado! Aquí estamos en la calle principal, la
calle de Timarco. Un mar de gente viene por esta vía, y encontraremos una gran
dificultad en detener la ola. Ellos vienen desbordando el callejón desde la calle
Heracles, que desemboca directamente en el palacio. Por consiguiente, debe ser
probable que el Rey esté entre los alborotadores. Si, escucho los gritos del líder
proclamando su advenimiento en la pomposa fraseología del Este. Debemos echar un
vistazo a esta persona cuando pase por el templo de Ashimah. Podemos
salvaguardarnos en el vestíbulo del santuario; él estará aquí enseguida. En mientras
podemos examinar esta imagen. ¿Qué es? ¡Oh! Es el dios Ashimah en persona. Tú lo
percibes, sin embargo, que no es un cordero, ni una cabra ni un sátiro ni tampoco el
dios Pan de los Arcadianos. Aún todas estas apariencias han sido dadas, pido perdón,
serán dadas, por los entendidos de futuras épocas, al dios Ashimah de los sirios. Ponlo
en tus lentes, y dime que es. ¿Qué es?
"¡Dios bendito! ¡Es como un mono!"
Cierto, como un babuino; pero de ninguna manera es menos que una deidad. Su
nombre es una derivación del griego Simia, (¡que grandes tontos son los arqueologos!)
¡Pero mira! ¡Mira! Aquel pilluelo harapiento que corre a toda prisa. ¿A dónde va? ¿Por
qué está llorando? ¿Qué es lo que dice? ¡Oh! ¡Dice que el rey está viniendo triunfante;
que está vestido de protocolo; que acaba de dar muerte, con sus propias manos, a un
centenar de israelitas encadenados! A raíz de esta hazaña, el mendigo está loándolo
hasta los cielos. ¡Escucha! Aquí viene una tropa. Han hecho un himno latino sobre el
valor del rey, y lo están cantando a medida que marchan.

Mille, mille, mille,
Mille, mille, mille,
Decollavimus, unus homo!
Mille, mille, mille, mille, decollavimus!
Mille, mille, mille,
Vivat qui mille mille occidit!
Tantum vini habet nemo
Quantum sanguinis effudit!

