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jueves, 29 de mayo de 2008

BIOGRAFÍA NO AUTORIZADA DEL VATICANO -- PACTANDO CON EL DIABLO - MUSSOLINI Y PÍO XI

BIOGRAFÍA NO AUTORIZADA DEL VATICANO
PACTANDO CON EL DIABLO - MUSSOLINI Y PÍO XI
CAMACHO SANTIAGO



Porque la raíz de todos los males es el afánde dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, seextraviaron en la fe y se atormentaron con mu-chos sufrimientos.
(1 Tm. 6:10)
Este pueblo me honra con los labios, pero sucorazón está lejos de mí...
(Mt. 15:8)


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esta va a ser la primera entrada de la biografia no autorizada del vaticano; cada entrada, tendra sus propios interpretes, teniendo como fondo el vaticano, aunque se niege, ¿hasta donde puede ser cierto?; yo pienso que todo o bastante, pero aun siendo cierto la decima parte, esto es un abuso, lo que siempre hizo la iglesia y digue haciendo en algunos paises, hasta el fin fr la segunda guerra mundial; dos anecdotas, una no se el nombre de quien la dijo, pero es muy famosa; o era alguien dentro del vaticano, enseñando bajo pago, las maravillas que hay alli, a lo que un hombre pregunto, ¿y con el hambre que hay en el mundo?, no se podria vender esto y acabar con ella?, a lo que el digamos clerigo dijo, pobres, siempre habran pobres, como diciendo que lo malgastarian, y otra leccion de "soberbia en in obispo" fue un tal balaguer, fundador del opus dei, un dia despues de una comida y unas copas de coñac, el hombre, ya mayor, se puso a reir, a lo que le dijeron monseñor, de que os reis, respondiendo, sabeis, papas van haber muchos, pero fundadores del opus dei, yo solo, juan escriba de balager; este es el espiritu que tanto hablan de "humildad"




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El, Estado Vaticano, tal como lo conocemos hoy, nace con la firma del Tratado de Letrán el 11 de febrero de 1929, pero para llegar hasta ahí el trono de San Pedro tuvo que atravesar un prolongado período de decadencia a lo largo de 59 años que a punto estuvo de comprometer su existencia. La salida de aquella situación vendría de la mano de Pío XI, que no dudó a la hora de pactar con el mismo diablo, encamado en la figura de Benito Mussolini, para salvar a la Santa Sede de la ruina.
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A comienzos de 1929, poco imaginaba el mundo la tremenda cri-
sis económica a la que tendría que hacer frente apenas unos me-
ses más tarde. Sin embargo, la miseria ya llevaba tiempo instala-
da entre los, sólo aparentemente, opulentos muros del Vaticano.
Hacía tiempo que los números rojos habían impuesto su dictadu-
ra en las arcas vaticanas. La quiebra en 1923 del Banco de
Roma, donde se gestionaban todas las cuentas de la Santa Sede,
supuso un serio quebranto para las finanzas pontificias, a pesar
de que la institución fue salvada en última instancia por Mussolini
que aportó 1.750 millones de liras. Esta aportación fue un
primer acercamiento entre la Santa Sede y los fascistas, lo que
dejó prácticamente indefenso al Partido Católico, única fuerza
democrática con suficiente implantación como para plantarle
cara a los seguidores del Duce (título equivalente al de caudillo
en español). De hecho, a raíz de esta intervención, las jerarquías
prohibieron que los clérigos militasen en este partido, lo que se-
gún diversos analistas allanó de forma notable el ascenso al po-
der de Mussolini.
Pero el balón de oxígeno que supuso el reflote del Banco de
Roma no había sido suficiente. El palacio de Letrán necesitaba
urgentes reformas y el personal de la Santa Sede había sido redu-
cido a su mínima expresión para minimizar los gastos lo máximo
posible. Nunca la Iglesia había estado tan cerca del ideal de po-
breza de los primeros cristianos. Las causas de este estado eran
múltiples, y entre ellas cabe destacar no sólo la mala suerte fi-
nanciera, sino el catastrófico efecto que para las cuentas papales
había tenido el proceso de reunificación de Italia, que tuvo lugar
en el siglo xix. Este hecho histórico privó, además, al Vaticano
de muchos de sus recursos económicos, en especial grandes ex-
tensiones de terreno —los Estados Pontificios que ocupaban bue-
na parte de la Italia central— que habían proporcionado a la
Santa Sede unas saneadas rentas.
Incluso el pontífice había tenido que soportar la humillación
de ser «invitado a abandonar» el palacio del Quirinal, en el
centro histórico de Roma, que fue ocupado por la familia real y
el presidente. A partir de entonces se sucedieron varios intentos
infructuosos de alcanzar un acuerdo. En 1871 el gobierno ita-
liano garantizó al papa Pío IX, por medio de la llamada Ley de
Garantías, que tanto él como sus sucesores podrían disponer
del Vaticano y del palacio de Letrán. También se les indemniza-
ría con 3.250.000 liras anuales como compensación por la pér-
dida de los Estados Pontificios. Los representantes de la Iglesia
se negaron en redondo a aceptar estas condiciones. Para ellos
la cuestión de la soberanía era fundamental, ya que, según su
parecer, era imprescindible para el cumplimiento de su misión
espiritual que la sede de la Iglesia se mantuviera independiente
de cualquier poder político.
Así pues, a partir de ese momento los papas pasaron a consi-
derarse a sí mismos como «prisioneros» dentro del Vaticano.

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SEÑORES DEL CIELO Y LA TIERRA
Para entender hasta qué punto debieron de sentirse agraviados
ante esta situación, y cómo se llegó a este punto, baste hacer un
somero repaso de la historia de la Santa Sede y de algunos de los
papas más importantes.
Desde la promulgación del Edicto de Milán por Constantino
en 312 hasta la reforma protestante de 1517, los papas habían
sido el poder hegemónico en Europa. El papa, como vicario de
Cristo en la Tierra, tiene un poder ilimitado. Reyes y emperado-
res debían arrodillarse ante él. El IV Concilio de Letrán, en 1215,
estableció que el obispo de Roma tenía autoridad no sólo en te-
mas espirituales o pastorales, sino también en asuntos materiales
y políticos.El poder del papa radicaba en su calidad de estadista
y de vigilante del equilibrio entre los distintos estados. El papa,
como los jefes de Estado, disponía de ejércitos y de territorios
para enfrentar eventuales amenazas que se pudieran presentar.
Tras la caída del Imperio romano, el papa había ocupado el
papel que antaño desempeñó el cesar. Un ejemplo de su poder
es el papel que tuvieron en la mediación entre España y Portugal,
monarquías que acataron la Bula Intercaetera, que dividió
el continente americano en 1493. Los obispos sólo tenían que
rendir cuentas ante el papa, que era quien los nombraba y destituía.
El poder de los papas era tal que fueron capaces de destronar
a reyes y emperadores, o bien obligarles a usar su poder secular
para hacer cumplir la Inquisición, que era conducida
por sacerdotes y monjes católicos. La culminación de esta
escalada de poder absoluto ocurrió en 1870, cuando el papa fue declarado
infalible. Lo que la mayoría de la gente no sabía, y aún hoy desconoce,
es que este proceso fue influido por documentos falsificados
elaborados para alterar la percepción que los cristianos
tenían de la historia del papado y de la Iglesia. Una de las
falsificaciones más famosas son los Falsos decretos de Isidoro, escritos
alrededor de 845. Se trata de 115 documentos supuestamente es-
critos por los primeros papas.



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LA CASA DE LAS FALSIFICACIONES
Sobre la falsedad de estos textos no existen dudas y la propia En-
ciclopedia Católica admite que son falsificaciones, aunque en
cierto sentido los disculpa. Dice que el objetivo del engaño era
permitir a la Iglesia ser independiente del poder secular, e impedir
al laicado gobernar la Iglesia, lo que dicho claramente no es
otra cosa que aumentar el poder del papa. Más grave, si cabe,
que la alteración de documentos era la manipulación de documentos
existentes a los que se añadía material según la conveniencia
del papa de turno. Esto era muy sencillo, en especial en la
época en que para la preservación de los documentos se dependía
exclusivamente del trabajo de copistas y bibliotecarios, que, en
su totalidad, eran clérigos.
Una de estas manipulaciones es una carta que ha sido atribuida
falsamente a san Ambrosio, en la que se hizo afirmar al santo
que si una persona no está de acuerdo con la Santa Sede puede
ser considerada hereje. Otra falsificación famosa, ésta del siglo
ix, fue la «Donación de Constantino», según la cual el emperador
Constantino concedió el gobierno de las provincias occidentales
del Imperio romano al obispo de Roma. Este tipo de cosas
ocurría con tanta frecuencia que los cristianos ortodoxos griegos
se referían a Roma como «la casa de las falsificaciones». No es
de extrañar: durante trescientos años los papas romanos utilizaron
este tipo de añagazas para reclamar autoridad sobre la Iglesia
en Oriente. El rechazo de estos documentos por parte del patriarca
de Constantinopla culminó con la separación de la Iglesia
ortodoxa.
Hoy día aún permanecen vigentes muchos de aquellos errores.
El Decretum gratiani, una de las bases del derecho canónico, con-
tiene numerosas citas de documentos de dudosa autenticidad.
Pero no es el único texto de capital importancia en la historia de
la Iglesia cuyas fuentes son harto discutibles. En el siglo xin, To-
más de Aquino escribió la Summa theologica y otras obras que se
cuentan entre las más trascendentes de la teología cristiana. El
problema es que Aquino utilizó el Decretum y otros documentos
contaminados pensando que eran genuinos.
En cierto sentido, el tema de los documentos falsificados tiene
mucho que ver con el del tráfico de reliquias falsas tolerado,
cuando no fomentado, por la Santa Sede durante siglos. Verdaderas
o falsas, las reliquias hacían más firmes las creencias de los
fieles. Su posesión se convirtió en la Edad Media en una verdadera
fiebre, algo a lo que ayudaron diversos factores tanto religiosos
como políticos y económicos. Las reliquias más apreciadas
eran las que se relacionaban con la vida de Cristo, llegando a
contarse más de cuarenta sudarios, treinta y cinco clavos de la
pasión e innumerables astillas de la Cruz. También se comercia-
ba con toda suerte de objetos que tuvieran relación, real o no,
con cualquier personaje de la corte celestial. El saqueo de Cons-
tantinopla por los cruzados en 1204 produjo una enorme infla-
ción de supuestos restos sagrados por todo Occidente, alimenta-
da no tanto por el expolio de la ciudad cuanto por la creciente
oferta de talleres orientales especializados en la fabricación de se-
mejantes souvenires.





EL PRINCIPIO DEL FIN
No obstante, aun siendo grande, el poder de los papas no era eter-
no. La reforma protestante supuso el comienzo de un lento pero
inexorable proceso de decadencia en el poder temporal de los pon-
tífices. Impuestos y donaciones dejaron de fluir de las prósperas
tierras del norte de Europa. Este proceso histórico fue dejando ex-
haustos los cofres papales. En 1700, durante el pontificado de Cle-
mente XI, la Iglesia debía quince millones de escudos. En menos de
medio siglo esa deuda ya se había multiplicado casi por diez.
La Revolución francesa privó a la Iglesia de sus posesiones en
Francia y, peor aún, fue la antesala del saqueo de Roma por
parte de las tropas de Napoleón, que pretendía cobrar a los Es-
tados Pontificios un tributo que éstos no podían pagar. En 1797
Napoleón Bonaparte tomó Roma y se apoderó de numerosos tesoros

artísticos. Tras el Congreso de Viena de 1815, Roma pasó
de nuevo a manos del papado. Pese a todo, la ocupación de Italia

por Napoleón estimuló una reacción nacionalista, y, en
1861, Italia se unificó bajo la casa de Saboya. Pero Roma no se
incorporó al reino de Italia y hasta 1870 no pudo ser ocupada.
Por otro lado, el providencial recelo de la Iglesia hacia los
adelantos científicos hizo que los Estados Pontificios no se

beneficiaran de la Revolución industrial, convirtiéndose en una de las
zonas más atrasadas de Europa con un potencial económico que
disminuía poco a poco.
En este proceso final tuvo mucho que ver la escasa cintura po-
lítica, cuando no el abierto empecinamiento de Pío IX, el último
«papa rey». Este peculiar pontífice era epiléptico y de carácter
bastante impulsivo. El 16 de junio de 1846, Giovanni María Mastai

Ferretti era ungido en el sitial de San Pedro con el nombre de
Pío IX para suceder a Gregorio XVI. El cónclave demoró cuatro
rondas antes de coincidir en su nombre, hostigado por la corriente

conservadora que acusaba a Ferretti de progresista (más tarde
se comprobaría lo equivocados que estaban). Una de sus primeras
medidas —poner en libertad a dos mil presos políticos que se morían

en las mazmorras de los Estados Pontificios— pareció confirmar
esa sospecha; una fracción de purpurados consideró que ese
acto desautorizaba la política intransigente de Gregorio XVI y

favorecía las maniobras de los masones, su particular bestia negra,
a la que culpaba de todos los males del mundo.
En 1864 Pío IX publicó el notorio Syllabus de errores, en el
que se condenaban los ideales liberales como la libertad de con-
ciencia y la separación de Iglesia y Estado. Por otra parte, Pío
Nono fue el papa que convocó el I Concilio Vaticano, con el expreso

propósito de definir como dogma de fe la doctrina de la infalibilidad
papal, un punto que desató no pocas controversias entre los
asistentes al concilio.
Como buenos conocedores de la historia de los papas, varios
obispos católicos se opusieron a declarar la doctrina de la infalibilidad

papal como dogma en el concilio de 1869-1870. En sus
discursos, un gran número de ellos mencionó la aparente contradicción

entre semejante doctrina y la reconocida inmoralidad de
algunos papas. Uno de estos discursos fue pronunciado por el
obispo José Strossmayer. En su argumento contra el edicto de la
«infalibilidad» como dogma, mencionó como algunos papas se
habían manifestado contrarios a la doctrina de papas anteriores,
haciendo referencia especial al papa Esteban, que llevó a juicio
al papa Formoso. La historia en cuestión es esperpéntica, ya que el
papa Formoso había muerto ocho meses antes. Sin embargo,
su cadáver fue exhumado y llevado a juicio por el papa Esteban. El
cadáver, putrefacto, se situó en un trono. Allí, ante un grupo de
obispos y cardenales, lo ataviaron con las vestimentas del papado,

se puso una corona sobre su calavera y el cetro en los cadavéricos
dedos de su mano. Mientras se celebraba el juicio, el hedor del
muerto llenaba la sala. El papa Esteban, adelantándose
hacia el cadáver, lo interrogó. Claro está, no obtuvo respuesta, y
el papa difunto fue sentenciado culpable de todas las acusaciones.