Lo que puede ser interpretado como:
¡Ciento, ciento, ciento,
Ciento, ciento, ciento,
Nosotros, con un guerrero, hemos matado!
¡Ciento, ciento, ciento, ciento, cantamos ciento de nuevo!
¡Viva! Cantemos
Larga vida a nuestro rey,
Quien golpea a un centenar tan valiente
¡Viva! Bramemos,
Él nos ha dado más
Galones de sangre
Que todas las jarras de vino de Siria!
"¿Puedes escuchar el sonido de las trompetas?"
Si: ¡el rey está llegando! ¡Mira! La gente está pasmada de admiración, y abren sus
ojos al cielo en reverencia. ¡Él viene, está viniendo, aquí está!
"¿Quién? ¿Dónde? ¿El rey? No puedo verlo, no puedo decir que lo esté percibiendo."
Entonces tú debes estar ciego.
"Es muy posible. No veo nada más que un tumultuoso tropel de idiotas y locos, que se
postran ante un gigantesco cameleopardo, y se esfuerzan para darle un beso en las
patas del animal. ¡Mira! La bestia acaba de patear a uno de los de la chusma, luego a
otro y a otro. Ciertamente no puedo dejar de admirar al animal por la excelente
utilización que hace de sus patas."
¡Gentuza! ¡Por qué estos son los ciudadanos nobles y libres de Epidaphne! ¿A qué
bestias te refieres? Te cuidado que no seas oído por casualidad. ¿No percibes que el
animal tiene el rostro de un hombre? ¡Por qué, mi querido señor, este cameleopardo
no es otro que Antíoco Epífanes, Antíoco el Ilustre, Rey de Siria, el más potente de
todos los autócratas del Oriente! Es verdad, que también es nombrado, a veces, como
Antíoco Epimanes, Antíoco el loco, pero es a causa de que toda la gente no tiene la
capacidad de apreciar sus méritos. Es también cierto que en este momento está
camuflado bajo la piel de una bestia, y está haciendo su mejor intento por interpretar
el rol de un cameleopardo; pero esto lo hace para el mejor mantenimiento de su
dignidad real. Además, el monarca posee una gigantesca estatura, y sus vestiduras,
por consiguiente, no son nunca indecorosas ni tampoco muy grandes. Nosotros
podemos, sin embargo, presumir que podría haberlas adoptado por alguna ocasión
especial. Tal, si me permites, la masacre del centenar de judíos. ¡Con que dignidad
superior, el monarca deambula en cuatro patas! Su cola es sujetada, como tu puedes
percibir, por sus dos concubinas principales, Elina y Argelais; y su presencia sería
mucho más agradable si no fuera por las protuberancias de sus ojos, que parecen
ciertamente arrancar fuera de su cabeza, y el excéntrico color de su rostro es
indescriptible a causa de la gran cantidad de vino que ha ingerido. Sigámosle al
hipódromo, adónde se está encaminando, y escuchemos el cántico triunfal que acaba
de comenzar:
¿Quién es el Rey sino Epífanes?
Dilo si lo sabes
¿Quién es el Rey sino Epífanes?
¡Bravo! ¡bravo!
No hay nadie como Epífanes,
No, no hay nadie como él.
¡Así que destruye el templo,
Y póstrate al sol!
¡Una buena y vigorosa canción! El populacho lo vitorea como el 'Príncipe de los Poetas',
también como 'Gloria del Oriente', 'Placer del Universo' y como 'Más Admirable de los
Cameleopardos'. Ellos han entonado su efusión, ¿los escuchas? Ahora lo cantan de
nuevo. Cuando arriba al hipódromo, será coronado con la corona de los poetas,
anticipadamente por su victoria en las próximas Olimpíadas.
"¡Pero, buen Jupiter! ¿Qué sucede con la multitud a nuestras espaldas?"
¿Qué dices? ¡Oh, ah! Ya veo, mi amigo. Es bueno que hables a tiempo. Vayamos a un
lugar seguro lo más rápido posible. ¡Aquí! Ocultémonos bajo el arco de este acueducto,
y te diré en un momento acerca del origen de esta conmoción. Se volvió como lo había
anticipado. La singular apariencia del cameleopardo y la cabeza de un hombre,
hubieron, en apariencia, realizado alguna ofensa a las nociones de diversión decente,
en general, por los animales salvajes domesticados en la ciudad. Como resultado se ha
desatado un motín, y, como es usual en estos casos, todos los esfuerzos humanos son
inútiles para mitigar a la turba. Varios de los sirios han sido devorados; pero la voz
general de los patriotas cuadrúmanos parece ser la de comer al cameleopardo. 'El
Príncipe de los Poetas', por consiguiente, debe correr por su vida. Sus cortesanos le
han dejado solo, y sus concubinas han seguido tal excelente ejemplo. 'El Placer del
Universo' ¡qué arte para tal triste prédica! 'Gloria del Oriente' ¡qué arte para qué
peligro de masticación! En consecuencia nunca miró tan lastimosamente su cola; iba a
ser arrastrado indudablemente hacia el fango, y no había nadie que le ayude. No mires
detrás tuyo a esta inevitable degradación; pero ten coraje, emplea tus piernas con
vigor, ¡y vete del hipódromo! Recuerda a este Antíoco Epífanes. Antíoco el Ilustre,
también 'Príncipe de los Poetas', 'Gloria del Oriente', 'Placer del Universo', y el 'Más
Admirable de los Cameleopardos'. ¡Cielos! Qué rapidez estás desplegando! ¡Qué
capacidad de huida que demuestras! ¡Corre, Príncipe! ¡Bravo, Epífanes! Bien hecho,
Cameleopardo. ¡Glorioso Antíoco! ¡Corre! ¡Brinca! ¡Vuela! ¡Cómo una flecha lanzada de
una catapulta, él escapa del hipódromo! ¡Cabriola! ¡Grita! ¡Está ahí! Esto es bueno; por
que has sido 'Gloria del Oriente', y has sido el segundo en alcanzar las puertas del
Anfiteatro, ya que no hay cachorro de oso en Epidaphne que no hubiese roído tu
osamenta. Salgamos, ¡marchémonos!, ya que no podremos con nuestros oídos
modernos siquiera soportar el vasto estruendo que está por comenzar para celebrar el
escape del rey. ¡Escucha! Ya ha comenzado. ¡Mira! Toda la ciudad está revuelta.
"¡Seguro, esta es la ciudad más populosa del este! ¡Qué cantidad de gente! ¡Qué
conglomeración de personas de todas las edades! ¡Qué multiplicidad de sectas y
naciones! ¡Qué variedad de vestimentas! ¡Qué Babel de lenguajes! ¡Qué rugidos de
bestias! ¡Qué tintineo de instrumentos! ¡Qué parcela de filósofos!"
Vamos, debemos irnos.
"¡Espera un momento! Veo una vasta barahúnda en el hipódromo; ¿cuál es el
significado de esto?, te suplico me digas."
¿Eso? ¡Oh, no es nada! Los nobles y los ciudadanos libres de Epidafne estando, como
ellos declararon, satisfechos con la fe, valor, sabiduría y divinidad de su rey, y
teniendo ocasión de presenciar, además, su reciente agilidad sobrehumana, piensan
que deben ceñirle la frente (en añadidura a su corona poética) con el lauro de la
victoria en la carrera pedestre, un lauro que es evidente que él deberá obtener durante
las próximos Juegos Olímpicos, y que, por consiguiente, está consiguiendo
anticipadamente.