Entonces le fueron quitadas las vestimentas papales, le arrebataron
la corona y le mutilaron los tres dedos que había usado
para dar la bendición papal. Después arrastraron el cadáver putrefacto,

atado a una carroza, por las calles de la ciudad, tras lo
cual fue arrojado al Tíber. Sin embargo, no acaba ahí la historia,
ya que después de la muerte del papa Esteban, el siguiente papa
romano rehabilitó la memoria de Formoso.


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REVUELTAS POPULARES
El citado es sólo el más llamativo de muchos otros casos. Después

de su muerte, el papa Honorio I fue acusado de hereje por
el VI Concilio, en el año 680. El papa León confirmó su condenación.

Posteriormente, el papa Virgilio, tras sancionar libros,
retiró su condena; luego los volvió a sancionar y una vez más retiró

la condena, para más tarde volver a revocar esta decisión. En
el siglo xi hubo tres papas rivales al mismo tiempo. Todos ellos
fueron depuestos por el concilio convocado por el emperador
Enrique III. Y así podríamos citar decenas de ejemplos similares.
A pesar de estos argumentos, Pío IX consiguió que la infalibilidad

del papa fuera declarada dogma de fe. Su espíritu conservador
y su casi paranoica obsesión con los masones le hizo no comprender
la magnitud imparable del movimiento nacional italiano,
al que se opuso sistemáticamente, así como a conceder el sufragio

a los subditos de los Estados Pontificios. La tensión máxima
estalló cuando el papa se negó a apoyar a los nacionalistas que
luchaban por liberar Italia del dominio austríaco. Los italianos
sintieron este abandono como una afrenta, dando lugar a un

levantamiento que comenzó el 15 de noviembre de 1849, cuando
la turba asesinó al conde Pellegrino Rossi, el primer ministro de
los Estados Pontificios. Al día siguiente, el Quirinal, la residencia
de verano del pontífice, fue saqueada, y murió en la refriega

Palma, uno de los prelados de la corte.
Dado que la situación era insostenible. Pío IX no tuvo más

remedio que huir disfrazado de Roma el 24 de noviembre y
establecerse temporalmente en Gaeta, cerca de la costa mediterránea.
El 9 de febrero de 1849 se proclamó la República Romana por
parte de Giuseppe Mazzini, Cario Armellini y Aurelio Saffi. No
obstante, la nueva república no iba a tener una vida demasiado
prolongada. Desde su exilio, el papa pidió ayuda a los católicos
de Europa, logrando una intervención de las tropas francesas.

Pero el destino de los Estados Pontificios ya estaba sellado. Ni la
fuerza, ni la persuasión, ni tan siquiera la amenaza de excomunión

impidió que en los años siguientes los territorios papales
fueran proclamando, uno a uno, su independencia. Con la llega-
da de la unidad de Italia, el último «papa rey» se vio desposeído
de las regiones de la Romana (1859), Umbría, las Marcas (1860)
y, en 1870, la misma Roma, con la conocida toma de Porta Pía,
el 20 de septiembre, que marcó el fin del poder temporal de los
papas. Las posesiones del papa pasaron a ser unos simples
480.000 metros cuadrados en el centro de Roma.
Pío Nono murió el 7 de febrero de 1878. Por aquel entonces,
el pueblo italiano aún guardaba rencor a aquel pontífice que no
había sabido entender sus ansias de independencia. Prueba de
ello es que su cortejo fúnebre fue atacado por la multitud, que
pretendía arrojar los restos del pontífice al Tíber, como ocurrió
siglos antes con el papa Formoso. Sólo la oportuna intervención

de las tropas impidió que se consumara la profanación del
cadáver.



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DE MAL EN PEOR
Los sucesores de Pío IX no contribuyeron demasiado a mejorar
la difícil situación que dejó el pontífice tras su muerte. El hábil
diplomático León XIII evitó que la fractura entre la Iglesia y los
regímenes democráticos se hiciera aún mayor, aconsejando a los

católicos franceses la adhesión al régimen republicano y señalando
que cualquier forma de gobierno era digna de aprobación si

respetaba los derechos del hombre. Durante su pontificado comenzó
a hacerse sentir la falta de los ingresos procedentes de los
Estados Pontificios.
El 9 de agosto de 1903 fue coronado Pío X. Continuador del
pensamiento de Pío IX, emitió un decreto en forma de motu

proprio titulado Sacrorum antistitum., en el que solicitaba de todos
los clérigos un voto en contra del «modernismo, síntesis de todas
las herejías».5 En este texto podemos ver como vuelve a florecer
la obsesión de Pío IX: «Nos parece que a ningún obispo se le
oculta que esa clase de hombres, los modernistas, cuya personalidad

fue descrita en la encíclica Pascendi dominici gregis, no han
dejado de maquinar para perturbar la paz de la Iglesia. Tampoco
han cesado de atraer adeptos, formando un grupo clandestino;
sirviéndose de ello inyectan en las venas de la sociedad cristiana
el virus de su doctrina, a base de editar libros y publicar artículos
anónimos o con nombres supuestos. Al releer nuestra carta

citada y considerarla atentamente, se ve con claridad que esta
deliberada astucia es obra de esos hombres que en ella describíamos,
enemigos tanto más temibles cuanto que están más cercanos;
abusan de su ministerio para ofrecer su alimento envenenado y
sorprender a los incautos, dando una falsa doctrina en la que se
encierra el compendio de todos los errores».
Pío X fue el primer papa en no ser embalsamado mediante la
evisceración y drenaje de la sangre, ya que se encargó de abolir
esta práctica antes de su muerte. Este decreto tuvo consecuencias
bastante desastrosas para los restos mortales de algunos de sus
sucesores. En el caso de Pablo VI, que murió en 1978, los

amortajadores sólo prepararon el cadáver para un ataúd cerrado.
Apenas dos días después de ser exhibido, la piel del papa comenzó

a decolorarse, su mandíbula se hundió y sus uñas se
oscurecieron. El cadáver de Pío XII fue tan mal conservado en 1958
que los cuatro hombres que hacían guardia en el Vaticano tenían que
cambiar cada quince minutos porque no podían soportar el olor.
Más extraño fue el caso de Juan Pablo I, cuyo rostro se volvió

inexplicablemente verde, lo que aumentó los rumores respecto a un
posible envenenamiento.


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UN PAPA DÉBIL
El sucesor de Pío IX fue Benedicto XV. Sus detractores decían que
su figura era fiel reflejo de la propia decadencia de la Iglesia. En
efecto, su apariencia era frágil y poco agraciada a causa de un

accidente sufrido en la infancia. Durante su reinado quedó más claro
que nunca que la influencia del Vaticano apenas era la sombra de
lo que había sido en el pasado. Sus esfuerzos mediadores durante
la Primera Guerra Mundial fueron rechazados por ambos bandos
en conflicto. Intentó un acercamiento a las fuerzas anticlericales,
llegando a calificar la Revolución rusa de «triunfo contra la tiranía».

De poco le sirvieron estas palabras: el comunismo pronto se
reveló como una doctrina irreconciliablemente anticristiana y
como una de las mayores amenazas para la Iglesia de la época.
En Italia se vio igualmente incapaz de controlar la pugna entre
los extremismos de izquierda y derecha, que culminó con el
triunfo del fascismo. La Iglesia se había vuelto tan débil que no
pudo impedir que los extremistas tomasen al asalto los templos y
se subieran a los pulpitos a declamar sus arengas ante los atónitos

feligreses. Ante esta situación, en 1919, el mismo año en que
se crea el movimiento fascista, se funda el Partido Popular Italiano,

cuyo primer secretario es un sacerdote de Caltagirone, don
Luigi Sturzo, que intentó mantener las tesis cristianas en medio
de aquella enrarecida arena política.
En 1920, cuando empezaron las reuniones de la Sociedad de
Naciones, Benedicto XV publicó una nueva encíclica, Pacem Dei
munus, en la que reclamaba sus derechos como soberano de un
Estado. Sin embargo, los líderes internacionales hicieron oídos

sordos a la encíclica, a consecuencia de lo cual la Santa Sede no pudo
participar en los trabajos de la Sociedad de Naciones, sobre todo
debido a la oposición del delegado italiano en la misma, Nitti.
En el aspecto financiero las cosas no iban mucho mejor.

Durante el pontificado de Benedicto XV el presupuesto del Vaticano
se redujo hasta ser apenas una cuarta parte del de la época de
León XIII. El 22 de enero de 1922, Benedicto XV fallecía en el
Vaticano víctima de una epidemia de gripe. Sus últimas palabras
fueron: «Ofrecemos nuestra vida para la paz del mundo».
El siguiente papa en acceder al trono de San Pedro fue Pío XI,
Ambrogio Damiano Achule Ratti, que lo hizo entre 1922 y 1939.
Nació el 31 de mayo de 1857 en Desio, Italia, en el seno de una
familia acomodada dedicada a la industria textil. Cursó estudios
en las universidades Lombarda y Gregoriana de Roma, y fue

ordenado sacerdote el 27 de diciembre de 1879. Entre 1882 y 1888
fue catedrático de teología en el seminario de Milán. Mantuvo
siempre viva su actividad pastoral, dándose en ocasiones tiempo
para practicar el montañismo. Al igual que el recientemente fallecido

Juan Pablo II, era un experto en esta práctica. (Se cuenta que
en su juventud emprendió la subida del Monte Rosa y aguantó
durante toda la noche una feroz tormenta alpina colgado de una
cornisa.) Achille se dedicó al estudio de la paleografía. Hasta
1910 fue bibliotecario y posteriormente director de la Biblioteca
Ambrosiana de Milán, y prefecto de la Biblioteca Vaticana en
Roma. En estos cargos tuvo ocasión de familiarizarse con la

historia política y los acontecimientos de su época, lo que le aportó
el bagaje teórico necesario para realizar una visita apostólica a
Polonia, devastada por la guerra en 1918, por orden del papa

Benedicto XV. Este viaje le sirvió para demostrar que estaba
excepcionalmente dotado para las tareas diplomáticas. Su habilidad
y celo le valieron el nombramiento de nuncio de Su Santidad en este
país en 1919. Dos años después recibió la dignidad de cardenal y
arzobispo de Milán, y en 1922 sucedería al papa Benedicto XV.