martes, 8 de mayo de 2007

LACRIMOSA // LETRAS CANCIONES // VIDEOS Y ENLACES

LACRIMOSA

Lacrimosa es un grupo de Gothic Metal formado en Alemania, Mezclan estilos musicales como elementos del Metal mezclados con violines, trompetas y otros instrumentos clásicos. Sus letras están escritas principalmente en alemán, aunque algunos de sus álbumes tienen contenido en inglés y finlandés. Sus canciones tratan sobre la soledad, la tristeza, la oscuridad, la desesperación y el amor.
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Enlaces LACRIMOSA
Página oficial del grupo
Lacrimundo.net Fanweb con mucha información y descargas de Lacrimosa
El legendario sitio de Bresso :: Todo sobre Lacrimosa
Lacrimosa Forever Official Mexican Fanclub
Lacrima Mosa: FanClub de Lacrimosa
Stolzes Herz Lacrimosa Mexico: La mejor comunidad de Lacrimosa en Mexico
Disco tributo a Lacrimosa

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El primer disco de Lacrimosa, Angst, es un disco de música minimalista, lenta, dominada por el sonido del teclado y con una voz depresiva. En estos días iniciales de la banda, los temas explorados en las letras y la música son poco prometedores como el miedo, la falta de ayuda, la soledad, la no existencia, la inexistencia de amor y la muerte. Las mismas preocupaciones se encuentran en sus siguientes tres discos: Einsamkeit, Satura e Inferno, pero de una forma más positiva que en el debút. Musicalmente, este periodo se caracteriza por la introducción de guitarras y bajos eléctricos, añadiendo más elementos de rock a la música de teclado de su primer álbum.

Es en Stille cuando Lacrimosa publica un álbum que se puede calificar como 'metal'. Las guitarras características del heavy metal complementan los arreglos más rimbombantes de elementos e instrumentos clásicos que dominan la música, creando un sonido parecido a grupos como Therion. Temáticamente, el énfasis en el lado oscuro de los sentimientos humanos es casi abandonado, con varias canciones alegres. "Stolzes Herz" ("Corazón orgulloso") y "Die Strasse der Zeit" ("El Camino del Tiempo") ensalzan la fuerza cultural y personal. "Die Strasse der Zeit" describe un viaje al revés durante una historia de guerra, codicia y estupidez, hasta que el protagonista encuentra consuelo en la cultura de la antigua Grecia.

El siguiente álbum, Elodia, reduce el poder de las guitarras, centrándose en los elementos sinfónicos, de los cuales unos cuantos fueron grabados por la Orquesta Sinfónica de Londres. Concebido como una obra en tres partes, Elodia se interna en el tema más popular de la historia de la música, el amor. La atmósfera gótica está presente, sin embargo, las letras sobre la pérdida y la muerte aparecen en la última parte del álbum, el cual acaba, sin embargo, con una afirmación hacia la esperanza.

El estilo musical de Elodia está presente en el disco de 2001 Fassade, el cual contiene una gran cantidad de visiones musicales diferentes, desde el duro sonido metálico de "Liebesspiel" ("Juego de amor") hasta los tranquilos teclados de "Senses" pasando por el interludio sinfónico entre las guitarras y la orquesta en la canción homónima "Fassade".

Echos es el testigo de un progreso musical de la banda, en el cual los elementos metálicos y rock desaparecen progresivamente para ir dando más relevancia a los elementos clásicos. Los arreglos de orquesta se apartan de los clásicos elementos sinfónicos que se pueden encontrar en la música metal actual, como se puede apreciar en la primera pista del disco "Kyrie - Overture". La música de Echos también deja entrever una influencia de la música industrial electrónica como es obvio en la canción "Ein Hauch von Menschlichkeit".

El desarrollo musical de Lacrimosa se puede resumir así: comenzando por la música lenta y minimalista centrada en los teclados de Angst, las guitarras y otros elementos metal se añadieron poco a poco hasta llegar a su culmen en Stille. Desde ese momento, el énfasis cambió de los elementos metálicos a una composición más clásica, claramente caracterizada en Fassade. Finalmente, Echos da un nuevo giro apartándose de los elementos metálicos y clásicos anteriores, produciendo un estilo musical difícil de describir. El desarrollo de Lacrimosa musicalmente es tranquilo, donde cada álbum tiene una conexión musical con su predecesor y su sucesor, aunque discos como Angst, Stille y Echoes podrían haber sido perfectamente publicados por bandas muy distintas.

Lichtgestalt fue publicado en el año 2005. En este álbum, el contenido vuelve a hacer énfasis en temas amorosos, formulándolos con elementos de la música clásica y a la vez del metal, este último casi desparecido de la anterior producción Echos. Las canciones de Lichtgestalt ciertamente alcanzan momentos de calidad indiscutible, si bien con algunas caídas estéticas que vienen a ser recuerdos reformulados y trabajados en canciones de otros discos, quizá siguiendo una especie de fórmula lacrimosa en orden a obtener un sonido cercano al de discos históricos como Stille o Fassade. Estos lastran la potencia musical de los mejores temas, hasta el punto de poderlo definir como anquilosamiento estilístico. Sin embargo, la falta de renovación que se percibe en todo el disco podría ser el signo de un trabajo de transición.


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Lacrimosa:
Tränen Der Existenzlosigkeit (en español)
Stolzes herz (en español)
The Phantom Of The Opera (en español)
Alleine zu zweit (en español corregida)
Durch Nacht Und Flut (en aleman y español)
Fassade - 1. satz (en español) *
Sacrifice (en español) *
Halt Mich (en español)
Alles Lüge (en español)
Copycat (en español corregida)
Lichtgestalt (en español corregida)
Ruin (en español)
Darkness (en español)
Warum So Tief ? (en español) *
Mi segundo corazón
Tränen Der Sehnsucht (en español) *

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LETRA ' TRÄNEN DER SEHNSUCHT (EN ESPAÑOL) '


Un niño se tira a dormir en la tierra
Era un día de miedo
Cuantas veces cayó al suelo?
Cuantas veces se rió de dolor?
Cuantas veces se gritó a sí mismo?
Y desde cuando ya que era mudo
El último dolor del alma herida
Un miedo sensato al amor
Lagrimas del silencio - máscaras en el rostro
Las luces crean sombras y lo ponen a la luz
Y aquí el niño parado
con lagrimas en el rostro
Las luces crean sombras y lo ponen a la luz
La noche dio luz a su niño más pequeño
Un sueño del amor, de su deseo
Un sueño de los ojos - no de las manos
Un sueño para soñar - no para vivirse
Pero los ojos del niño no conocían la belleza
Eran demasiado debiles para el asombro
Y la primera luz del sol matinal
La mañana no llegó para el niño
Por que en la mañana, estaba ciego
Mientras, sus manos envejecieron y sus manos, nunca fueron.
Lagrimas del silencio - máscaras en el rostro
Las luces crean sombras y lo ponen a la luz
Se tienta en dar la explicación mientras se rompe
Lagrimas del anhelo - máscaras sobre el rostro
Y aquí está el niño parado
Con lagrimas en el rostro
Lagrimas del anhelo
Lagrimas del anhelo

Lacrimosa




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LETRA ' MI SEGUNDO CORAZÓN '



"Mi segundo corazón"

¿Quién está tratando de engañar ahora?
¿Quién estás tratando de esconder?
¿No soy un ser humano
hecho de sangre y hueso?
¿Soy solo un sueño?
El alma efusiva
¿No tengo corazón?
Entonces tengo dos
Permaneciendo destrozado por la vanidad
torturado en la realidad
un oscuro angulo de mi sonrisa
cuan claramente mis reflejos aparecen
y cuan deformado aparezco a mi mismo
cuan superficialmente un espejo dibuja mi rostro
y como las capas se abren y dice:
"si tu besas y piensas en asesinar
mi segundo corazón -no te preocupes
te cubriré diariamente
protegerte - como tú lo haces siempre
sólo has tus deberes hasta que nadie te reconozca y escuche!
Tan estupido que me abrí a mi mismo una vez
tan estupido que no mentí calladamente
tarde, sin embargo he reconocido
que tú - mi derecho corazón - siempre amó al izquierdo

Lacrimosa




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LETRA ' WARUM SO TIEF ? (EN ESPAÑOL) '