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RATAS EN SAN PEDRO
Quizá la circunstancia que mejor simbolice la terrible situación
financiera a la que se había visto abocada la Santa Sede tras estas
últimas décadas tan turbulentas fue la plaga de ratas que, como
una condenación bíblica, se adueñó del Vaticano. Sin embargo,
no se trataba de ninguna maldición, sino de una concatenación
de causas y efectos lógicos. La falta de dinero había hecho que la
red de alcantarillado del Vaticano se encontrara en un estado de
abandono superior al resto de las instalaciones. Inundaciones,
atascos y derrumbes estaban a la orden del día sin que nadie hi-
ciera nada para remediarlo. En estas condiciones, los roedores se
multiplicaron sin freno y fue sólo cuestión de tiempo que comen-
zaran a salir a la superficie.
Aquellos animales, asociados tradicionalmente por el folclore
con la figura de Satanás, tenían un comportamiento sacrilego
que no desmerecía en absoluto su fama. No respetaban ni las se-
pulturas de los pontífices de la antigüedad ni la residencia del ac-
tual. Su ansia destructiva se aplicaba con igual saña a los tapices
(ya muy castigados por la polilla) y al mobiliario. La situación
alcanzó un punto tan alarmante que ya no se guardaban hostias
consagradas en los sagrarios por miedo a que los roedores come-
tieran la más terrible de las profanaciones para un católico: man-
cillar el cuerpo de Cristo.
En medio de aquella situación, a muchos les parecía irónico
que el apellido del papa fuera precisamente Ratti.
La elección de Pío XI fue complicada y no se decidió hasta
después de quince votaciones. No obstante, fue un cónclave
relativamente corto si se compara con los anteriores. Como
en tantas otras ocasiones, el cónclave se encontraba dividido
entre los más conservadores, partidarios del cardenal español
Rafael Merry del Val, y los progresistas, cuyas simpatías se
decantaban por el cardenal Gasparri.
El nuevo pontífice pronto demostró que su pontificado no iba
a ser intrascendente. Pío XI, nada más ser elegido, hizo algo que
no habían hecho ni Pío X ni Benedicto XV a causa de la pérdida
de los Estados Pontificios: apareció en el gran ventanal de la fa-
chada de San Pedro para impartir la bendición urbi et orbe. El
hombre que se asomó a aquella ventana conservaba en estampa
mucho de la imponente y atlética figura de su juventud. Su ros-
tro, de frente despejada y ojos penetrantes, inspiraba respeto a
quienes se encontraban con él. Se involucraba en todos los aspec-
tos del gobierno de la Iglesia, realizando toda clase de preguntas
a sus colaboradores.8 (Alguno de ellos llegó a afirmar que prepa-
rar una reunión con el Santo Padre era peor que un examen.)


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LA PAZ DE CRISTO EN EL REINO DE CRISTO
Pío XI se volcó en la expansión de la Iglesia por todo el planeta,
de hecho, «Papa de las Misiones» era el título que más agradaba
a Pío XI. Su doctrina era que los territorios extraeuropeos fueran
confiados al clero local; buena prueba de ello fue el nombramien-
to de los primeros obispos chinos y japoneses en 1926 y 1927.
También hizo construir en el Gianicolo (Roma) la grandiosa sede
del Colegio y la Universidad Urbana de Propaganda Fide, para
que los jóvenes de los países de misiones destinados al sacerdocio
tuviesen una adecuada preparación para sus futuras tareas. En
1927, con la institución del Museo Misionero-Etnológico del Va-
ticano, se abrió la posibilidad de conocer a fondo la actividad mi-
sionera y las grandes religiones y culturas del mundo.
Al contrario que la mayoría de sus antecesores. Pío XI fue un
gran protector de las ciencias, algo que no es de extrañar dado su
trabajo durante años como archivista e investigador. De hecho,
la reforma de la Biblioteca Vaticana fue una de sus prioridades,
tras lo cual fundó el Instituto Cristiano de Arqueología, la Aca-
demia de Ciencias y el Observatorio Vaticano en Castelgandolfo.
En el terreno político y social también destacó su labor. La
elección de su lema —«La paz de Cristo en el reino de Cristo»—
nos habla de un pontífice partidario de la militancia activa en los
asuntos terrenales. En este sentido, su gran enemigo fue el comu-
nismo, sobre el que promulgó una encíclica titulada Divini re-
demptoris. Para Pío XI era un «satánico azote» cuyo objetivo era
«derrumbar radicalmente el orden social y socavar los funda-
mentos mismos de la civilización cristiana», constituyendo «una
realidad cruel o una seria amenaza que supera en amplitud y vio-
lencia a todas las persecuciones que anteriormente ha padecido
la Iglesia».10 Esto explica las simpatías con que miró, al menos en
principio, a dictadores como Franco, Hitler y Mussolini.
Sin embargo, como ya hemos visto, en la primera etapa de su
pontificado Pío XI tuvo problemas mucho más cercanos y acu-
ciantes que los planteados por el comunismo. La ambiciosa cade-
na de fundaciones y reformas que hemos repasado se hizo con un
exiguo presupuesto anual que apenas superaba el millón de dóla-
res.n Cada día que pasaba la situación se tornaba más insosteni-
ble. Los resultados de una auditoría realizada por la comisión
cardenalicia no pudieron ser más desalentadores. El déficit vati-
cano crecía de forma desmedida, al tiempo que los ingresos y las do-
naciones descendían vertiginosamente. Los acreedores, de los
cuales uno de los más importantes era el Reichbank alemán, co-
menzaron a perder la paciencia y exigieron el pago de las deudas.
Por su parte, uno de los principales asesores económicos de la
Santa Sede, el arzobispo de Chicago George William Mundelein,
que había tenido que hipotecar propiedades de la Iglesia por va-
lor de un millón y medio de dólares, comunicó al pontífice su
pronóstico de una larga crisis económica cuyos efectos se deja-
rían sentir en todo el mundo. Acuciado por las necesidades eco-
nómicas de la Santa Sede, y cegado por su radical anticomunis-
mo, Pío XI no se dio cuenta de que, de una u otra forma, iba a
seguir tratando con ratas.


_
EL ASCENSO DEL FASCISMO
Pío XI accedió al pontificado con el firme propósito de terminar
de una vez por todas con la anomalía que suponían las actuales
relaciones entre el Vaticano y el gobierno de Italia. El escollo más
importante lo constituía la cuestión económica. La situación fi-
nanciera de Italia no era mucho mejor que la de la Santa Sede.
Con la mayor tasa de natalidad de Europa y una inflación y paro
sólo superados por los de Alemania, la pobreza era el estado na-
tural de muchas familias italianas, lo que contribuyó notable-
mente a enrarecer aún más el ya muy agitado panorama político.
Mussolini y sus fascistas estaban, literalmente, dispuestos a todo:
«Nuestro programa es simple. Queremos gobernar Italia».Para
ello desarrollaron una feroz campaña de violencia política que
tino de sangre todo el país. Sólo en 1921 murieron, víctimas de
la violencia fascista, cerca de quinientas personas.
Por su parte, los comunistas no se quedaron de brazos cruza-
dos y respondieron con una infinita sucesión de paros laborales
que culminaron en una huelga general. En la primavera de 1922,
cuarenta mil braceros fascistas bajo el mando de ítalo Balbo ocu-
paron Ferrara como protesta por las miserables condiciones de
vida. A finales de julio de 1922, más de 700.000 trabajadores se
habían afiliado a la Confederazione Nazionale delle Corporazio-
ni, sindicato del Partido Nacional Fascista. La derrota de la iz-
quierda era evidente.
En octubre de ese mismo año, se reunió el congreso del Partido
Nacional Fascista y comenzaron los preparativos de la «Marcha so-
bre Roma», planeada como la ocupación de la capital italiana por
parte de los «camisas negras», fascistas cuyo objetivo era presionar
al rey para que encargase la formación de gobierno a Mussolini.
Víctor Manuel III, muy impresionado por la movilización fascista,
y poco afecto a los ideales y principios de la democracia parlamen-
taria, decidió recurrir a Mussolini. En 1925 el Duce había transfor-
mado el país en un régimen totalitario de partido único basado en
el poder del Gran Consejo Fascista (órgano creado en diciembre de
1922, pero institucionalizado seis años más tarde), respaldado por
las Milicias Voluntarias para la Seguridad Nacional.
. Johnson, Paúl, Modern Times: The Worid from the Twenties to the Nineties,
Harper Perennial, Nueva York, 1992


_
Y LOS TRENES LLEGABAN A TIEMPO
Los efectos del ascenso al poder de Mussolini no se hicieron es-
perar. La actividad económica se reactivó como por ensalmo. Las
tasas de paro e inflación recuperaron sus niveles lógicos. Las ca-
lles volvieron a ser seguras y los trenes llegaban a tiempo. Un
verdadero paraíso si a uno no le importaban cuestiones como la
democracia, la libertad de expresión o vivir en un estado policial
sin las mínimas garantías jurídicas.
En cualquier caso, las arcas de la hacienda italiana recupera-
ron la salud perdida... y quedó claro que Mussolini era el hom-
bre con el que Pío XI tenía que tratar. El 20 de enero de 1923,
el cardenal Gasparri, secretario de Estado del Vaticano, mantu-
vo la primera de una larga serie de entrevistas secretas con
Mussolini.
Sin embargo, había una circunstancia que podría dificultar
notablemente un entendimiento entre los fascistas y la Santa
Sede. Era de dominio público que el Duce era ateo y virulenta-
mente anticlerical. En su juventud había escrito varios textos
profundamente antirreligiosos y en su vida personal ni se había
casado con su pareja ni había bautizado a sus hijos. Se cuenta
que en una ocasión se quitó el reloj y, poniéndolo violentamente
sobre la mesa, le dio a Dios un minuto para fulminarle si real-
mente existía y era todopoderoso. Pese a todo, una vez alcanza-
do el poder, Mussolini fue consciente de las dificultades de go-
bernar en Italia de espaldas a la Iglesia católica: «Creo que el
catolicismo podría ser utilizado como una de nuestras más po-
tentes fuerzas para la expresión de nuestra identidad italiana en
el mundo».
Por otro lado, el ateísmo de Mussolini irritaba a los industria-
les y financieros que le apoyaban económicamente, lo que hizo
que el Duce cambiara de táctica. Los fascistas estaban convenci-
dos del interés social de un sentimiento como el religioso, que es
vínculo comunitario en las masas. El propio Mussolini se sintió
muy sorprendido en 1922 ante la inmensa multitud que esperaba
en la plaza de San Pedro la elección de Pío XI: «Mira esta multi-
tud de todos los países del mundo. ¿Cómo es que los políticos
que gobiernan las naciones no se dan cuenta del inmenso valor
de esta fuerza internacional, de este poder espiritual universal?».
Así que, a pesar de su declarado ateísmo, Mussolini no deseaba
destruir lo que existía, sino ir, progresivamente, modificándolo,
reinterpretándolo, hasta conseguir que un día se transformase en
una cosa muy distinta y en una religión con un contenido muy
diferente. Mussolini se refería a esto como: «Roma, donde Cristo
es romano».
Tras la Marcha sobre Roma comenzaron a prodigarse algunos
gestos de buena voluntad hacia el Vaticano, como la donación al
papa de la valiosa Biblioteca Chigi. En la Santa Sede se descon-
fiaba de Mussolini, pero a la vez se mantenía un prudente silen-
cio sobre su forma de llevar las riendas de Italia. Independiente-
mente de que el Duce mandara a prisión a más de diez mil de sus
opositores o que incitase a sus fascistas a «marchar sobre el ca-
dáver podrido de la libertad», en el Vaticano no se podía escu-
char palabra alguna en contra del caudillo fascista.


_
EL HOMBRE ENVIADO POR LA PROVIDENCIA
En 1924, siguiendo instrucciones expresas del Duce, el líder del
Partido Socialista, Giacomo Matteotti, que a la sazón era el más
obstinado opositor a las pretensiones absolutistas de Mussolini,
fue asesinado por militantes fascistas. La oleada de indignación
que recorrió toda Italia fue tan grande que durante esta crisis el
Duce estuvo a punto de perder todo lo que había conseguido
hasta entonces. Tanto el Partido Popular como el socialista soli-
citaron formalmente al rey la destitución de Mussolini.
Cuando la situación parecía desesperada, al líder fascista le
llegó el auxilio de donde, probablemente, menos lo esperaba. So-
cialistas y católicos negociaban una sólida coalición para apartar
del poder a Mussolini cuando el papa Pío XI advirtió severamen-
te a los cristianos italianos de que cualquier alianza con los so-
cialistas, incluido su sector más moderado, estaba estrictamente
prohibida por la ley moral, según la cual la cooperación con el
mal constituye un pecado. El papa no mencionó que tanto en
Bélgica como en Alemania esa cooperación (con los socialistas,
no con el mal) se estaba produciendo sin que nadie hubiera ad-
vertido a los católicos de aquellos países sobre el peligro que co-
rrían.
No hay que desestimar la importancia de esta tácita complici-
dad. La innegable influencia que tenía el parecer del papa sobre
buena parte de la opinión pública italiana hubiera hecho que
cualquier comentario sobre el ateísmo, la integridad moral o los
métodos violentos de Mussolini pesara como una losa en la pre-
tensión de éste de convertirse en el cesar de la nueva Roma.
Consciente de ello, el Duce supo corresponder con extrema
generosidad al favor procedente de Roma. Declaró ilegal la ma-
sonería, subvencionó con fondos públicos algunas instituciones
eclesiásticas que estaban al borde de la quiebra y eximió de obli-
gaciones fiscales a la Iglesia y a sus miembros.
El 31 de octubre de 1926, el cardenal Merry del Val, que ha-
bía sido secretario de Estado con Pío X y mantenía un puesto de
privilegio en el Vaticano, declaró públicamente: «Mi agradeci-
miento también se dirige hacia él [Mussolini], que sostiene en sus
manos las riendas del gobierno en Italia. Con su perspicaz visión
de la realidad ha deseado y desea que la religión sea respetada,
honrada y practicada. Visiblemente protegido por Dios, ha mejo-
rado sabiamente la fortuna de la nación, incrementando su pres-
tigio en todo el mundo». A lo que el propio papa apostilló el 20
de diciembre de 1926 que «Mussolini es el hombre enviado por
la Providencia».
En esta aparente complacencia hacia el Duce había mucho
más de corrección política que de sincera admiración. En más de
una ocasión, el papa había calificado en privado al dictador de
«hijo del diablo». Este sentido de la conveniencia era mutuo. Sin
variar un ápice lo que pensaba en su fuero interno, el comporta-
miento externo de Mussolini hacia la Santa Madre Iglesia experi-
mentó un importante giro. El Duce comenzó a acudir a misa,
pasó por la vicaría para dar validez eclesiástica a su unión matri-
monial e incluso bautizó a sus hijos, renunciando en su nombre,
como todo buen padre cristiano, al «diablo y sus obras». En el
terreno estrictamente político, esta nueva relación con el Vatica-
no quedó patente con medidas legislativas, como los impuestos
para las parejas sin hijos o la consideración del adulterio como
delito penal.



_
CONVERSACIONES SECRETAS
Así pues, y a pesar del recelo mutuo, existía en aquel momento un
clima favorable para la firma de un concordato, tarea que el papa
encomendó al cardenal Gasparri. Tras algunas conversaciones, el
dictador manifestó su deseo de compensar a la Iglesia con una más
que generosa remuneración por la humillación sufrida durante
años por los «papas prisioneros». El primer contacto entre ambas
partes había acontecido, sin embargo, mucho antes, el 6 de agosto
de 1926, cuando Domenico Barone —emisario de Mussolini— se
entrevistó secretamente con el doctor Francesco Pacelli —laico
adscrito a la Santa Sede y hermano del futuro papa Pío XII, que
por aquel entonces era nuncio en Berlín— para hacerle saber el in-
terés de Mussolini por reabrir la «cuestión romana». Pacelli mani-
festó al enviado del futuro dictador que si realmente estaba dis-
puesto a negociar, había dos cuestiones que el papa consideraba
imprescindibles como punto de partida: el reconocimiento de la
posesión de un Estado soberano bajo la autoridad del pontífice y
la igualdad jurídica entre matrimonio civil y religioso.
El Duce dio su consentimiento al inicio de las conversaciones
bajo estos términos y las reuniones comenzaron a nivel estricta-
mente confidencial: el jefe del Gobierno había advertido a los
participantes de que la menor indiscreción llevaría, de manera in-
evitable, a la ruptura de las negociaciones y se consideraría aten-
tatoria contra la seguridad del Estado, condenando al responsa-
ble de la filtración (fuera éste seglar o religioso) a ser desterrado
de por vida a las islas Lípari. Buena parte del contenido de las
reuniones se centró en regatear las condiciones económicas del
acuerdo, que en una primera oferta de Mussolini consistía en la
donación por parte del gobierno italiano de alrededor de cin-
cuenta millones de dólares en Obligaciones del Estado. Final-
mente, esos cincuenta millones se convirtieron en noventa, es de-
cir, 1.750 millones de liras.
La mañana del lunes 11 de febrero de 1929, las calles de
Roma se fueron poblando de un gentío murmurante que parecía
desafiar lo que estaba siendo uno de los inviernos más fríos de
los últimos años. A pesar del celo puesto tanto por el gobierno
como por la Santa Sede, buena parte de los romanos sabían que
algo importante iba a suceder en el Vaticano. Cuando el Duce
descendió de su Cadillac negro estacionado a un costado de la
plaza de San Juan, media hora antes del mediodía, le sorprendió
encontrar a una muchedumbre expectante que aguardaba su lle-
gada. Un acceso de ira le sobrevino al comprobar que sus órde-
nes no se habían cumplido fielmente; es posible que incluso se
viera tentado de dar media vuelta en uno de sus célebres raptos
temperamentales, pero finalmente decidió subir los peldaños de
la escalinata del palacio de Letrán, en cuyo interior el papa Pío
XI, y casi todos los miembros del gobierno vaticano, le espera-
ban desde hacía unos minutos.
Ni la guardia fascista, ni los carabinieri, ni la Guardia Suiza es-
taban allí. Todo se había organizado de la manera más discreta
posible para no llamar la atención. Elegantemente vestido de cha-
qué, Mussolini ascendió hasta el segundo piso, donde le esperaba
el cardenal Gasparri, con quien cruzó un prolongado apretón de
manos. Gasparri había tenido que abandonar la cama y todo el
acto, unido a lo inclemente del tiempo, iba a ser una verdadera
ordalía física para el anciano cardenal. No obstante, por nada
del mundo iba a perderse la firma, aunque ello le costase la vida,
ya que con aquel acto culminaba toda su carrera diplomática. Es-
taba previsto que la ceremonia se prolongase varias horas, pero el
público que aguardaba en el exterior y el precario estado de salud
de Gasparri —que tuvo que permanecer sentado durante todo el
acto— la redujeron a unos meros cuarenta y cinco minutos.16 La
lectura de las actas no comenzó hasta las doce en punto. Tras las
firmas, el cardenal obsequió a Mussolini con la pluma de ave con
mango de oro que había servido para rubricar el acuerdo. El líder
fascista la aceptó complacido: «Será para mí uno de los mejores
recuerdos que haya merecido».
El tratado se componía de tres apartados principales, aparte de
varios anexos y otras disposiciones; el primero, el concordato, regu-
laba las relaciones entre la Iglesia y el gobierno italiano. En él, se de-
volvía al Vaticano la completa jurisdicción sobre las organizaciones
religiosas en Italia. El catolicismo pasaba a ser la religión oficial del
Estado italiano, prohibiendo que otras confesiones religiosas pudie-
ran hacer proselitismo en el país y el gobierno asumía pagar el sala-
rio de los sacerdotes con cargo a los presupuestos nacionales. El se-
gundo apartado, el Tratado de Letrán propiamente dicho, establecía
la soberanía del Estado Vaticano, con el que automáticamente se es-
tablecían relaciones diplomáticas. Aparte del recinto vaticano se
concedía a la Santa Sede soberanía sobre tres basílicas de Roma
(Santa María la Mayor, San Juan de Letrán y San Pablo), la residen-
cia de verano del papa (el palacio de Castelgandolfo) y varias fincas
por toda Italia. Finalmente, estaba la «Convención Financiera», que
de un plumazo llevaba a la Santa Sede de la miseria a la riqueza.
Al día siguiente de la firma, en una rueda de prensa. Pío XI sin-
tetizó mejor que nadie el alcance del tratado que se había firmado:
«Mi pequeño reino es el más grande del mundo». El fervor que le-
vantó el acuerdo fue tal que incluso la mesa en que había sido ru-
bricado comenzó una gira mundial para ser venerada como si de
una reliquia se tratara.17 El manto de misterio que se tendió sobre
la dilatada negociación sólo pudo ser descorrido con lentitud tras
la ceremonia de Letrán. Se supo entonces que el texto del acuerdo
había sido impreso en el Vaticano por operarios a los que se man-
tuvo prisioneros hasta días después del 11 de febrero, y que el
papa había corregido personalmente todas las pruebas de impren-
ta: «Hay casos en que la presencia o ausencia de una coma —le
comentó a Gasparri— puede modificar todo el contenido».
Aquel contenido era tan importante que su trascendencia tras-
pasaba con mucho las diminutas fronteras del Estado Vaticano.
Tanto es así que en dos lugares muy alejados del mundo había
dos personajes que estaban particularmente atentos a los térmi-
nos del tratado por razones que nada tenían que ver con el cris-
tianismo. En Alemania, un Adolf Hitler que comenzaba a ser
algo más que el jefe de una pandilla de agitadores escribía en el
periódico del partido nazi: «El hecho de que la curia haya hecho
las paces con el fascismo muestra que el Vaticano confía en las
nuevas realidades políticas mucho más de lo que lo hizo en la an-
tigua democracia liberal, con la que no pudo llegar a un acuerdo
[...]. El hecho de que la Iglesia católica haya llegado a un acuerdo con
la Italia fascista prueba más allá de toda duda que el mundo de
las ideas fascistas está más cerca de la cristiandad que del libera-
lismo judío o incluso el ateísmo marxista».18
En Estados Unidos, el banquero Thomas William Lamont, uno
de los principales agentes de la banca Morgan, estaba mucho me-
nos interesado en las consecuencias políticas del tratado que en
los noventa millones de dólares que llevaba aparejados. A fin de
cuentas. Pío XI era un viejo amigo de la casa Morgan. Siendo
monseñor Ratti prefecto de la Biblioteca Vaticana, el que más tar-
de se convertiría en papa gestionó la restauración de una valiosa
colección de manuscritos coptos propiedad de J. Pierpoint Mor-
gan.tramas, Aquellos pergaminos pasarían a ser una de las piezas más
preciadas de la mítica «biblioteca negra» del millonario.
Comenzaba una época en que las obras del diablo iban a ser
salpicadas con agua bendita.

domingo, 1 de abril de 2007

LISTA DE PAPAS , Y ANTI-PAPAS // CURIOSIDADES

LISTA DE PAPAS Y "ANTIPAPAS"...; O QUIEN ES QUIEN ES VILLAFEOS...



San Pedro (32-67) . Judío, Pescador. Nació en 4 A.C. Casado, con una hija: Petronila.
Nombre arameo: Simón Bar- Jona
Le apodaban Cefas, desde antes de conocer a jesús. Nombre que significa en el mismo idioma: "La piedra ".
Jesucristo dá a ese apodo, un significado especial, cuando menciona: " Tú eres cefas, y sobre esa piedra, edificaré mi iglesia."
La traducción de Cefas: Al griego es Petros, al latín Petrus, y al castellano: Pedro.

San Lino (67-76). Italiano, muere en 78 D.C.
San Anacleto (Cletus) (76-88).
San Clemente I (88-97)
San Evaristo (97-105)
San Alejandro I (105-115)
San Sixto I (115-125) -- También llamado Xystus I
San Telesphorus (125-136)
San Hyginus (136-140)
San Pío I (140-155)
San Aniceto (155-166)
San Sotero (166-175)
San Eleutero (175-189)
San Victor I (189-199)
San Ceferino (199-217)
San Calixto I (217-22)- Fué esclavo y después diácono. Convicto en las minas de sal de Cerdeña, por iniciar una riña en una iglesia, en día sábado.
San Urbano I (222-30)-
San Pontiano (230-35)- Romano, Abdicó el 28 sept. 235. Muere prisionero en Serdeña.
San Anterus (235-36)
San Fabian (236-50)- Romano, muere en prisión en Roma.
San Cornelio (251-53)
San Lucio I (253-54)
San Estéban I (254-257)
San Sixto II (257-258)- Muere decapitado.
San Dionisio (260-268)
San Felix I (269-274)
San Eutychian (275-283)
San Cayo (283-296) -- También llamado Gaius.
San Marcelino (296-304)- Papa apóstata, es expulsado del papado.
San Marcelo I (308-309)
San Eusebio (309 - 310)- Médico griego, muere en el exilio en Sicilia.
San Miltíades (311-14)
San Silvestre I (314-35)
San Marcos (336)
San Julio I (337-52)
Liberio (352-66)
San Dámaso I (366-83) Romano, hijo de un sacerdote.
San Siricius (384-99)
San Anastasio I (399-401)- Padre del siguiente Papa.
San Inocente I (401-17)- Hijo de Anastasio l.
San Zosimus (417-18)
San Bonifacio I (418-22)- Hijo de sacerdote.
San Celestino I (422-32)
San Sixto III (432-40)
San Leo I (the Great) (440-61)- Elegido Papa durante su ausencia. En viaje diplomático a Galia.
San Hilario (461-68)
San Simplicio (468-83)
San Felix III (II) (483-92)- Aristócrata Romano, hijo de sacerdote- Tuvo dos hijos, ancestros de los papas Agapito l y Gregorio l.
San Gelasio I (492-96)- Africano
Anastasio II (496-98)- Hijo de sacerdote.
San Symmachus (498-514)- Serdeño, converso del paganísmo.
San Hormisdas (514-23)- Acaudalado, casado antes de ser ordenado. Padre del papa Silverio
San Juan I (523-26)- Anciano de Toscanía.
San Félix IV (III) (526-30)
Bonifacio II (530-32)
Juan II (533-35)- Primer papa que cambia su nombre. Originalmente: Mercurio.
San Agapito I (535-36) -- También llamado Agapitus I- Aristócrata, hijo de sacerdote.
San Silverio (536-37)- Hijo del papa Hormisdas - Destronado en 11 Marzo del 537
Exiliado a Anatolia. Abdicó el 11 Nov. Muere el 2 de Dic.