Silencioso una vez mas – totalmente desvalido – y avergonzado
Y hoy, yo vengo antes que ella…
Y entonces vengo una vez mas, antes que tu
el miedo de madre y el dolor de padre
no un niño adoptado – tu sangre fluye por mis venas
tu sangre, es mi sangre tambien
Solo una vez sin miedo al dolor – creí que podía escapar
escapar de ti y de mi
pero, ella se dibujo mas en mi
aun mas yo te vi en mi
Porque tan profundo – y porque de todas las veces ahora?
Porque antes ella – porque esta ironía?
Por que tan duro – y porque no fácil de vencer?
Realmente debo pagar por cada encuentro
Por siempre con todo mi amor?
Una vez sin el sentimiento de estar perdido para siempre
solo una vez con ella – sin locura en cadenas
pero una vez no puedo negar mi amor por ti
El miedo de madre y el dolor de padre

Porque tan profundamente –
y porque de todas las veces ahora?
Porque antes ella – porque esta ironía?
Por que tan duro – y porque no fácil vencer?
Porque no puedo solo negar tu sangre y hacer mi ataque en vida?
Porque tan profundo –
y porque de todas las veces ahora- dime madre miedosa?
Porque antes ella –
y porque esta ironía – dime padre doliente?
Porque tan duro – y porque no lo he vencido de una vez por todas?
Realmente debo pagar por cada encuentro
por siempre con todo mi amor?

Porque tan profundo?
Y porque tan horrible perdida?
Porque antes ella?
Porque antes ella una vez mas?

Lacrimosa




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LETRA ' DARKNESS (EN ESPAÑOL) '


Oscuridad

Mi corazón - mi amor
Una palabra - y se fue
Quedarse - Yo
Creeré y rezaré

Ver - sentir
Escuchar - Ser e irse
¿Cómo me puedo acercarme a ti?
¿Cómo puedo yo - un Tonto?

La belleza no puede ser vista, solo besada
Tengo tanto amor para dar
¿Pero donde estas tú y cómo alcanzarte?

¿Puedo expresarme - Puedo hablar?
¿Y puedo poner mi cabeza sobre ti?
¡¿Puedo elegir y puedo decir
que te amo?!

Oscuridad me rodea
Mi cabeza hundida
Tus brazos están lejos
Tu respiración me toma
Además - estoy enamorado
Estoy enamorado de ti - pero tú
Estás tan tan lejos de mí
Me mantengo firme
Tus palabras - tu rostro - tu respiración
Tu tacto - tu corazón debería cubrirme
Pero lo único que haces es observarme
Entonces me despido de tu gracia
Y más allá la oscuridad crece
Me guía de regreso a todas mis raíces
El anhelo y el dolor
En oscuridad y desgracia

La belleza no puede ser vista, solo besada
Tengo tanto amor para dar
¿Pero donde estás y cómo alcanzarte?

Lacrimosa




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LETRA ' RUIN (EN ESPAÑOL) '



En una noche plagada de lagrimas
Se rompe el espejo
Asi pasa el viento por los espacios vacios

La vida cambio
Olvido sus restos aqui
Bajo la alfombra me arrastro hacia afuera
Y me veo en el espejo colgado
Muerto, desangrado y medio podrido

Baje desde donde los dioses
Para tirarte hacia arriba
Piedra vieja en la noche obscura
Valle de lagrimas del alma

Te llame
Te mande
Te pedi
Pero con ninguna mirada me has escuchado
Con ninguna palabra has pensado en mi

Me jalaste abajo hacia donde tu estabas
Y mas profundo me hundiste

El silencio pasa esta noche
Por los espacios vacios
Y el silencio ... lo soporto

Lacrimosa




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LETRA ' LICHTGESTALT (EN ESPAÑOL CORREGIDA) '


Soy el aliento en tu piel
soy el terciopelo alrededor de tu cuerpo
soy el beso en tu nuca
y el brillo en tus pestañas
soy la plenitud de tu cabello
soy el rincon de tus ojos
soy la huella de tus dedos
soy la sangre de tus venas
y dia si-dia no fluyo a traves de tu corazon

No importa cuan rapido puedas corrrer
y cuanto consigas alejarte
me llevas contigo
alla donde vayas
hagas lo que hagas
soy una parte de ti

soy el sueño no vivido
soy el anhelo que te persigue
soy el dolor entre tus piernas
soy el grito en tu cabeza
soy el silencio-el miedo de tu alma
soy la mentira-la perdida de tu dignidad
soy el desfallecer- el odio de tu corazon
soy el vacío-en el que un dia te convertiras

No importa cuan rapido puedas corrrer
y cuanto consigas alejarte
me llevas contigo
alla donde vayas
hagas lo que hagas
soy una parte de ti

criatura de luz-en cuyas sombras me estoy convirtiendo

Lacrimosa




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LETRA ' COPYCAT (EN ESPAÑOL CORREGIDA) '



Acercate un poco
y escucha lo que te tengo que decir
ardientes palabras de cólera
de odio y desesperacion

¿que pasa si rompo el silencio?
¿que pasa si perdono el pasado?

se que te resultara gracioso
decirte lo que senti
quiero decir, realmente te ame
es una vergüenza, mi culpa, lo se
pero ¿por qué?-¿por qué?
¿por qué eres tan estupida?
pero ¿por qué?-¿por qué?
¿por qué eres tan estupida?