Virgilio (537-55)- Aristócrata de familia consular.
Pelagio I (556-61)
Juan III (561-74)- Romano, hijo de un gobernador provincial. Nombre original: Catalino.
Benedicto I (575-79)
Pelagio II (579-90)- Galo, nacido en Roma. Muere de peste el 7 feb 590
San Gregorio I ( el Grande) (590-604)- Fué prefecto de Roma, El primer monje elgido al papado. Y junto con Leon l, llamados : " Grandes "
Sabino (604-606)
Bonifacio III (607)- Griego
San Bonifacio IV (608-15) Hijo de médico.
San Deusdedit ( Adeodatus I ) (615-18)
Bonifacio V (619-25)
Honorio I (625-38)- De familia consular.
Severino (640)
Juan IV (640-42)
Theodoro I (642-49)- Hijo de Obispo.
San Martin I (649-55)- Diácono Italiano, Depuesto en 653, Juzgado en Constantinopla, Flajelado, deportado a Crimea, y muere en exilio.
San Eugenio I (655-57)
San Vitaliano (657-72)
Adeodato (II) (672-76)
Donus (676-78)
San Agatho (678-81)- Siciliano
San Leo II (682-83)- Interesado en la música sacra.
San Benedicto II (684-85)
Juan V (685-86)- Sirio de Antioquía.
Conon (686-87)- Siciliano
San Sergio I (687-701)
Juan VI (701-05)
Juan VII (705-07)- Hijo de un oficial del palacio.
Sisinnius (708)
Constantino (708-15)
San Gregorio II (715-31)
San Gregorio III (731-41)
San Zacarías (741-52)- Último papa griego.
Estéban II (752) - Tiempo del pontificado: 3 días, Muere de infarto.
Estéban III (752-57)
San Pablo I (757-67)- Hermano del papa anterior.
Estéban (767-72)-
Adrian I (772-95)
San Leo III (795-816)- Sacerdote, Cardenal.
Estéban V (816-17)
San Pascual I (817-24)
Eugenio II (824-27)
Valentín (827)
Gregorio IV (827-44)
Sergio II (844-47)
San Leo IV (847-55)- Entronado por la fuerza, y contra su voluntad.
Benedicto III (855-58)
San Nicolás I ( El grande ) (858-67)
Adrián II (867-72)- Casado antes de su ordenación. Contra la opinión de sus allegados, mantenía oculta a su esposa e hija, en el palacio de Letrán. Desconocidos, las raptan y asesinan a pesar de los intentos del papa de impedirlo.
Juan VIII (872-82)- Aprisionado por miembros de su guardia, azotado y asesinado con un martillo.
Marino I (882-84)
San Adrián III (884-85)- Asesinado.
Estéban VI (885-91)- Depuesto por formoso l.
Formoso l (891-96)- Este papa fué acusado en enero del 897, de perjurio y otros crimenes, por Estéban VI. Nueve meses después de su muerte.
Se exhuma el cadaver de Formoso. Visten al cuerpo momificado con los ropajes papales, y lo juzgan. Es declarado culpable. ( Parece que Formoso no se defendió muy bien. Se acogió a la enmienda de mantenerse en silencio.) Lo despojan de sus vestimentas y le amputan los dedos de la mano derecha ( Para que no fuese a dar mas bendiciones-Ejemmmm-En la vida futura, por supuesto.) Arrojan el cuerpo al Tiber.
Estéban Vl, es encarcelado y estrangulado por la muchedumbre romana.
Bonifacio VI (896)
Estéban VII (896-97)- Depuesto y muere en prisión, ahorcado.
Romano (897)
Theodoro II (897)
Juan IX (898-900)
Benedicto IV (900-03)
León V (903)- Asesinado en prisión.
Sergio III (904-11)-- Su amante era la famosa matrona: " Marozia", La que obtuvo gran poder en el seno de la iglesia, al grado de poder nominar a varios papas.------Engendran al futuro papa: Juan Xl
Anastasio III (911-13)
Lando (913-14)
Juan X (914-28)- Depuesto, encarcelado en castillo san Angelo. Ahorcado.
León VI (928)- Fué nominado al papado, por Marozia
Estéban VIII (929-31)- Fué nominado al papado, por Marozia .
Juan XI (931-35)- Hijo ilégitimo del papa Sergio lll, y de su amante Marozia.- Fué nominado al papado, por Marozia. ( Sergio no opinaba mucho en este tiempo, estaba muerto..)
León VII (936-39)
Estéban IX (939-42)- Medio hermano del papa Juan Xll, muere prisionero y mutilado.
Marino II (942-46)
Agapito II (946-55)
Juan XII (955-63)- Alemán. Hijo ilegítimo de Alberic ll, Principe de Roma. Depuesto. Muere supuestamente de infarto al estar en la cama, con su querida. Pero fue por la golpiza que le propinó el esposo de su amante ( Que carecía de sentimientos religiosos. )
León VIII (963-64)- Laico. Recorre todas las instancias de ordenación eclesiásticas, en un solo día, para ser ordenado papa. Depuesto
Benedicto V (964)- Depuesto. Exiliado a Hamburgo.
Juan XIII (965-72)
Benedicto VI (973-74)- Prisionero en castillo san Angelo, estrangulado.
Benedicto VII (974-83)
Juan XIV (983-84)- Depuesto, atormentado y muere de hambre prisionero.
Juan XV (985-96)- Hijo de sacerdote.
Gregorio V (996-99)- Alemán. Primo del emperador Oto lll, Muere de malaria.
Silvestre II (999-1003)--
Posible falsificador del documento:
. "La donación de Constantino."
Juan XVII (1003)
Juan XVIII (1003-09)- Abdicó y muere como monje.
Sergio IV (1009-12)
Benedicto VIII (1012-24)
Juan XIX (1024-32)- Senador y hermano del papa Benedicto Vlll.--Soborna a los cardenales para ser nominado papa. Pasa de laico a papa, en un solo día.
Benedicto IX (1032-45)- Es Papa a la edad de 14 años: Su padre el Conde Alberic lll, soborna a la curia, y compra el trono de san Pedro.
Juan XIX abdica, para casarse.
Juan XlX vuelve. Abdica nuevamente, y vende el trono de san Pedro a su padrino. ( Recupera la inversión inicial.) Vuelve otra vez, y ahora es expulsado.-- Único personaje que ha sido papa tres veces.
Silvestre III (1045)- Expulsado.
Benedicto IX (1045)- Depuesto.
Gregorio VI (1045-46)
Clemente II (1046-47) Enterrado en Alemania.
Benedicto IX (1047-48)
Dámaso II (1048)- Nombre original: Poppo, muere de malaria.
San León IX (1049-54)-Nombre original: Bruno
Victor II (1055-57)
Estéban X (1057-58)
Nicolás II (1058-61)
Alejandro II (1061-73)
St. Gregorio VII (1073-85)
Beato Victor III (1086-87)
Beato Urbano II (1088-99) Nombre original; Odo
Pascual II (1099-1118)
Gelasius II (1118-19)
Calixto II (1119-24)- Nombre original; Guido
Honorio II (1124-30)- Nombre original; Lamberto
Inocente II (1130-43)
Celestino II (1143-44)
Lucio II (1144-45)- Asesinado.
Beato Eugenio III (1145-53)
Anastasio IV (1153-54)
Adrian IV (1154-59)- Único papa Inglés.
Alejandro III (1159-81)
Lucio III (1181-85)
Urbano III (1185-87)
Gregorio VIII (1187)
Clemente III (1187-91)
Celestino III (1191-98)- Nombre original; Bobo
Inocente III (1198-1216)
Honorio III (1216-27)
Gregorio IX (1227-41)- Sobrino del papa Inocente lll.
Celestino IV (1241)- Tiempo de pontificado; 16 dias
Inocente IV (1243-54)
Alejandro IV (1254-61)
Urbano IV (1261-64)- Patriarca de Jerusalén
Clemente IV (1265-68)- Viudo.
Beato Gregorio X (1271-76)
Beato Inocente V (1276)
Adrián V (1276)- Sobrino del papa Inocente lV- fué laico. En 1975, Pablo Vl lo eliminó de la lista de papas, por no haber sido ordenado obispo.
Juan XX- no existió
Juan XXI (1276-77)- Portugués, muere cuando el techo le cae encima. Conocido por su tratado de enfermedades de los ojos.
Nicolás III (1277-80)- Hace del Vaticano la residencia papal.
Martín IV (1281-85)
Honorio IV (1285-87)
Nicolás IV (1288-92)- Primer franciscano papa.
San. Celestino V (1294)- Pedro Morrone, Abdica.
Bonifacio VIII (1294-1303)
Beato Benedicto XI (1303-04)-
Muere de desintería.
Clemente V (1305-14)- Primer papa de Avignon.
Juan XXII (1316-34)
Benedicto XII (1334-42)
Clemente VI (1342-52)
Inocente VI (1352-62)
Beato Urbano V (1362-70)
Gregorio XI (1370-78)
Urbano VI (1378-89)
Bonifacio IX (1389-1404)
Inocente VII (1406-06)
Gregorio XII (1406-15)- Abdica.
Juan XXlll- Antipapa ( 1410-1415) Nombre: Baldassare Cossa.
Fué depuesto por decreto del concilio de Constanza. Expulsado por notorio incesto, adulterio, profanación y homicidio.
Su amante era la esposa de su hermano. Para acallar el escándalo, este individuo es enviado como Arzobispo a Tusculum, por cuatro años.
Durante ese lapso, seduce a 200 monjas, doncellas, casadas y viudas.
Su excelencia era un depravado.
Parece que la firma Elly Lilly, busca las reliquias de Juan. Con el propósito de extraer el D.N.A. y crear un medicamento superior al Viagra. Touche
Martín V (1417-31)
Eugenio IV (1431-47)
Nicolás V (1447-55)
Calixto III (1455-58)
Pío II (1458-64)
Pablo II (1464-71) Sobrino de Eugenio lV.
Sixto IV (1471-84)
Inocente VIII (1484-92) - Hace cardenal a su nieto de 13 años.
Alejandro VI (1492-1503)- Español, Tiene dos amantes: Vanozza dei Catanei y Giulia Farmese, y otras varias.
Padre de cinco hijos. Muere envenenado o de malaria.

Pío III (1503)- Sobrino de Pio ll.
Julio II (1503-13)- " El terrible", Sobrino de Sixto lV. Padre de varios hijos. Mecenas de las artes: Miguel Angel, Bramante y Rafael.
León X (1513-21)- Hijo de Leonardo de Medici.
Adrián VI (1522-23)
Clemente VII (1523-34)- Hijo ilegítimo de Giuliano de Medici. Primo del papa león X
Pablo III (1534-49)- Mecenas: Miguel Angel, Capilla Sixtina.
Julio III (1550-55)
Marcelo II (1555
)- Reformador del calendario.
Pablo IV (1555-59)- Preside la Inquisición, Establece el índice de libros prohibidos. Confina a los judíos en el Geto de Roma.
Pío IV (1559-65) En el arco de la plaza de porte vía. El papa mandó esculpir la fachada de acuerdo a un diseño de Miguel Angel. Nadie puso atención a los ornamentos de la misma, hasta un siglo después. Las tres figuras centrales son vacías de barbero, un jabón de afeitar y una toalla. Los constructores le jugaron una broma. Hicieron referencia al humilde origen de ese papa, que provenía de familia de barberos.
San Pío V (1566-72)-
Inquisidor general.-- Escribe el libro: Los secretos de cocina de Pío V.
Gregorio XIII (1572-85)
Sixto V (1585-90) -Establece la prensa Vaticana.
El papa Sixto V, comisionó a cuatro reconocidos arquitectos la reparación del puente: " Fabricio ", que une la única isla del Tiber, con tierra firme.
Durante el trabajo, los arquitectos reñían constantemente, por celos profesionales.
Sixto estuvo disgustado con esa actitud poco profesional. Al terminar la obra, los cuatro constructores fueron castigados. El papa mandó que los decapitaran, en el mismo puente.
Mandó esculpir en piedra, la efigie de los cuatro pendencieros arquitectos. Y colocarla en cada esquina del puente. Ahora ese lugar es llamado: " Puente de las cuatro cabezas. "
Los constructores que trabajaron para el papa en adelante, ya no sintieron celos profesionales.
Por eso, a Sixto V, se le considera como: " El santo patrón de los constructores." Y con ello se ratifica el título que se usaba desde tiempos de la Roma Imperial: " Pontífice", que significa en latín: " constructor de puentes". ( Pontum-feci )
Urbano VII (1590)
Gregoro XIV (1590-91)
Inocente IX (1591)
Clemente VIII (1592-1605)- Hace cardenal a su sobrino de 15 años.
León XI (1605)
Pablo V (1605-21)
Gregorio XV (1621-23)- Instruido por los Jesuitas. Establece las reglas de los cónclaves papales.
Urbano VIII (1623-44)- Practica la magia, asesorado por Tommaso Campanela.
Inocente X (1644-55)
Alejandro VII (1655-67)
Clemente IX (1667-69)- Escribe en 1639, la primer opera cómica: "Chi Soffre speri."
Clemente X (1670-76)
Beato Inocente XI (1676-89)
Alejandro VIII (1689-91)
Inocente XII (1691-1700)
Clemente XI (1700-21)
Inocente XIII (1721-24)
Benedicto XIII (1724-30)- Pedro Francisco Orsini- Vive como fraile después de su elección. Gustaba de almorzar huevos. Se bautizaron los huevos " Benedictinos", en su honor.
Clemente XII (1730-40) Era ciego.
Benedicto XIV (1740-58)
Clemente XIII (1758-69)- Manda cubrir pudorosamente, los desnudos de la capilla sixtina; o sea , hecha a perder muchas de las obras, recuperadas(no todas) en el tiempo bajo muchas restauraciones...
Clemente XIV (1769-74)
Pío VI (1775-99)
Pío VII (1800-23)
León XII (1823-29)
Pío VIII (1829-30)
Gregorio XVI (1831-46)
Pío IX (1846-78)- Concilio Vaticano l-- Beatificado en 2,000-- Infalibilidad papal,- Silabario de errores. El mas largo reinado papal de la historia.
León XIII (1878-1903)
San Pío X (1903-14)
Benedicto XV (1914-22)
Pío XI (1922-39)
Pío XII (1939-58) Hipocondríaco- Detestaba pisar insectos. Los jardineros del vaticano, mantenían limpia la vereda de bichos.
Redactó una carta de renuncia notariada, en caso de que fuese tomado prisionero por los Nazis; aunque despues se demostro que "esa renuncia" era simulada para taprse las espaldas en caso de la caida nazi, ya que antes de que empezara la guerra, hay fotos del papa, del que seria juan xxIII, y el gran boato de las altas esferas eclesiasticas, fotos salidas a la luz sin conocimiento de la iglesia, ademas de imponer a Jesuitas en alto cargos militares alemanes, Gestapo, SS y Campos de concentracion;"estos cargos eclesiasticos" fueron los queidearon llevar el ciclon B(el gas de la muerte) en ambulancias de la cruz roja.
Juan XXIII (1958-63)- Concilio Vaticano , Beatificado en 2,000
Fino sentido del humor: En una ocasión un carpintero francés trabajaba en el Vaticano, y se machucó los dedos. Comenzó a gritar una letanía de blasfemias. Juan XXlll, le increpó: ¿ No puedes gritar "Merde", como todo el mundo.?
Pablo VI (1963-78)- Demandado por William Sheffiel por $ 428.50, debido a que no recibió un perro que compró en un monasterio de Suiza. W. Sheffiel ganó el juicio, pero no pudo cobrar.
Papa amante de la velocidad. Siendo Arzobispo de Milán, manejaba su carro como piloto de carreras.
Juan Pablo I (1978)
Tiempo de pontificado: un mes tres dias. Muere de infarto. Gustaba de la literatura. Escribe un poema: "Carta a Pinocho" ( antes de ser papa.) ¿Asesinado?
Juan Pablo II (1978—) Polaco de Wadowise.- Apodo de juventud: Lolek
-
Fides et ratio Teoría de la evolucion
Papa lingüista: Polaco, italiano, latín, fancés, inglés, español y alemán. Algo de japonés. Tagalog y varios dialectos africanos.
Aficionado al futbol. El día de su coronación, insistió en adelantar la ceremonia una hora, para no interferir con el partido que pasaría en T.V.
Ha estado cerca de la muerte un par de veces. De niño fué atropellado por un camión y abandonado. A la mañana siguiente lo encontraron en el camino, con ruptura de craneo
La segunda vez, en el atentado de 1981.

Para la Iglesia Católica Romana, los antipapas son aquellos que han reclamado el título de Papa en forma no canónica, generalmente en oposición a un papa específico o durante algún período en el cual la sede estaba vacante. El título de antipapa no es necesariamente señal de doctrina contraria a la fe enseñada por la iglesia, sino únicamente la pretensión, ya sea usurpada o dudosa, de la legitimidad canónica de su elección e investidura como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.
En muchos casos el surgimiento de antipapas ocurre en períodos de turbulencia en la iglesia como fue el caso del
Gran Cisma de Occidente, (finales del siglo XIV-principios del siglo XV) relacionado con el traslado de la corte papal de
Roma a Aviñón en Francia, en donde residió buena parte del siglo XIV (1309-1377).
Ciertas iglesias católicas no en comunión con Roma, como la autodenominada
Iglesia Verdaderamente Católica, consideran que el actual ocupante del Papado es en realidad un antipapa. La Iglesia Verdaderamente Católica, que reconoce como papa reinante a Pío XIII, afirma —sin mayores fundamentos— que Angelo Roncalli pertenecía a la masonería antes de ocupar el solio como Juan XXIII; al acarrearle ello la excomunión automáticamente, no considera válida su elección, el Concilio Vaticano II que éste convocó, ni sus sucesores, es decir, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Afirmaciones similares son comunes entre aquellos sectores del catolicismo que rechazan los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II y que se innauguraron incluso antes del Concilio con la Iglesia Renovada de Cristo fundada por Michel Collin, antipapa Clemente XV. Posteriormente surgieron grupos como la Santa Sede Palmariana del papa Gregorio XVII fallecido en el año
2005 y sucedido por Manuel Alonso Corral que se hace llamar Pedro II<>Iglesia Catolica Apostolica Remanente cuya sede esta en Argentina y la lidera el antipapa León XIV. Más pequeños son los grupos como los del antipapa Juan XX (Roberto Carnevale, Italia) o David Bawden, Miguel I, un laico elegido por un conclave de seis personas.

Lista de los antipapas

San Hipólito (217-235)
San Hipólito de Roma fue un escritor de la iglesia cristiana primitiva. Al parecer fue elegido como el primer antipapa en 217, pero murió reconciliado con la Iglesia el 235 como un mártir, por lo que ahora es honrado como un santo. El misterio que envuelve a la persona y los escritos de Hipólito, uno de los más prolíficos escritores eclesiásticos de los primeros siglos, fue desvelado un poco por primera vez a mediados del siglo XIX por el descubrimiento de su Philosophumena. Asumiendo que este trabajo sea obra de Hipólito, la información dada en él respecto al autor y su época puede combinarse con otras fechas conocidas para tener un esquema de su vida razonable.
Novaciano (251)
Novaciano (m. 258), sacerdote romano y antipapa en la época del papa Cornelio desde 251 hasta 258, fecha de su muerte. Algunos lo llaman o lo identifican con Novato, pero otras fuentes, dicen que Novato era un presbítero de origen cartaginés.
Novaciano habría nacido en Frigia a mediados del siglo III y en 248 se trasladó a Roma, donde se convirtió al Cristianismo. Fue el primer
teólogo en utilizar el latín como idioma de sus texto.
Descontento con la elección de Cornelio, desconoció su autoridad, por lo que se constituyó en antipapa, dando origen a la doctrina conocida como novacianismo que niega la absolución de los lapsos y afirma que la Iglesia no tiene poder para dar la paz a los que renegaron de la fe en la persecución y a los que cometieron algún pecado mortal. Esta doctrina fue perdiendo adeptos hasta desaparecer en el siglo VII. Novaciano escribió Tractatus de Trinitae entre otros escritos.
Tras proclamarse como antipapa, fue desterrado de Roma y murió en 258. Sus restos fueron llevados a Roma por sus discípulos.
Es considerado hereje por la Iglesia Católica y San Cipriano, San Ambrosio y San Paciano impugnaron su doctrina.
Obras
Las obras que se conservan son "De trinitate", "De civis iudaicis", "De spectaculis", "De bono pudicitiae".
De Trinitate, es la más extensa. Bardenhewer dice que es muy buena por el fondo y la forma. Resume la doctrina de todos los anteriores, pero la originalidad reside en la precisión y amplitud en el tratamiento del tema. (combatiendo el monarquianismo) Adopta el método dialéctico.
Se ciñe mucho a la Escritura con citas abundantes y apropiadas, Incurre en el subordinacionismo. Al Hijo lo concibe como inferior al Padre. El "De Trinitate" tuvo una gran influencia sobre todo en el pensamiento latino,. Contribuyó así a la creación del pensamiento teológico occidental, ofreciendo una terminología muy precisa. Destacar también el "De civis iudaicis" (Sobre los alimentos judaicos), que trata el hecho de que los judíos prohibían ciertos alimentos porque simbolizaban el pecado, pero puesto que con los cristianos eso no va, con ellos tampoco van esas prohibiciones, excepto en el caso de las carnes inmoladas a los ídolos, porque ello seria señal de idolatría. Deja aparte la virtud de la templanza (no se trata de hacer comilonas), comer toda clase de alimentos, pero solo para alimentarse, evitando así caer en los excesos de la época.
Otra obra es el "De spectaculi"(sobre los espectáculos), o representaciones paganas, como también el teatro, por ser escuela de vicios e inmoralidad y por ser seducciones demoniacas. También escribió el "De bono pudicitiae" hablando de los distintos grados de castidad. Se nota el rigorismo de Novaciano. Su cisma será muy rigorista (los puros) los que habían pecado de modo mortal quedaban excluidos.
Enlaces

Catholic Encyclopedia: Novatian and Novationists, en inglés.
De Trinitate, en latín.
Félix II (335-365)
Félix II. Antipapa de origen romano.
Se desempeñaba como arcediano de la iglesia de
Roma, y al ser desterrado por Constancio II el papa San Liberio en 355, aceptó la tiara que le ofreció el emperador pero nunca logró que el pueblo lo aceptara.
Al regresar San Liberio en 358, Félix II abdicó, pero intentó ocupar la basílica Julia, sin éxito.
Falleció en 365 como mártir.

Ursino (366-367)
Ursino. Antipapa de origen romano en tiempo del papa Dámaso I.
También se lo conoce con el nombre de Ursicino.
Era diácono de la Iglesia romana cuando se negó a reconocer al papa elegido Dámaso I y se autoproclamó obispo de Roma en 366. A pesar de tener un grupo de amigos que lo sostenía, encabezados por un tal Julio, fue desterrado en 367 por el emperador Valentiniano I.
A la muerte de Dámaso I en 384 intentó nuevamente asumir el papado, pero el emperador Valentiniano II lo desterró en forma perpetua en 385.

Eulalio (418-419)
Eulalio fue un antipapa de origen romano.
Nació en (c) 380.
Tenía la dignidad de diácono cuando fue elegido el 27 de diciembre de 418 en Roma por un grupo de diáconos descontentos.
Fue antipapa del papa Bonifacio I y se instaló en el palacio Laterano.
Abdicó el 3 de abril de 419 a instancias del emperador Flavio Honorio.

Murió en (c) 450.
Lorenzo (498; 501-505)
Lorenzo fue un sacerdote de origen romano que nació en 460, algunos autores lo llaman Laurencio.
Siendo arcediano fue elegido el 22 de noviembre de
498 por una minoría del clero por lo que resultó antipapa de san Símaco

que había sido consagrado como papa el mismo día. Tenía el apoyo político del Senado romano por lo que se produjo un inevitable conflicto de autoridades.
Como una forma de arbitrar quién debía ser papa se convino designar como árbitro al rey de los ostrogodos, Teodorico. Esto no deja de ser llamativo dado que Teodorico era arriano.
Teodorico y un concilio reunido en Roma se decidieron por Símaco en contra de las pretensiones de Lorenzo.
Pese a ser nombrado obispo de Nocera, Lorenzo acusó a Símaco de ciertos crímenes. Sin embargo poco después, en el mismo año, abdicó.
Las acusaciones de Lorenzo fueron desechadas por el concilio reunido el 23 de octubre de 501, año en que Lorenzo intentó nuevamente ejercer el papado.
En 505 un concilio lo depuso nuevamente por lo que abdicó definitivamente.
Murió desterrado en 520.

Dióscuro (530)
Dióscuro o Dióscoro de origen griego nacido en Constantinopla fue antipapa de Bonifacio II.
Había sido elegido por parte del clero romano el
22 de septiembre

de 530, al mismo tiempo que era elegido el papa Bonifacio II, pero murió el 14 de octubre del mismo año. Hasta ese momento ostentaba el título de diácono.
Con su muerte, sus electores reconocieron como papa a
Bonifacio II por lo que se evitó que el cisma prosperase.

Teodoro (687)
Teodoro Antipapa de los papas Conón y Sergio I que gobernó en el 687, como otro antipapa, Pascual. Ambos tuvieron que ceder su puesto al siguiente papa elegido: san Sergio I.
Pascual (687)
Antipapa que gobernó en el 687, elegido como contraposición a otro antipapa, Teodoro. Llegó a ser por breve tiempo antipapa de Sergio I ante quien cedió su puesto.

Constantino II (767-769)
Constantino II, nacido en Nepi, fue antipapa desde el 29 de junio de 767 al 6 de agosto de 768, durante el pontificado de Esteban III.
Tras la muerte del papa Pablo I, se designa como sucesor a un sacerdote romano llamado Felipe que renuncia al día siguiente. Situación que aprovecha el duque de Nepi para provocar una insurrección armada y proclamar como papa a su hermano, un laico que tomará el nombre de Constantino II.
Al ser laico, fue ordenado antes de ser consagrado Papa, circunstancia nada inusual en la época, pero que será el motivo por el que un tribunal eclesiástico lo deponga el 6 de agosto de 768.
Felipe (768)
Felipe, fue antipapa durante un solo día, el 28 de junio de 767 al renunciar al día siguiente a su elección.