Jodete tu y tus malditas mentiras
odio tu actitud arrogante
¿por qué has tenido que caer tan bajo?
autentica-imitadora

¿que pasa si rompo el silencio?
¿que pasa si perdono el pasado?

Chupando como un vampiro
la sangre de tus amigos
pero lo siento, mi sangre estaba envenenada
ahora arde en el infierno

mataste el amor
mataste la confianza

¿que pasa si rompo el silencio?
¿que pasa si perdono el pasado?

Lacrimosa




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LETRA ' ALLES LÜGE (EN ESPAÑOL) '



Si se me pregunta voy a mentir
Tengo miedo de la verdad
Si se me cree yo estoy seguro
Pero por arrepentimiento voy a llorar

Mis pensamientos rasgan en la mierda
Pero mis manos estan limpias
Quiero callarme y veo al piso
Y me cuento a mi mismo
Todas mis mentiras

Y solo una risa voy a gritar
Y solo un llanto me lo voy a perdonar
Y solo un deseo voy a pedir
Pero todavia voy a mentir

Y si estoy soñando
Me tengo que arrepentir
Me tengo que desahogar
Y tengo que disculparme

Estoy construyendo un muro
Y me quito la ropa
Estoy construyendo un muro
Y me quito la ropa

Y solo una risa voy a gritar
Y solo un llanto me lo voy a perdonar
Y solo un deseo voy a pedir
Pero todavia voy a mentir

Todo mentira
Todo mentira

Lacrimosa




*******************

LETRA ' HALT MICH (EN ESPAÑOL) '



Despertar del insomne día del sueño vivido
Así soy la victima del anhelo
Despertar de la confianza infantil
Así se abren mis heridas

La vida arde desde el alma
El anhelo cumple valientemente su deber en mi
Abrazame mi vida Abrazame

Mientras el tiempo todavía se mueve
Las manecillas todavía dan vueltas
Yo también deseo dar mis vueltas
Pero la dulzura de mi vida me ha dejado

La vida arde desde el alma
El anhelo cumple valientemente su deber en mi
Abrazame mi vida Abrazame

Lacrimosa




*******************

LETRA ' HALT MICH (EN ESPAÑOL) '



Despertar del insomne día del sueño vivido
Así soy la victima del anhelo
Despertar de la confianza infantil
Así se abren mis heridas

La vida arde desde el alma
El anhelo cumple valientemente su deber en mi
Abrazame mi vida Abrazame

Mientras el tiempo todavía se mueve
Las manecillas todavía dan vueltas
Yo también deseo dar mis vueltas
Pero la dulzura de mi vida me ha dejado

La vida arde desde el alma
El anhelo cumple valientemente su deber en mi
Abrazame mi vida Abrazame

Lacrimosa




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LETRA ' SACRIFICE (EN ESPAÑOL) '




Yo – Yo estuve alguna vez aquí
Ustedes – Asemejan algo frágil Aquí – Estas solo conmigo
Nosotros – Arderemos vivos aquí

Vean – Yo ya estuve alguna vez aquí
Esta piedra – Marca el ardor
Aquí –Ardíamos vivientes
Huyan – Huyan de mis venas

No estoy ciego
Solo un poco quemado
Esperándote estoy
Yo ya he estado aquí antes.

Lacrimosa




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LETRA ' FASSADE - 1. SATZ (EN ESPAÑOL) '



No me miren fijamente!
No soy un animal!
Solo un hombre niño – algo extraño a ti – quizaS
Con ojos y oídos – corazón y emociones
Y una mente aun clara y libre!
Quizás solo soy una sombra
Poniendo oscuridad sobre tus obras
Quizás soy una tormenta
Cuya tranquila lluvia apaga la sed de
muchas semillas en crecimiento
Fabrica - humanos- como maquinas – y observa
ellos marchan – estúpidamente – en pasos y –
todos piensan – que son diferentes-
e independientes – libres y – a cargo de sus vidas
No me miren fijamente
miren profundo dentro de ustedes
no son los otros los culpables y envenenan este mundo
No - cada uno de nosotros que lucha y pelea
y forma esta vida
Y siempre que hablas
Que espíritu habla a través de tus palabras?
Has estado en el abismo entre el corazón y la mente?
puedes decir – esoy aprendiendo quien soy?
Tu terrible simplicidad
creyendo todo lo que has dicho
Naturalmente una autonomía
pero por favor solo dentro de los limites del sistema social
Fabrica- humanos- como maquinas – y observa
Ellos marchan – estúpidamente – en pasos y –
todos piensan – que son diferentes-
e independientes – libres y – a cargo de sus vidas
Porque la mascara?
No hay bastante egoísmo en el mundo?
Suficiente auto-obsesión cubriendo el auto-odio?
No es suficiente que cada uno este para si mismo?
Y nadie entiende que los muros de la soledad
son los muros del egoísmo?
No me miren fijamente!
No soy un animal!
Solo un hombre niño – algo extraño a ti – quizas
Con ojos y oídos – corazón y emociones
Y una mente aun clara y libre!

Lacrimosa




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LETRA ' DURCH NACHT UND FLUT (EN ALEMAN Y ESPAÑOL) '


Herz im Licht
Untragbar in Gestalt
Ich bin Dein Schatten
Du verbrennst mich nicht.
Herz im Geist
Das Leben neu versucht
Benutzt und abgelegt
Herz aus Stein.

Wach auf - ich suche Dich
Brich weit - mein Herz - ich löse Dich
Hoch aus - du Licht
Entflamme mich.
Zu Dir - ich weiss - ich finde Dich

Durch Nacht und Flut - ich spüre Dich
Ich hör Dich rufen - lese Deine Spur
Ich weiss - ich finde Dich
doch finde ich wirklich was ich suche?

Und wenn es Dich berührt
Im Beisein Dich verführt
Folgst Du den Händen
Die zum Tragen Dich erheben.

Und in den Händen
In diesen Armen
Beendest Du der Füsse Lauf
Und Deine Spur versiegt
jetzt und hier.

Wach auf - ich suche Dich
Brich weit - mein Herz - ich löse Dich
Hoch aus - du Licht
Entflamme mich.
Zu Dir - ich weiss - ich finde Dich

Die Suche endet jetzt und hier
Gestein - kalt und nass
Granit in Deiner Brust
Der Stein der Dich zerdrückt
Der Fels der Dich umgibt
Aus dem gehauen Du doch bist.

Wach auf - ich suche Dich
Brich weit - mein Herz - ich löse Dich

Despiertate-te busco
Mi corazon abreté- te libro
Elevate mi luz y prende mi llama
Si a ti ,yo se, te encontrare
a traves de los mares
te siento
te oigo llamar
leo,leo tus huellas
Yo se te encontrare
pero encontrare lo que yo busco
Lo que busco?
a traves de la noche
a traves de los mares

Lacrimosa




*******************

LETRA ' ALLEINE ZU ZWEIT (EN ESPAÑOL CORREGIDA) '


Al final de la verdad
al final de la luz
al final del amor
al final - estás tu
nadie ha sobrevivido
y en todos los días del 'nosotros'
creció la mentira de nuestro amor
y el futuro que nos guió juntos
fue el que nos separó

Solamente - juntos
hemos olvidado como buscarnos
la rutina borró nuestra visión
los sueños sofocaron los sentidos
el orgullo intoxico nuestra mente
y la proximidad nos apartó

Baila - mi vida - baila
baila conmigo
baila conmigo una vez más
en ese puro extasis de un desnudo amor

Y cuando lo veo cuando la tengo
cuando nos veo a los dos,
creo que algo ha sobrevivido
y si encontré fuerza y esperanza
si todavía tengo fé en nosotros
si puedo ocuparme de ella / de el
si puedo tenerla / el volverá a ser el mismo
si pudieramos regrasar a lo básico - nuestras raices
si nos redescubrimos
si solo ella / el la busca lo hare!

Lacrimosa




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LETRA ' THE PHANTOM OF THE OPERA (EN ESPAÑOL) '




El Fantasma De La Opera

(Christine:)
Dormida
Él me cantó,
Dormida
Él vino. . .
Esa voz
Qué me llama
Y dice
Mi nombre. . .

Y hace
¿Qué Sueñe de nuevo?
Por ahora
Yo encuentro
Que el Fantasma de la Ópera
Está allí -
Dentro de mi mente. . .

(El Fantasma:)
Canta una vez
De nuevo conmigo
Nuestro extraño
Dúo. . .
Mi poder
Sobre ti
Crece más fuerte
Todavía. . .

Y sin embargo
Alejas de mí,
La mirada
Detrás,
El Fantasma de la Ópera
Está allí -
Dentro de tu mente. . .

(Christine:)
Aquellos que
Han visto su cara
Se alejaron
Temerosos. . .
Yo soy
La máscara que llevas. . .



(El Fantasma:)
Soy yo
Al que oyen. . .