Juan (844)
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Anastasio (855)
El antipapa Anastasio III, llamado Anastasio el Bibliotecario, nació hacia 815 y murió en 880. Fue antipapa en 855, enfrentado a Benedicto III. El sucesor de éste, Nicolás I, nombró a Anastasio canciller pontificio, puesto que desempeñó como uno de los más brillantes redactores. Es uno de los personajes relacionados con la supuesta suplantación de la papisa Juana

Cristóbal (903-904)
Cristóbal, antipapa, (Roma, ¿?-906). Depuso al papa León V en 903, al año siguiente fue depuesto por Sergio III. El papa Sergio hizo degollar a León V en 903 y mandó estrangular a Cristóbal en 906.
Bonifacio VII (974; 984-985)
Bonifacio VII antipapa que ocupó el trono pontificio de forma ilegal en dos ocasiones, en 974 y entre 984 y 985.
En el año 974, durante el pontificado de Benedicto VI, aprovechando la muerte del protector de este, el emperador Otón I, el patricio romano Juan Crescencio nombra papa al cardenal diácono Francone Ferruchi que adopta el nombre de Bonifacio VII.
En esta primera etapa sólo gobernó la Iglesia durante seis semanas, el tiempo que tardó el conde Sicco de Spoleto en llegar a Roma en calidad de representante del nuevo emperador Otón II y obligar a Bonifacio a huir de la ciudad y refugiarse en Constantinopla, donde se llevó consigo parte del tesoro de la Iglesia. No obstante en ese breve periodo de tiempo hizo estrangular al papa legítimo, Benedicto VI.
Tras su huida es elegido nuevo papa Benedicto VII quien excomulga al antipapa Bonifacio en una de las primeras medidas que adopta.
Bonifacio permanecerá en Constantinopla durante diez años hasta que, en 984, aprovechando la muerte de Otón II y que su sucesor, Otón III, tiene apenas tres años de edad, regresa a Roma y con la complicidad de Crescencio II, hijo del citado Juan Crescencio, encarcela al papa que entonces regía los destinos de la Iglesia, Juan XIV, y vuelve a ocupar el solio pontificio casi durante un año.
El papa legítimo, Juan XIV, falleció de hambre durante su encarcelamiento, por lo que Bonifacio VII está considerado como el asesino de dos papas.
Bonifacio VII falleció asesinado el 20 de julio de 985, siendo su cadáver mutilado y arrastrado por las calles romanas hasta terminar expuesto a los pies de la estatua de Constantino.

Juan XVI (997-998)
Juan XVI. (de nombre Juan Filigato ). (* Rossano (Italia), ¿? – † Fulda (Alemania), 1013). Antipapa de 997 a 998.
Nacido en los territorios bizantinos del sur de Italia, fue capellán de Teófano, la madre del emperador
Otón II hasta que, tras actuar como legado imperial en Italia, fue nombrado abad de Nonantula, y posteriormente, tutor del hijo de emperador, el futuro Otón III.
Nombrado obispo de
Piacenza, fue enviado a Constantinopla con la misión de concertar el matrimonio de Otón III. Al regresar a Roma, el papa Juan XV acababa de fallecer y había sido elegido, impuesto por el emperador pero con el rechazo de la nobleza y el pueblo romano, Gregorio V.
Cuando el emperador, que había acudido a Roma para ser coronado por Gregorio V, abandonó Italia, la nobleza romana, encabezada por
Crescencio II, eligió y sentó en la silla de San Pedro a Juan Filigato.
El nombramiento del antipapa Juan XVI hizo que, en
998, el emperador Otón III volviera, al frente de su ejército, a Roma donde tras restaurar a Gregorio V, hizo mutilar a Juan XVI y lo mandó recluir en el monasterio de Fulda donde falleció en 1013.
Aunque Juan XVI ha sido siempre considerado como un antipapa y nunca como un papa legítimo, el siguiente papa que adoptó el nombre de Juan no utilizó el numeral "XVI" sino que pasó a usar el nombre de
Juan XVII.
Gregorio (1012)
Gregorio VI, fue antipapa durante 1012 al ser impuesto por la familia de los Crescencio tras haber expulsado al papa Benedicto VIII.
Benedicto X (1058-1059)
Benedicto X. (de nombre Juan Mincio ). (* Roma (Italia), ¿? – † 1073) ó 1080. Antipapa de 1058 a 1059.
Obispo de Velletri y pariente de los condes de Túsculo, fue elegido papa a la muerte de Esteban IX con el nombre de Benedicto X.
Su elección no contó con la aprobación de todo el colegio cardenalicio ya que parte del mismo se opuso a la misma al alegar que se había producido mediante precio (simonía); por lo que los disconformes se reunieron con el cardenal Hildebrando, futuro papa Gregorio VII, que no había participado en la elección por encontrarse en ese momento en Alemania, y procedieron a elegir en la ciudad de Siena, en diciembre de 1058, como sucesor de Esteban IX al obispo de Florencia, Gerhard de Borgoña, quien adoptó el nombre de Nicolás II.
Nicolás II, camino de Roma, celebró en Sutri un sínodo en el que depuso y excomulgó a Benedicto X quien se vio obligado a huir de la ciudad santa; aunque siguió reclamando sus derechos hasta que, trás varias derrotas militares de sus partidarios, se vio obligado a renunciar al papado.
Tras su renuncia fue encarcelado hasta su muerte de la que no se tiene noticia cierta, aunque los historiadores la fijan en 1073 ó 1080.
Honorio II (1061-1072)
Honorio II, de nombre Pietro Cadalus nació en Verona hacía 1009 y fue antipapa de 1061 a 1072.
A la muerte de Nicolás II, los consejeros de Enrique IV, entonces con once años de edad, considerando que, según lo establecido en la Constitutio Lotharii y en el Privilegium Othonis, el emperador tenía derecho a que toda elección papal contara con su aprobación, respondieron a la elección de Alejandro II, nombrando al entonces obispo deParma, Pietro Cadalus, que tomará el nombre de Honorio II.
Honorio perdió pronto, en 1062, dicho apoyo, al sufrir Inés, la madre de Enrique IV y regente durante la minoría de edad de su hijo, un golpe de estado por el que se vio obligada a ceder la regencia a los arzobispos Anno de Colonia y Adalberto de Bremen que dieron la espalda al antipapa.
Posteriormente en un concilio celebrado en Mantua, en
1064, Alejandro II logró la destitución y excomunión de Honorio.
No obstante, Honorio se mantuvo en su demanda a la silla papal hasta su fallecimiento en 1072.
Clemente III (1080; 1084-1100)
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Teodorico (1100)
Teodorico, antipapa entre 1100 y 1101.
Los seguidores del fallecido antipapa Clemente III, de forma secreta entronaron al obispo de Albano, como sucesor de Clemente III en la antigua Basílica de San Pedro, con el nombre pontifical de Teodorico, pero más adelante sería forzado abandonar Roma y traído ante el papa Pascual II, quien lo condenó y lo declaró antipapa, y lo envió a Salerno en un monasterio de nombre La Cava, donde moriría meses más tarde en 1102, según un epitafio de dicho lugar.
Fue sucedido en el cargo, por el antipapa Alberto, en 1102.

Alberto (1102)
Alberto. Antipapa de 1101 a 1105.
Fue elevado de forma ilegítima al trono de San Pedro en enero de 1101, con el apoyo del Emperador Enrique IV, para reemplazar a Teodorico y así oponerse al papa Pascual II.

Silvestre III (antipapa) (1045)
Silvestre III (Roma, ¿1000?-¿1046?). Existe controversia si es que fue papa o antipapa, pero si se sabe es que gobernó la Iglesia en 1045 apoyado por el partido de los crescencios, sobornando al papa Benedicto IX. Poco duró su pontificado, solo lo retuvo un mes, pues fue destituído en febrero de 1045 y reemplazado por Gregorio VI.
Silvestre IV (1105-1111)
Silvestre IV (Roma, ¿1050?- ¿?). Su nombre de nacimiento fue Maginulfo. Fue elevado a antipapa por los aristócratas romanos en noviembre de 1105 en reemplazo del antipapa Alberto, en oposición al papa legítimo Pascual II. Renunció en 1111 una vez que Pascual II le otorgó al Emperador Enrique V el privilegio de las investiduras.
Gregorio VIII (1118-1119)
Gregorio VIII, (Limousin, ? - Salerno, Agosto de 1137) fue antipapa durante un breve periodo de tiempo en la primera mitad del siglo XII, del 10 de marzo de 1118 al 22 de abril de 1121.
Su nombre verdadero era Mauricio Burdino (Maurice Bourdin en francés), era natural de Aquitania. Educado en Cluny, Limoges y finalmente en Castilla, habiéndose hecho diácono de la Sede de Toledo.
Debido a su conexión con la Orden de Cluny, se hizo un legado papal perfecto para la Península Ibérica, que recientemente habia adoptado el rito romano como versión oficial del catolicismo, en vez del viejo Rito mozárabe, que fue considerado como herético. Así, se hizo
obispo de Coimbra en 1099, aunque su actividad no lo habia dejado permanecer mucho tiempo en su diócesis, viejo foco de la cultura mozárabe.
Fue en peregrinación a Tierra Santa durante cuatro años, habiendo sido hecho al regresar arzobispo de Braga(1109). En esa situación, próximo al conde Enrique de Borgoña, fue uno de los principales agentes de la reorganización eclesiástica del Condado Portucalense.
En 1114, Mauricio se envolvió en una disputa con el arzobispo primado de Toledo, Bernardo (que era al mismo tiempo legado papal tal como él), clamando ambos por la primacía entre las diócesis de Hispania, por lo que fue llamado a la Santa Sede donde fue repreendido por el Papa Pascual II.
Pero, su posición tuvo algunos partidarios entre la Curia Romana, y en 1116, cuando el emperador Enrique V del Sacro Imperio Romano Germánico invadió Italia para oponerse al Papa en la Querella de las Investiduras, el Papa envió a Mauricio al frente de una delegación dirigida al emperador, mientras Pascual y la Curia se desplazaban para
Benevento, en el Sur de Italia.
Maurício acabaría por traicionar su posición y abrazar la causa del emperador. Enrique entró en Roma un domingo de Pascua (23 de marzo de 1117) habiéndose hecho coronar solemnemente por Maurício. Con esto, el Papa Pascual II excomulgó a Enrique y quito a Mauricio de los cargos que ocupaba, incluyendo el de arzobispo de Braga.
Pascual II murió el 24 de enero de 1118, siendo sucedido después de la reunión del cónclave, por el Papa Gelasio II, en Marzo de ese mismo año. Enrique, sabiendo que el nuevo papa estaba también contra su política, se dirigió a Roma, pero Gelasio, avisado, huyó para
Gaeta y rechazó encontrarse con el emperador para discutir cualquier asunto relacionado con la reforma gregoriana.
Como reacción, los cardenales afectos al emperador (los gibelinos) declararon nula la elección de Gelasio, y proclamaron al contrario Mauricio como Papa, con el nombre de Gregorio VIII (10 de marzo). Gelasio, en Capua, excomulgó tanto a Enrique como al antipapa Gregorio (7 de abril).
Después de la muerte de Gelasio, Calixto III fue elegido Papa el 8 de mayo de 1118, el nuevo Papa intentó hacer un acuerdo con el emperador, el llamado Concordato de Worms o Pacto Calixtino (1122).
Calixto regresó a Roma y Gregorio huyó, refugiándose en Sutri; ahí lo fueron a buscar las tropas papales, teniendo cercada la ciudad durante ocho días, hasta que sus ciudadanos entregaron al Antipapa (abril de 1121). Este fue después llevado para Roma y hecho prisionero, encarcelado en sucesivos monasterios. En esa situación vendría a morir en un monasterio en Salerno, en Agosto de 1137.

Celestino II (1124)
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Anacleto II (1130-1138)
Anacleto II, su nombre de nacimiento fue Pietro Pierleoni, (?-25 de enero de 1138) fue un antipapa que reinó del 1131 hasta a la su muerte.
Pietro, de ascendencia judía, nació en la poderosa familia romana de los Pierleoni, hijo del cónsul Pier Leoni. Como hijo segundo y ambicioso, fue destinado a la carrera eclesiástica. Estudió en París y entró en la abadía beneditina de Cluny. Más tarde fue para Roma y desempeñó diversos cargos importantes. En el 1130 el Papa Honorio II estaba apunto de morir y Pierleoni estaba determinado a sucederle, aunque eso le costara enormes sobornos. A pesar del apoyo de los habitantes y de las familias más nobles de la ciudad, los enemigos políticos de Pierleoni le cortarian los proyectos y obligaron al
cardenal Gregorio Papareschi a presentarse candidato. Este acabó por ser electo papa Inocencio II, pero la facción de los Pierleoni no aceptó el resultado y lo proclamó Anacleto II. Ambos hombres fueron coronados papa el 23 de febrero, comenzando así el cisma.
Los papas permanecieron en Roma y Anacleto intentó ganarse el apoyo de la población gastando enormes cantidades en presentes y fiestas exuberantes. Los gobernantes de Europa, y en especial Lotario II, el emperador, apoyaban a Inocencio II, dejando a Anacleto con pocos partidarios poderosos. Los más importantes de estos últimos eran un
duque, Guillermo X de Aquitania, lo cual hubo decidido apoyar al antipapa contra el consejo de sus propios obispos y el influyente Rogelio II de Sicilia, cuyo título de "Rey de Sicilia" Anacleto hubo aprobado poco después de ascender al trono papal.
Debido al fuerte apoyo de Rogelio a Anacleto, Inocencio se vio forzado a dejar Roma y a ir a vivir en Pisa, mientras Anacleto ocupaba Roma. Bernardo de Claraval era el más elocuente partidario de Inocencio y convenció todos los partidarios de Anacleto a pasarse al lado de Inocencio después de la muerte de aquel, lo que puso fin al cisma, en 1138. Inocencio pudo entonces regresar a Roma y gobernar sin oposición. El papa convocó rápidamente el Concilio de Letrán II en el 1139 y reiteró las enseñanzas de la Iglesia contra la usura, la boda de los clerigos, y otros problemas.
Aunque la familia Pierleoni hubo declarado lealtad al Papa, Giordano, hermano de Anacleto, se hizo el líder de la Comuna de Roma, oponiéndose activamente a los sucesores de Inocencio en la decada siguiente.
Víctor IV (1159-1164)
Víctor IV, antipapa de la Iglesia Católica de Roma, entre 1159 y 1164.
Nació en la
península Itálica, y fue designado para suceder a Anacleto II, pero solo alcanzaría a gobernar la Iglesia dos meses, ya que no obtuvo un reconocimiento formal y amplio; siendo obligado a abdicar al trono de San Pedro. Murió en Lucca el 20 de abril de 1164.

Pascual III (1164-1168)
Pascual III, antipapa de la Iglesia Católica de Roma entre 1164 y 1168.
De nombre Guido, nació en Cremona. Fue designado reemplazante de Víctor IV, con el apoyo de Federico I Barbarroja, para oponerse al papa Alejandro III, falleció tras cuatro años de pontificado y fue sucedido por el antipapa Calixto III.
Calixto III (1168-1178)
Calixto III, fue Antipapa de Septiembre de 1168 al 29 de agosto de 1178.
Nacido con el nombre de Giovanni, era abad de
Stuma. Era también un gran partidario, de Federico I Barbarroja, y también apoyó al Antipapa Víctor IV, que lo hizo cardenal.
Fue nombrado sucesor del Antipapa Pascual III por un pequeño número de cardenales cismáticos. Calisto representó fundamentalmente, una maniobra de Federico I para presionar al papa Alejandro III, y disponía de un apoyo territorial limitado. Residía en Viterbo.
Federico, por conveniencia política, después de su derrota en la Batalla de Legnano, pasó a apoyar Alejandro III en la Paz de Venecia de
1177, y denunció su antigua posición el 29 de agosto de 1178
. Calixto aceptó la situación, sometiéndose a Alejandro III ese mismo dia. Vino a ser nombrado rector de Benevento, donde falleció pocos años más tarde.
Inocencio III (1179-1180)
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Nicolás V(1328-1330)
Nicolás V (Corvara, Abruzos, Italia, hacia 1260 - Aviñón, 1333), antipapa de 1328 a 1330.
Nacido como Pietro Rainalduccio, fue entronizado como papa Nicolás V por obra del emperador alemán Luis IV de Baviera, en oposición a Juan XXII, quien lo había excomulgado, acusándolo de brujería.
Su pontificado duró dos años, tras los cuales se sometió a su rival, pasando a vivir en la misma ciudad desde la que aquél reinaba, Aviñón, donde murió poco después.

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Papisa Juana

Representación medieval de la papisa juana (como Juan VII).
La leyenda de la papisa Juana cuenta la historia de una mujer que usurpó el papado católico escondiendo su identidad sexual. El pontificado de la papisa se suele situar entre 855y 857, es decir, el que, según la lista oficial de papas, correspondió a Benedicto III, en el momento de la usurpación de Anastasio el Bibliotecario. Otras versiones afirman que el propio Benedicto III fue la mujer disfrazada y otras dicen que el período fue entre 872 y 882, es decir, el del papa Juan VIII.


En síntesis, los relatos sobre la papisa sostienen que Juana, nacida en 822 en Ingelheim am Rhein, cerca de Maguncia, era hija de un monje. Según algunos cronistas tardíos, su padre, Gerbert, formaba parte de los predicadores llegados del país de los anglos para difundir el Evangelio entre los sajones. La pequeña Juana creció inmersa en ese ambiente de religiosidad y erudición, y tuvo la oportunidad de poder estudiar, lo cual estaba vedado a las mujeres de la época. Puesto que sólo la carrera eclesiástica permitía continuar unos estudios sólidos, Juana entró en religión como copista bajo el nombre masculino de Johannes Anglicus (Juan el Inglés). Según Martín el Polaco, la suplantación de sexo se debió al deseo de la muchacha de seguir a un amante estudiante.
En su nueva situación, Juana pudo viajar con frecuencia de monasterio en monasterio y relacionarse con grandes personajes de la época. En primer lugar, visitó Constantinopla, en donde conoció a la anciana emperatriz Teodora. Pasó también por Atenas, para obtener algunas precisiones sobre la medicina del rabino Isaac Israeli. De regreso en Germania, se trasladó al Regnum Francorum (Reino de los francos), la corte del rey Carlos el Calvo.
Juana se trasladó a Roma en 848, y allí obtuvo un puesto docente. Siempre disimulando hábilmente su identidad, fue bien recibida en los medios eclesiásticos, en particular en la Curia. A causa de su reputación de erudita, fue presentada al papa León IV y enseguida se convirtió en su secretaria para los asuntos internacionales. En julio de 855, tras la muerte del papa, Juana se hizo elegir su sucesora con el nombre de Benedicto III o Juan VIII. Dos años después, la papisa, que disimulaba un embarazo, comenzó a sufrir las contracciones del parto en medio de una procesión y parió en público. Según Jean de Mailly, Juana fue lapidada por el gentío enfurecido. Según Martín el Polaco, murió a consecuencia del parto.
Siempre según la leyenda, la suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los papas electos. Un eclesiástico estaba encargado de examinar manualmente los atributos sexuales del nuevo pontífice a través de una silla perforada. Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar: Duos habet et bene pendentes (Tiene dos, y cuelgan bien). Además, las procesiones, para alejar los recuerdos dolorosos, evitaron en lo sucesivo pasar por la iglesia de San Clemente, lugar del parto, en el trayecto del Vaticano a Letrán.


LINKS

Los Enigmas
La Papisa Juana en La Enciclopedia Católica
La papesse Jeanne, mythe ou réalité ? en el sitio del Círculo zétético (en francés)
Texto completo del capítulo del Apocalipsis dedicado a la prostituta de Babilonia

Historia
La escandalosa Mazoria, Mujer escarlata de Roma


Mazoria, mujer escarlata de Roma.
Una de las mujeres más criticadas de la historia indudablemente que fue una bellísima romana cuyas costumbres espeluznaron a muchísimos. Mazoria se dio el lujo de mandar en una época en que las mujeres solo servíamos parar parir, coser y decir sí señor a los machos de la especie, y es por eso que algunos sectores feministas la recuerdan a pesar de que fue una genuina mujer escarlata para Roma.
Mazoria vino al mundo en el seno de una familia teofiláctica de Roma, siendo su padre un pomposo senador romano y su madre una dama de alto linaje cuyos instintos eran bastante bajos, ya que era vox pópuli que Theodora era la amante de turno del papa. Desde chica fue muy mimada, a pesar de no haber sido el esperado heredero varón. En una ocasión, a los 4 años, le propinó un puntapié a una criada que le había llevado agua demasiado caliente para su baño semanal.
La criada rodó escaleras abajos y murió desnucada llevando a un hijo de 5 meses en sus entrañas. Las constantes reyertas de Mazoria con su hermanastra-también llamada Theodora- eran también parte del hálito a escándalo que la rodeó desde muy niña. Mazoria en una ocasión amenazó a su hermanastra con un cuchillo colocado a la altura de la yugular cuando Theodora se negó a cederle una túnica de seda.
Mazoria desde chica vio el mal ejemplo de su madre y optó por ser tan suelta de las enaguas como su bella pero corrupta progenitora. Aunque Mazoria estaba destinada a estar casada en tres ocasiones, la mayor parte de su vida desenfrenada se dio al margen del tálamo nupcial. A los 15 años de edad, se vio seducida por el papa Sergio III, quien se volvió loco por ella. Ambos tiraron decoro y prudencia por la borda, y Mazoria acabó pariendo un hijo varón de sus amores con el pontífice.
A los 22 años de edad y con su bastardo de casi 7 años, Mazoria se matrimonió en el año 914 con Alberico de Toscana, llegando a parirle un hijo a quien llamaron Alberico jr. El marido de Mazoria vivía en estado perpetuo de celos por el alegre pasado de su mujer, sobre todo que no faltaba quien le recordara que tenía por esposa a las sobras del papa.
Alberico trató de controlar Roma pero falló aparatosamente cuando fue asesinado por nada menos que el papa Juan X, quien era el amante de la madre de Mazoria. Esta afrenta no la habría de perdonar así nomás Mazoria, quien era más venenosa y rencorosa que un alacrancito. Tras la muerte de su madre, Mazoria logró en el año 928 que echaran preso a Juan X y posteriormente se regodeó del gusto al lograr que lo mataran asfixiándole. Así vengaba la muerte de su marido y la afrenta que ella consideraba que le habían hecho.
Cuando Juan X fue asfixiado, el vacante trono papal fue ocupado por el primogénito de Mazoria, quien a estas alturas del campeonato ya tenía 20 años de edad. Este muchacho habido con el papa Sergio III tomó el nombre de Juan XI, y le tocó a él oficiar la misa de bodas de su hermosa madre cuando Mazoria se casó en segundas nupcias con Guido de Provenza.
Mazoria a estas alturas ya estaba corrompida absolutamente por su absoluto poder para deschincacar figuras políticas y eclesiásticas. El apetito sexual de la bella mujer no encontraba saciedad, y rezan las malas lenguas con la mía a la cabeza que cuando el pobre segundo marido de Mazoria murió, uno de los factores que le precipitaron la muerte fue el de agotamiento completo. A la muerte de Guido, Mazoria se casó en terceras nupcias con el hermanastro de su finado esposo, el rey Hugo de Provenza.
Al casarse en el año 932 con su ex cuñado, Mazoria creyó que tendría otro pelele con quien jugar. Estaba aún de luna de miel con su tercer marido cuando Alberico Jr., ahora de 18 años de edad, quiso tomarse la Ciudad Eterna. Tuvo tan mal resultado como su finado padre, y al verse en problemas, Hugo de Provenza desertó a Mazoria dejándola a que enfrentara a su suerte a como mejor pudiera. Cuenta la leyenda que Mazoria intentó seducir a unos monjes que llegaron a recriminarle sus malas acciones.
La mala suerte persiguió también al primogénito de Mazoria, quien aún estaba calentando la silla de San Pedro como Papa Juan XI. El muchacho fue colocado bajo arresto domiciliar, acusado de numerosos crímenes y depuesto. Habría de morir 4 años después de ser puesto bajo arresto.
Mazoria entonces fue arrestada por su segundo hijo Alberico jr. Mientras gritaba que era un mal hijo y trataba de arañarle los ojos a sus captores como gata panza arriba, Mazoria fue llevada al Castillo San Angel por órdenes de Alberico, donde ella habría de permanecer por casi 50 años. Mazoria nunca perdonó a su segundo hijo, a pesar de que su arresto era como estar en una jaula de oro donde tenía acceso a todas las buenas cosas de la vida, incluso pajecillos con los cuales se refocilaba entre sábanas de seda.
Cuando Mazoria llegó a los 60 años de edad, su hijo Alberico murió a los 40 años. Fue precisamente su nieto Octaviano quien estimó que una viejecita como ella no debía estar sufriendo tanto. Al llegar Octaviano al solio papal con el nombre de Papa Juan XII en el año 955, decidió que era hora de aliviarle el dolor a Mazoria.
Mazoria tuvo que aguantar un largo proceso de exorcismo en el cual su salud se deterioró profundamente. Era azotada por religiosos y sometida a extensos ayunos, que le deben haber sabido a diablos ya que era bastante glotona. Posteriormente, el guiñapo humano que quedó vivo tras el exorcismo fue restaurado a la religión al levantarle la condena de excomunión que pesaba sobre ella. Lo que quedaba de Mazoria ya era irreconocible, y fue ejecutada en el año 986 de la era cristiana, dejando tras de sí un hálito de leyenda negra y un tufo a corrupción pocas veces encontrados en la historia universal.

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