(Ambos:)
Tu / mi espíritu
Y tu / mi voz,
En uno
Combinados:
El Fantasma de la Ópera
Está allí
Dentro de tu / mi mente. . .

(Voces fuera del escenario:)
Él está allí,
El Fantasma de la Ópera. . .
Tengan cuidado con
El Fantasma de la Ópera. . .

(El Fantasma:)
En todas
Tus fantasías,
Siempre has
Conocido
Ese hombre
Y ese misterio. . .

(Christine:)
. . . estaban ambos
En ti. . .

(Ambos:)
Y en
Este laberinto,
Donde la noche
Es ciega,
El Fantasma de la Ópera
Está allí / aquí
Dentro de tu /mi mente. . .

¡Canta, mi Ángel musical!

(Christine:)
Él está allí,
El Fantasma de la Ópera. . .

Lacrimosa




*********************

LETRA ' STOLZES HERZ (EN ESPAÑOL) '




Corazón Orgulloso

Sentir para percibir
Mis sentidos
Mi alma
Mi conciencia
Y mi corazón
En el abismo de mi vida
Al final de mi mismo
Profundamente frágil en el interior
Y débil hacia el exterior

¿Está mal?
Y ¿Qué es lo que está bien?
¿Está enfermo?
Y ¿A qué se le llama vida?
¡No!
Es sólo sinceridad - humano
Y maldita - No es más que sólo la verdad

Al ojo de la vulgaridad - de la generalidad
Simplemente reprobable - transparente
Pero es más profundo, fuerte y mucho más
Así es el hombre
Sólo la búsqueda
De la fuerza
De la mentira - ciego engaño
Y la superficialidad

Con las manos manchadas de sangre
Con lágrimas en el rostro
Una sonrisa en los labios
Y la profunda esperanza en la mirada
Incluso elevarse sobre la inmundicia
Profundamente manchado
Pero orgulloso de corazón
A una vida nueva despertar
Y despertar completamente nuevo en la vida

¿Mis manos están ciegas y mudas?
¿Mis ojos están viejos y débiles?
¿Ha sucumbido mi corazón a la sangre?
¿Y a pesar de toda esta sinceridad?
¿Soy humano?
¿Soy dolor?
¿Soy la lágrima? ¿¡¿Y a la vez soy el beso?!?

Con las manos manchadas de sangre
Con lágrimas en el rostro
Una sonrisa en los labios
Y la profunda esperanza en la mirada
Incluso elevarse sobre la inmundicia
Profundamente manchado
Pero orgulloso de corazón
A una vida nueva despertar
Y despertar completamente nuevo en la vida.

Lacrimosa




***********************

LETRA ' TRÄNEN DER EXISTENZLOSIGKEIT (EN ESPAÑOL) '




Mis ojos han escapado al miedo,
mi fantasma quiere unirse a mi,
mi corazon, ambriento,
y mi alma me mira con duda.

dejennos bailar y jugar,
dejennos simplemente ser felices,
dejennos bailar y jugar,
dejennos revivir el recuerdo,
pero, nadie me escuchara
quien podra oirme?,
si estoy totalmente solo.

diario reimos y jugamos
en las noches nos sentabamos y llorabamos
nunca entendimos lo vello que era
mas tarde, que belleza
pero pronto entendi que
un gusano se arrastra sobre la suciedad

y aqui estoy tirado aun
listo para morir
listo para desplomarme
listo para olvidarme de mi mismo
asi no correra ninguna lagrima
asi no lloraran por ninguna alma
asi, nunca existiran

Lacrimosa




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LETRA ' ALLEINE ZU ZWEIT (EN ESPAÑOL CORREGIDA) '



Al final de la verdad
al final de la luz
al final del amor
al final - estás tu
nadie ha sobrevivido
y en todos los días del 'nosotros'
creció la mentira de nuestro amor
y el futuro que nos guió juntos
fue el que nos separó

Solamente - juntos
hemos olvidado como buscarnos
la rutina borró nuestra visión
los sueños sofocaron los sentidos
el orgullo intoxico nuestra mente
y la proximidad nos apartó

Baila - mi vida - baila
baila conmigo
baila conmigo una vez más
en ese puro extasis de un desnudo amor

Y cuando lo veo cuando la tengo
cuando nos veo a los dos,
creo que algo ha sobrevivido
y si encontré fuerza y esperanza
si todavía tengo fé en nosotros
si puedo ocuparme de ella / de el
si puedo tenerla / el volverá a ser el mismo
si pudieramos regrasar a lo básico - nuestras raices
si nos redescubrimos
si solo ella / el la busca lo hare!

Lacrimosa

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